¿Qué pasa cuando un niño o una adolescente propone algo que le preocupa de su barrio, de su colegio o de su centro de acogida? ¿Alguien lo escucha de verdad? Esta semana, en Manises, cientos de representantes de órganos locales y autonómicos se reunieron en el V Congreso Autonómico de Participación Infantil y Adolescente de la Comunitat Valenciana precisamente para responder a esa pregunta, y para afinar los mecanismos que convierten las voces de la infancia en decisiones concretas de las administraciones públicas.
Propuestas viables: la clave del diálogo entre niños e instituciones
La directora general de Familia, Infancia y Adolescencia y Reto Demográfico, Angélica Such, centró su intervención en el funcionamiento práctico de los consejos de participación infantil y adolescente y en el modo en que sus iniciativas llegan —o no— a las instituciones. El mensaje fue claro: la participación real exige honestidad. No basta con escuchar; también hay que explicar por qué determinadas propuestas pueden ejecutarse y por qué otras no.
"Es importante trasladar a los representantes de estos órganos qué propuestas se pueden hacer, en qué plazo aproximado y cuáles no se pueden llevar a cabo y por qué." - Angélica Such, directora general de Familia, Infancia y Adolescencia y Reto Demográfico de la Generalitat Valenciana
Such subrayó que uno de los requisitos fundamentales de cualquier propuesta es su viabilidad dentro del ámbito competencial de cada administración. Las administraciones locales tienen el mandato de promover la constitución de los consejos locales de infancia como órganos consultivos y de participación en todos aquellos asuntos que afecten a niños y niñas en el ámbito municipal. Pero que existan los canales no garantiza automáticamente que las ideas fluyan. De ahí la importancia de este tipo de encuentros, donde se debaten precisamente los límites y las posibilidades reales de esa interlocución.
De las palabras a los hechos: iniciativas que ya han dejado huella
La directora general no se quedó en lo abstracto. Recordó ejemplos concretos de propuestas surgidas de los propios consejos que han acabado materializándose en actuaciones reales. Uno de los más significativos es el decálogo dirigido a educadores del sistema de protección, un documento elaborado a partir de las aportaciones de niños, niñas y adolescentes que ya se ha distribuido en centros residenciales y entre los profesionales que trabajan con menores en situación de protección. No es un gesto simbólico: es un texto que llega a las manos de quienes trabajan a diario con la infancia más vulnerable.
Además, otras aportaciones formuladas por los consejos han sido incorporadas al proceso de elaboración del decreto de acogimiento, lo que demuestra que la participación infantil puede influir incluso en el desarrollo normativo. Algo que, hace apenas una década, hubiera parecido excepcional.
Una arquitectura de participación que sigue creciendo
La Comunitat Valenciana cuenta con una estructura de participación articulada en dos niveles. A escala autonómica, funcionan el Consejo de Infancia y Adolescencia de la Comunitat Valenciana y el Consejo Infantil y Adolescente del Sistema de Protección, ambos impulsados por la Generalitat para garantizar el derecho de niños, niñas y adolescentes a ser escuchados colectivamente en los asuntos que les conciernen. Desde estos órganos, las propuestas de los consejeros y consejeras de cada municipio que trascienden del ámbito local al autonómico pueden ser escuchadas y consideradas.
A escala local, la red es ya considerable: 100 consejos locales integrados en la Red CLIA (Consejos Locales de Infancia y Adolescencia), distribuidos en 98 municipios y dos mancomunidades de la Comunitat Valenciana. Esta red ha experimentado un crecimiento notable, con un aumento del 30% respecto a años anteriores. A través de esta estructura, se da voz a cerca de 1.700 niños, niñas y adolescentes que participan en las estructuras de los consejos de infancia municipales de la Comunitat Valenciana.
Unicef y el tercer sector, aliados imprescindibles
Durante el congreso, Such también destacó el papel de Unicef en la defensa y promoción de los derechos de la infancia, y remarcó que la colaboración entre la Administración autonómica y las entidades del tercer sector resulta esencial para diseñar y aplicar políticas dirigidas a niños y adolescentes. Una alianza que no es nueva, pero que en un contexto de creciente demanda de participación efectiva cobra más relevancia que nunca.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma que impulsó la celebración de este congreso: ¿cómo se construye una participación que no sea solo testimonial? La respuesta, según se planteó en Manises, pasa por la transparencia, la viabilidad y la confianza mutua entre las instituciones y quienes, todavía sin derecho a voto, tienen mucho que decir sobre el mundo en el que crecen.

