El dolor es la queja más habitual en cualquier consulta médica y, sin embargo, sigue siendo uno de los grandes déficits del sistema sanitario español. Para ponerle nombre, cifras y soluciones, la Sociedad Española del Dolor y la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor acaban de presentar el Libro Blanco del Dolor Agudo en España, un documento de referencia elaborado con visión multidisciplinar y de consenso que fue presentado esta semana en el Congreso de los Diputados. Entre los expertos que lo han hecho posible figura Juan Carlos Tornero, coordinador de la Unidad del Dolor y jefe de sección del Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor del Hospital Clínico Universitario de València.
El acto celebrado en la Cámara Baja reunió a profesionales sanitarios, representantes institucionales, organizaciones de pacientes y autores del documento, entre ellos el presidente de la Comisión de Sanidad, Agustín Santos. El escenario no era casual: la elección del Congreso de los Diputados subraya la voluntad de convertir el abordaje del dolor agudo en una prioridad política, no solo médica.
Y es que los datos obligan a tomárselo en serio. Entre el 30% y el 80% de los pacientes intervenidos quirúrgicamente experimentan dolor moderado o intenso 24 horas después de la operación. Una horquilla que, por su amplitud, ya dice mucho: según el hospital y el protocolo, la experiencia del paciente puede ser radicalmente distinta. Esa desigualdad es, precisamente, uno de los nudos que el libro blanco aspira a desatar.
"El Libro Blanco tiene como objetivo poner de relieve la importancia de un adecuado control del dolor agudo, una cuestión fundamental para la recuperación de los pacientes y para la calidad de la atención sanitaria" - Juan Carlos Tornero, coordinador de la Unidad del Dolor y jefe de sección del Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor del Hospital Clínico Universitario de València
Del alivio inmediato a la prevención del dolor crónico
El documento pone de manifiesto que el dolor agudo sigue siendo uno de los principales motivos de consulta en España y propone optimizar las rutas asistenciales, impulsar modelos multidisciplinares, reforzar la evaluación y el registro sistemático del dolor como indicador de calidad asistencial, y favorecer una implantación homogénea de buenas prácticas en el Sistema Nacional de Salud. En otras palabras: que no dependa del código postal del paciente si su dolor tras una operación será bien tratado o no.
La lógica detrás de todo esto es más poderosa de lo que parece a simple vista. Tratar bien el dolor agudo no es solo una cuestión de humanidad o de confort: es también economía sanitaria y prevención. Según explicó Tornero, "un buen tratamiento del dolor contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes, favorece una recuperación más rápida y segura tras intervenciones quirúrgicas o procesos agudos y reduce el impacto de la enfermedad tanto en el sistema sanitario como en la vida laboral y familiar de las personas afectadas".
El documento subraya que mejorar el abordaje del dolor agudo no solo tiene un impacto positivo en la recuperación y la calidad de vida de los pacientes, sino que también contribuiría a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. Para ello, se ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de un modelo integrado y coordinado que implique a la administración para garantizar que el dolor agudo esté controlado en todo el país con un coste mínimo.
Más de dos décadas tratando el dolor en València
La participación del Hospital Clínico Universitario de València en este proyecto no es anecdótica. El centro lleva más de veinte años trabajando en esta especialidad a través de su Unidad del Dolor Agudo, integrada en el Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor. Su misión cotidiana es la valoración, control y seguimiento de pacientes —especialmente en el periodo postoperatorio—, con el objetivo de minimizar el sufrimiento, acelerar la recuperación y mejorar los resultados clínicos.
Junto a ella convive la Unidad de Dolor Crónico, orientada a quienes padecen dolor durante más de seis meses, un umbral a partir del cual la condición pasa a considerarse crónica y requiere un abordaje muy diferente. Esta unidad dispone de una amplia cartera de técnicas intervencionistas: bloqueos, infiltraciones, técnicas discales, radiofrecuencia, epiduroscopia y neuromodulación.
El Hospital Clínico destaca además como centro de excelencia en terapia intratecal, un tratamiento de alta complejidad que administra fármacos directamente en el espacio que rodea la médula espinal para pacientes con dolores refractarios a otros tratamientos.
La presentación del Libro Blanco del Dolor Agudo en el Congreso de los Diputados marca un antes y un después en cómo España debate este problema. Que un documento sanitario aterrice en sede parlamentaria con el respaldo de sociedades científicas, pacientes e instituciones es una señal de madurez: el dolor ha dejado de ser algo que se soporta en silencio para convertirse en un indicador de calidad del sistema sanitario. Y hospitales como el Clínico de València, con décadas de experiencia acumulada, tienen mucho que aportar en esa conversación.


