Hay sectores que sostienen una identidad, un modo de vida y toda una economía local sobre la cubierta de un barco. La pesca en la Comunitat Valenciana es uno de ellos. Y este año, por primera vez en mucho tiempo, llega con más dinero en el bolsillo y con una voz más alta en Bruselas. La Generalitat ha elevado hasta los 32,7 millones de euros los recursos destinados al sector pesquero valenciano en 2026, lo que supone un incremento del 47% respecto al ejercicio anterior. Una cifra que no solo habla de presupuesto: habla de una apuesta política en un momento en que el Mediterráneo se ha convertido en el epicentro de una de las disputas más tensas entre la pesca artesanal española y la regulación europea.
Un presupuesto que se desglosa en cuatro líneas concretas
El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, ha presentado estas cifras durante la clausura de la jornada 'Presente y futuro de la pesca valenciana', celebrada en la Cofradía de Pescadores de Peñíscola. El foro, organizado con profesionales del sector, ha servido de escenario para detallar en qué se va a gastar exactamente ese dinero.
La partida más voluminosa, 15,5 millones de euros, irá destinada a transformación y comercialización del pescado, lo que representa un aumento de casi el 60% frente al año anterior. No es un dato menor: que el pescado que sale de las lonjas valencianas gane valor en el mercado —y no solo en volumen— es precisamente uno de los grandes retos del sector. A eso se suman 8,7 millones para paradas biológicas, una medida de gestión pesquera que implica interrumpir temporalmente la actividad para permitir la recuperación de los caladeros. Y, quizás la señal más llamativa, 5 millones de euros para los Grupos de Acción Local del Sector Pesquero (GALP), una partida que crece un 150% y que canaliza inversión directa hacia las comunidades costeras. Por último, 1,25 millones de euros llegarán en forma de ayudas directas a las cofradías de pescadores.
Estas ayudas alcanzan a cofradías y federaciones de las tres provincias valencianas. En Castellón, los beneficiarios incluyen puertos como Vinaròs, Benicarló, Burriana, Castelló de la Plana y la propia Peñíscola, sede del evento.
El muro de Bruselas: regular igual lo que no es igual
Pero el dinero solo resuelve parte del problema. La otra parte tiene nombre y sede: la Unión Europea. De los 230 días de pesca de los que disponía la flota mediterránea en 2019, se ha pasado a una media de apenas 130 días en 2026, según datos del sector. Una sangría de actividad que ha arrastrado consigo empleos, relevos generacionales y la viabilidad de muchas pequeñas empresas familiares. El plan de gestión europeo para el Mediterráneo occidental está acabando poco a poco con la flota de arrastre mediterránea debido a las restricciones de días de trabajo y zonas de pesca que impone, sin que se haya evaluado el impacto socioeconómico de las medidas ya adoptadas.
Ahí reside el núcleo del problema que Barrachina lleva meses denunciando en Bruselas: las normas pesqueras europeas aplican los mismos criterios a mares con realidades muy distintas. Las organizaciones pesqueras consideran inadecuado que la asignación de días de pesca dependa del estado de una sola especie cuando se trata de una pesquería mixta, donde en una misma jornada se capturan múltiples variedades. Es decir, que limitar la actividad por el estado de la merluza puede hundir la pesca de la gamba roja, el salmonete o la sepia en esa misma jornada.
"No se puede regular nuestro mar bajo los mismos criterios que se aplican al Atlántico o al Mar del Norte. Nuestras aguas son distintas, nuestra pesca es artesanal y nuestras normas tienen que adaptarse a nuestra realidad" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
La ofensiva mediterránea en Bruselas
El pasado 3 de septiembre, las comunidades autónomas del litoral mediterráneo español se reunieron en Bruselas con el comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, para llevar esas reivindicaciones directamente a quien tiene capacidad de escucharlas. No fue un encuentro simbólico: sobre la mesa se plantearon demandas muy concretas.
Entre ellas, el reconocimiento jurídico de la flota costera-litoral, un tipo de embarcación que actualmente no encaja bien en ninguna de las categorías que maneja la normativa comunitaria. También se exigió simplificar los controles administrativos que pesan sobre unos armadores que, en muchos casos, son el patrón, el contable y el gestor a la vez. Y, sobre todo, se reclamó que las decisiones sobre restricciones de días de pesca o cuotas de captura incorporen de forma explícita su impacto social y económico, no solo el biológico. Las comunidades mediterráneas también plantearon revisar el sistema de esfuerzo pesquero y evitar la doble limitación de jornadas y capturas, un mecanismo que el sector considera kafkiano: primero te limitan los días que puedes salir al mar, y luego también lo que puedes traer cuando sales.
El sector no pide rebajar la sostenibilidad ambiental, sino equilibrarla con la viabilidad socioeconómica. Es una distinción importante que a menudo se pierde en el debate público: los pescadores no están en contra de cuidar el mar, sino de que las reglas para hacerlo no tengan en cuenta que de ese mar viven familias enteras desde hace generaciones.
"Más recursos aquí y más voz en Bruselas. Ese es nuestro compromiso con quienes viven del mar y con unas empresas familiares que necesitan rentabilidad, relevo generacional y unas normas adaptadas a la realidad de la pesca mediterránea" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
El reto no es pequeño. En los caladeros mediterráneos faenan un total de 3.400 barcos de la UE, y lo que se decida en Bruselas afecta a todos ellos. La Comunitat Valenciana ha optado por combinar el músculo presupuestario con la presión diplomática, consciente de que ninguna de las dos herramientas funciona bien por separado. Si los 32,7 millones logran modernizar el sector y las gestiones ante la UE consiguen doblar la rigidez de una normativa diseñada para otros mares, los pescadores valencianos podrán pensar, por fin, en quién les relevará al timón.


