Diez familias, diez decisiones que cambian una vida. Eso es lo que esconde la cifra que ha hecho saltar las alarmas —en el buen sentido— en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia: en los primeros seis meses de 2026, el centro ha realizado diez trasplantes renales de donante vivo, una marca que no solo supera toda la actividad registrada durante el año 2024, sino que pone en el punto de mira el récord histórico del propio hospital.
Una tendencia que acelera año tras año
Para entender la magnitud del dato, conviene situarlo en perspectiva. En 2024, La Fe contabilizó siete donaciones renales en vida a lo largo de todo el año. En 2025, el hospital alcanzó su techo histórico con 15 donaciones de riñón de donante vivo adulto, más una en edad menor. Ahora, con apenas la mitad del año transcurrida, ya lleva diez. Si el ritmo se mantiene, el récord podría quedar obsoleto antes de que acabe diciembre.
¿Qué está pasando? La coordinadora de trasplantes del centro, Ana Tur, apunta a una razón clara: la mejora integral del proceso.
"Detrás de este incremento de las donaciones renales en vida está la optimización de todo el proceso: el trasplante de donante vivo permite programar la cirugía en el momento en que tanto donante como receptor se encuentran en mejor estado de salud, lo que permite incluso evitar la entrada en diálisis" - Ana Tur, coordinadora de trasplantes del Hospital Universitari i Politècnic La Fe
Evitar la diálisis no es un detalle menor. Para un paciente con insuficiencia renal crónica, someterse a ese tratamiento puede significar acudir al hospital tres veces por semana durante horas. Programar un trasplante antes de llegar a ese punto transforma por completo la experiencia del paciente, tanto clínica como emocionalmente.
Por qué el riñón de un familiar funciona mejor
Más allá de la planificación quirúrgica, hay ventajas biológicas que hacen del trasplante de donante vivo la opción más valorada por la comunidad médica. Al realizarse la extracción y el implante de forma casi simultánea, el órgano pasa mucho menos tiempo fuera del cuerpo humano, lo que reduce el daño isquémico —el deterioro que sufre el tejido por falta de riego sanguíneo— y aumenta las probabilidades de que el riñón empiece a funcionar de inmediato.
Cuando, además, donante y receptor comparten vínculos genéticos, las ventajas se multiplican. Así lo explica Pablo Molina, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital La Fe:
"Junto a este menor riesgo de isquemia, cuando además existe relación genética entre donante y receptor, la mayor similitud inmunológica minimiza el riesgo de rechazo" - Pablo Molina, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Universitari i Politècnic La Fe
El propio doctor Molina subraya que "el trasplante renal de donante vivo constituye la opción terapéutica que proporciona los mejores resultados en supervivencia del injerto, supervivencia del paciente y calidad de vida". No es retórica médica: los datos históricos del sistema español, gestionados por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), lo respaldan. En 2025, España realizó 6.335 trasplantes de órganos en total, con 408 personas que donaron en vida, principalmente mediante donación renal.
¿Quién dona un riñón en vida?
Los registros de la ONT dibujan un perfil de donante sorprendentemente homogéneo, y en La Fe no es diferente: alrededor del 64% son mujeres, y la edad media ronda los 52 años. En cuanto al vínculo con el receptor, predominan las parejas sentimentales y los familiares de primer grado —hermanos, padres, hijos—. Son personas que, ante el diagnóstico de un ser querido, dan un paso al frente que muy pocos se plantean siquiera.
Existe, no obstante, una figura que resulta especialmente llamativa: la del llamado 'buen samaritano', un donante sin ningún vínculo familiar ni afectivo con el receptor. En estos casos, la ley española exige que la persona acredite ante un juez que su decisión responde a una motivación puramente altruista. Un requisito que, lejos de ser un obstáculo burocrático, actúa como salvaguarda ética de todo el sistema.
Bisturí robot y cirugía mínimamente invasiva
Si hay algo que ha transformado radicalmente la experiencia del donante en los últimos años es la técnica quirúrgica. La Fe emplea de forma estándar la laparoscopia para la extracción del riñón y está incorporando además el robot Da Vinci, una tecnología de cirugía asistida que ya cuenta con presencia creciente en los principales centros de trasplante españoles. Mejorar la recuperación de donantes y receptores es una de las principales aportaciones de la cirugía robótica, y cada vez más centros incorporan esta técnica.
Ambos sistemas han sustituido a la tradicional herida lumbar —larga, dolorosa y con semanas de baja— por incisiones mínimas que acortan la hospitalización y permiten una recuperación mucho más rápida. La persona donante puede retomar su vida cotidiana en un plazo considerablemente menor que con los métodos convencionales, y con el único compromiso de realizarse controles médicos periódicos para vigilar su función renal de por vida.
A ello se suma una protección laboral que no existía hace apenas dos años: desde marzo de 2025, los donantes de riñón en vida se acogen a un régimen especial de incapacidad temporal que cubre su situación durante todo el proceso de donación y recuperación. Un respaldo que elimina uno de los frenos más reales que muchas personas tenían a la hora de plantearse este tipo de gesto. Diez personas lo han dado ya en La Fe este primer semestre de 2026. Y el año aún no ha terminado.

