La Biblioteca Valenciana rescata cinco siglos de astronomía para preparar la mirada al eclipse solar

La entidad publica una guía gratuita sobre astrología y astronomía coincidiendo con el eclipse total del 12 de agosto

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Quedan pocos días para que Valencia se convierta en uno de los mejores lugares del mundo para observar un eclipse solar total, un fenómeno que no se repetirá en la Comunitat Valenciana hasta el año 2180. La Luna cubrirá por completo el Sol el próximo 12 de agosto, dejando la ciudad en penumbra durante aproximadamente un minuto, entre las 20:32 y las 20:33 horas.

Será, según los astrónomos, el eclipse más espectacular del siglo XXI en Europa. Y la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu ha decidido que la mejor manera de vivir ese momento es entender de dónde venimos: acaba de publicar la guía de recursos Astrología-Astronomía, una publicación gratuita que traza un recorrido por siglos de observación celeste a través de los fondos conservados por la institución.

Un viaje desde los manuscritos medievales hasta la supernova de 1572

La guía no es un simple catálogo. Es, en cierto modo, una historia de cómo los valencianos han mirado al cielo. Reúne impresos antiguos, manuscritos ilustrados, fotografías, tratados científicos, calendarios, lunarios y documentos que muestran cómo distintos eclipses sacudieron la vida cotidiana de épocas pasadas. Pero uno de sus ejes más potentes es la contribución de científicos valencianos al desarrollo de la astronomía moderna, una tradición que resulta sorprendentemente rica.

El primero en aparecer es Jerónimo Muñoz, matemático y astrónomo renacentista cuyas observaciones de la supernova de 1572 —aquella estrella que de repente brilló con una intensidad inusitada en el cielo nocturno— contribuyeron a cuestionar siglos de certeza aristotélica sobre la inmutabilidad de los cielos. En un mundo en el que se daba por sentado que el cosmos era perfecto e inalterable, Muñoz se atrevió a medir lo que nadie quería ver.

La guía también rescata la figura del padre Tomás Vicente Tosca, uno de los grandes impulsores de la ciencia moderna en España a caballo entre los siglos XVII y XVIII. Tosca formó parte de los llamados novatores, un grupo de pensadores que, frente al peso de la escolástica, se empeñaron en introducir los conocimientos científicos más avanzados de su tiempo en un país que miraba con recelo cualquier novedad intelectual.

Y junto a él aparece Jorge Juan y Santacilia, marino, astrónomo e ingeniero que participó en la expedición que confirmó definitivamente el achatamiento de la Tierra por los polos. Tres valencianos, tres momentos distintos, una misma voluntad de entender el universo.

Relojes de sol, manuscritos y la portada que lo dice todo

Entre las piezas reproducidas en la guía destaca un manuscrito ilustrado de 1774, realizado por un aficionado a la uranología —el estudio de los cielos—, que contiene una representación del sistema solar copernicano. Su imagen sirve de portada a la publicación, y no es una elección casual: resume perfectamente la tensión entre el saber popular y el conocimiento científico que recorre toda la guía.

También tienen su espacio los relojes de sol, instrumentos que durante siglos fueron la única manera de medir el tiempo con precisión. La guía incluye obras dedicadas a su fabricación, como el Libro de relojes solares, de Pedro Roiz, impreso en València en 1575, o el Tratado de la gnómica del padre Tosca.

Lejos de ser objetos de museo, estos instrumentos conectan con una tradición viva. La localidad de Otos, en la Vall d'Albaida, conserva más de una treintena de relojes de sol distribuidos por su casco urbano, fruto de una ruta turístico-cultural creada por el escritor y físico Joan Olivares y el pintor Rafa Amorós.

El itinerario integra divulgación científica, patrimonio histórico y creación artística contemporánea, con piezas firmadas por autores como Andreu Alfaro, Antoni Miró, Arcadi Blaco, Artur Heras o Manolo Boix. Una pequeña localidad que se ha convertido, sin hacer demasiado ruido, en un museo al aire libre dedicado a la medición del tiempo.

Cuando un eclipse paraba las rotativas

Quizá el apartado más evocador de la guía sea el dedicado a la huella que los eclipses han dejado en la sociedad valenciana a lo largo de la historia. Los de 1860, 1900 y 1905 generaron una agitación social comparable, salvando las distancias, a la que hoy produce el anuncio de un evento extraordinario. Las recomendaciones para observarlos con seguridad, los artículos de prensa, las instrucciones divulgativas: todo ello aparece documentado.

Un ejemplo especialmente llamativo es el del eclipse del 19 de julio de 1860. El periódico valenciano La Opinión distribuyó entre sus suscriptores una lámina con una vista del castillo de Murviedro durante la oscuridad del fenómeno. En una época sin fotografía instantánea ni redes sociales, esa estampa era el equivalente a compartir una imagen en tiempo real: la prensa convertía el acontecimiento astronómico en un hecho colectivo.

No deja de ser significativo que aquellos eclipses de 1900 y 1905 precedieran al largo silencio de más de un siglo que ahora llega a su fin. En la Comunitat Valenciana, el último eclipse solar total se produjo en 1905, y el siguiente no llegará hasta el año 2180. El del 12 de agosto, en otras palabras, es una oportunidad irrepetible para la generación actual.

Una guía para investigadores, estudiantes y curiosos

La guía Astrología-Astronomía puede consultarse de forma completamente gratuita en el apartado de guías de recursos bibliográficos y documentales de la página web de la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu.

Está pensada tanto para investigadores y estudiantes como para cualquier ciudadano que, ante la inminencia del eclipse, sienta curiosidad por entender qué han visto —y qué han sentido— quienes antes que nosotros alzaron la vista al cielo en el mismo momento en que la Luna se interponía entre la Tierra y el Sol.

El eclipse del 12 de agosto será el más espectacular del siglo XXI en Europa , y Valencia uno de sus epicentros. Pero más allá del espectáculo puntual, la guía recuerda que la fascinación humana por los fenómenos celestes tiene siglos de profundidad, y que la Comunitat Valenciana ha aportado al conocimiento astronómico mucho más de lo que suele recordarse.

Antes de ponerse las gafas homologadas el 12 de agosto, quizá merezca la pena abrir ese documento y descubrir que, en cierto modo, no seremos los primeros en quedarnos sin palabras.

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