¿Puede el teatro ser, en sí mismo, un fraude? La pregunta no es retórica. Es, precisamente, el punto de partida de 'Disección de la bondad en tres actos', la nueva propuesta de Titzina Teatro que el Teatro Rialto de València programa los días 7 y 8 de noviembre. Una comedia que disecciona —con bisturí y con humor— los mecanismos del engaño, la verdad y la naturaleza humana.
Tres retratos del fraude cotidiano
La obra está construida como una farsa en tres actos independientes, aunque conectados por un hilo invisible: la capacidad del ser humano para mentir, adaptarse y sobrevivir. Los tres casos que se escenifican no son historias de grandes villanos ni de conspiraciones internacionales. Son retratos de lo cotidiano llevado al extremo. Un mago y su asistente que cobran la pensión de una madre muerta. Un agricultor que remodela su memoria para hacerse con una indemnización millonaria. Un estafador encantador que saquea a quienes más lo quieren. Personajes reconocibles, casi vecinos de rellano, cuya lógica interna resulta tan inquietante como comprensible.
La propuesta no nació de la improvisación. Detrás hay un largo proceso de investigación y documentación en el que sus creadores consultaron a peritos, aseguradoras, detectives, estafadores y víctimas de fraude. El resultado no es un juicio moral sobre el engaño, sino una radiografía de sus motivaciones, sus estrategias y su psicología.
El ilusionismo es una herramienta central del montaje. Los personajes inducen al público a una experiencia engañosa sobre la propia naturaleza de la verdad, difuminando la frontera entre lo que se ve y lo que es real. Una apuesta formal que encaja perfectamente con la idea de fondo: el teatro como pacto de ficción, como mentira consentida.
"No existía inicialmente la intención deliberada de escribir un texto que provocara el engaño sobre el lector de la obra escrita o el público de la obra escénica, pero en cierta medida la convención teatral puede entenderse como un fraude consensuado entre el actor y el público" - Diego Lorca, creador y codirector de Titzina Teatro
Veinticinco años construyendo un teatro de lo humano
Diego Lorca y Pako Merino se conocieron en 1999 en la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq de París y, después de trabajar en varias compañías internacionales, fundaron Titzina en Cerdanyola del Vallès en agosto de 2001. Desde entonces, los dos actores, directores y dramaturgos han construido un proyecto de identidad inconfundible.
La compañía apostó desde sus inicios por un estilo vivo y creativo capaz de sobrepasar las fronteras de la lengua, con un teatro poético y abierto a todos los públicos, donde se impulsa la fusión de disciplinas como el teatro, la danza y la música, usando el clown, la commedia dell'arte, los bufones y el melodrama como motor de creación. Con los años, ese lenguaje propio se fue afinando hasta convertirse en una seña reconocible del teatro contemporáneo español.
La compañía estrenó con gran éxito su ópera prima, 'Folie à Deux / Sueños de psiquiátrico', un proyecto que abordaba un tema tan desconocido y universal como la locura. Aquella obra dio lugar a una película homónima que se estrenó en 2007, dirigida por Marc Lozano, con guion e interpretación de los propios Merino y Lorca. Un salto al cine que habla de la proyección que puede alcanzar un trabajo teatral cuando toca algo verdadero.
En 2020, con 'La zanja', Diego Lorca y Pako Merino fueron nominados a mejor texto de autor en los XXVIII Premios Teatro de Rojas. Esa obra combinaba crónica social, humor negro y toques de realismo mágico en una estructura compleja y fluida con ritmo de malabaristas. Una trayectoria que, con 'Disección de la bondad en tres actos', suma un nuevo capítulo a sus ya veinticinco años sobre los escenarios.
El Rialto, escenario para la duda
El Teatro Rialto, uno de los espacios de referencia de la programación del Institut Valencià de Cultura en la capital valenciana, acogerá esta propuesta los días 7 y 8 de noviembre. Las entradas están disponibles en la taquilla del propio teatro y en la página web del IVC. Dos únicas funciones para una obra que, en el fondo, lanza una pregunta incómoda: si todos mentimos un poco para sobrevivir, ¿dónde termina la adaptación y empieza el fraude? Titzina Teatro no ofrece respuestas. Ofrece algo mejor: la incomodidad de tener que buscarlas.


