La Generalitat inyecta 450.000 euros para derribar las últimas ruinas de la Cantereria de Ontinyent y construir vivienda pública en su lugar

El Consell aprueba un nuevo convenio para demoler seis viviendas abandonadas en la zona afectada por la dana de 2019 y la borrasca Glòria de 2020.

 - Actualizado a 30/10/2026 14:22

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Cantereria de Ontinyent
Cantereria de Ontinyent
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Hay barrios que el agua se empeña en recordar. La Cantereria de Ontinyent es uno de ellos. La Generalitat Valenciana destinará 450.000 euros a demoler seis viviendas en ruinas y a comprar los terrenos donde se levantarán pisos de titularidad pública, según el convenio de colaboración aprobado esta semana por el Pleno del Consell a propuesta de la Vicepresidencia Primera y Conselleria de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad. El acuerdo, suscrito con el Ayuntamiento de Ontinyent, supone un nuevo capítulo en la transformación de un rincón de la ciudad que lleva años intentando recuperarse de dos temporales devastadores.

Un barrio marcado por el agua

La historia de la Cantereria con las inundaciones no es nueva, pero el punto de inflexión llegó con la dana de septiembre de 2019. Aquella tromba, con una acumulación de más de 400 litros por metro cuadrado, obligó a rescatar a cuarenta vecinos y a evacuar a más de 150 personas del barrio. Cuatro meses después, la borrasca Glòria agravó la vulnerabilidad de la zona, que se volvió a evacuar por precaución. El resultado fue un conjunto de viviendas abandonadas, selladas, convertidas en cicatrices visibles a orillas del río Clariano.

Las familias que vivían allí no pudieron volver. La mayoría se encontraba en situación de vulnerabilidad económica y social, lo que convertía el problema de la vivienda en algo más que un asunto urbanístico: era, ante todo, una urgencia humana. Las administraciones lo entendieron así y comenzaron a actuar.

Seis inmuebles y un compromiso de futuro

El nuevo convenio aprobado por el Consell permitirá al Ayuntamiento de Ontinyent adquirir y derribar seis viviendas situadas entre los números 115 y 125 de la calle Cantereria, todas ellas abandonadas por estar en estado ruinoso tras los efectos combinados de ambas catástrofes climáticas. A estas actuaciones se suma también la demolición de un inmueble ya adquirido por el consistorio en la avenida de Valencia 4a.

¿Y qué queda después del derribo? Esa es la parte más interesante. El Ayuntamiento de Ontinyent apuesta por una solución valiente: adquirir las viviendas afectadas, derrumbarlas y crear un espacio preparado para la contención de aguas en caso de crecidas del río Clariano. En los terrenos liberados, el consistorio se compromete a promover la construcción de un edificio de vivienda pública y a ampliar el parque inundable en el margen izquierdo del río. Es decir, devolver al río lo que siempre fue del río, y ofrecer a los ciudadanos lo que nunca debieron perder: un hogar seguro.

Más de 2,5 millones de euros invertidos desde 2021

Este convenio no surge de la nada. La Generalitat y el Ayuntamiento de Ontinyent consolidan así una colaboración en materia de regeneración urbana que se viene desarrollando desde 2021, con una inversión que supera los dos millones y medio de euros a través de sucesivos convenios. El recorrido económico es elocuente: 600.000 euros en 2021, otros 600.000 en 2022, 800.000 en 2023 y 508.900 euros en 2024 para finalizar las obras de urbanización del entorno afectado. La nueva aportación de 450.000 euros en 2026 suma un último empuje a un proceso que ha requerido años de esfuerzo institucional y vecinal.

La transformación de la Cantereria ha trascendido las fronteras valencianas. El proyecto, conocido también como Parque Inundable de la Cantereria o de Las Mamás Belgas, ha sido presentado ante autoridades y expertos europeos como una actuación referente en la gestión del riesgo y la protección de las personas ante fenómenos meteorológicos extremos. El alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez, lo ha descrito como "una intervención medioambiental y urbanística pionera para proteger la ciudad frente al cambio climático y las crecidas del río Clariano".

En un contexto en el que los episodios de lluvia extrema son cada vez más frecuentes en el Mediterráneo, lo que ocurre en Ontinyent tiene mucho de laboratorio urbano. Derribar para proteger. Construir para incluir. Un barrio que el agua dejó en silencio está aprendiendo, ladrillo a ladrillo y convenio a convenio, a hablar otro idioma: el de la resiliencia.