Con la llegada de la primavera, aumentan las horas de luz, las temperaturas y la exposición a alérgenos como el polen. Estos factores pueden convertirse en un detonante para quienes padecen piel sensible, dermatitis atópica o dermatitis de contacto. En España, la Sociedad Española de Alergología (SEAIC) estima que uno de cada cinco españoles sufre trastornos alérgicos intensificados en primavera, lo que tiene un impacto directo sobre la piel al aumentar el riesgo de irritación y brotes eczematosos.
Piel sensible
Este cambio de estación supone un reto especial para quienes tienen la piel reactiva. Según advierte el doctor Vicent Alonso, dermatólogo y director de la unidad de Dermatología y Cirugía Plástica del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, “la combinación de mayor radiación ultravioleta, contacto con polen, cambios bruscos de temperatura y el aumento de actividades al aire libre provoca un incremento de irritaciones, rojeces, picor e incluso brotes inflamatorios”. Para el profesional, “la mayor exposición al sol y a irritantes como el polen convierte la primavera en un viacrucis de rojeces y picor para las pieles sensibles”.
Estos factores ambientales pueden agravar condiciones como rosácea, dermatitis atópica o dermatitis de contacto, especialmente en pacientes cuya barrera cutánea ya está debilitada.
El Dr. Vicent Alonso afirma que “en primavera vemos un aumento claro de consultas por irritaciones, brotes y empeoramiento de patologías inflamatorias. Es una época en la que la piel necesita más protección, más hidratación y más vigilancia.” “La población, -subraya el especialista-, suele infravalorar la fuerza del sol primaveral: aunque no recibimos las temperaturas del verano, la radiación UV puede desencadenar inflamación, manchas y descompensación en pieles delicadas. Además, el polen es un irritante habitual que afecta no solo a vías respiratorias, sino también a pieles vulnerables”.
De hecho, el Registro Español de Investigación en Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea (REIDAC) documenta, que, en sus últimos cuatro años de vigilancia epidemiológica, las tendencias al alza en sensibilizaciones a alérgenos como níquel, metilisotiazolinona o fragancias, agentes que pueden verse reforzados por la exposición en meses primaverales
Recomendaciones
Es importante, según el doctor Alonso, “reforzar la barrera cutánea con hidratantes adecuados. Usar cremas emolientes que reparen la barrera cutánea, mejor si contienen ingredientes calmantes como ceramidas o avena coloidal. Además, utilizar protector solar todos los días, evitar la exposición directa en horas punta. Incluso con cielos nublados, la radiación UV está presente. Evitar el falso mito de que “en primavera no quema” es fundamental”.
También, se debe evitar el contacto excesivo con polen y alérgenos. Cambiar de ropa al llegar a casa, ventilar en horas de baja concentración polínica y utilizar gafas de sol puede ayudar a reducir el contacto irritante. “Hay que reducir productos, evitar perfumes y optar por fórmulas hipoalergénicas y no olvidar que las dermatosis inflamatorias pueden requerir tratamientos específicos para evitar complicaciones o sobreinfecciones”, comenta el profesional.
El Dr. Alonso concluye que “no se trata de esconderse del sol o evitar salir a la calle; se trata de entender que la piel sensible necesita un plan de cuidados adaptado a la estación. Escuchar a nuestra piel es clave”.


