Poco más de un mes después de que Maria Àngels Francés tomara posesión como presidenta de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), el vicepresidente segundo y conseller de Presidencia de la Generalitat Valenciana, José Díez, ha celebrado con ella su primer encuentro institucional. Una reunión que, más allá del protocolo, pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿cómo garantizar que el valenciano no quede fuera de la revolución tecnológica que ya está transformando la comunicación y el conocimiento?
Una primera cita cargada de simbolismo
El encuentro es el primero que ambas instituciones celebran desde que Francés asumiera el cargo el pasado 3 de septiembre. Catedrática de literatura contemporánea en la Universidad de Alicante, licenciada y doctora en Filología Catalana y también en Filología Inglesa , Francés se convirtió en la tercera mujer en presidir la AVL, tras Ascensió Figueres y Verònica Cantó, a quien releva. Su elección fue respaldada por unanimidad en el pleno de la institución.
Díez aprovechó el encuentro para subrayar el valor estratégico de la Academia dentro del entramado autonómico valenciano. En su intervención, destacó que la AVL es una pieza clave de la arquitectura institucional del autogobierno y transmitió la voluntad del Consell de avanzar de manera coordinada en la protección y promoción del valenciano como parte esencial del patrimonio cultural del territorio.
Normalización sin trincheras
Uno de los aspectos más llamativos del encuentro fue el tono empleado por el conseller al referirse a cómo debe promoverse el uso social de la lengua. En un ámbito donde históricamente el valenciano ha sido objeto de debate político y social, Díez apostó por un enfoque que huya de la confrontación.
"Una normalización flexible y marcada al mismo tiempo por el diálogo y el rigor académico, para que todos los valenciano-hablantes se sientan representados y protegidos" - José Díez, vicepresidente segundo y conseller de Presidencia de la Generalitat Valenciana
La idea no es nueva, pero sí significativa viniendo del brazo ejecutivo del Consell. Desde su elección, Francés ya había marcado como prioridades de la AVL la normativización y la normalización, considerando que velar por el uso normal del valenciano y elaborar su normativa son "los pilares sobre los que se edifica la AVL". La sintonía entre ambos es, al menos sobre el papel, evidente.
El valenciano ante el reto digital
Quizá el punto más revelador de la reunión fue el dedicado a los nuevos entornos tecnológicos. Ambas partes coincidieron en la necesidad urgente de desarrollar recursos lingüísticos propios que garanticen la presencia del valenciano en el ecosistema digital, con especial atención a las herramientas de inteligencia artificial. No es un detalle menor: las grandes plataformas de IA trabajan principalmente con idiomas mayoritarios, lo que deja a las lenguas minorizadas en una posición de desventaja estructural si no se actúa a tiempo.
Francés ya había situado entre las prioridades de su etapa al frente de la institución la adaptación del valenciano a los nuevos entornos tecnológicos y al auge de la inteligencia artificial. La presidenta ha subrayado que ninguno de estos retos puede afrontarse en solitario y ha apostado por la colaboración horizontal con otras instituciones con las que se comparten objetivos.
En este marco, Díez valoró positivamente el ofrecimiento de la AVL para contribuir con asesoramiento lingüístico especializado, criterios académicos consolidados y recursos técnicos propios, todo ello orientado a garantizar que el valenciano tenga una presencia activa en las tecnologías que moldearán la comunicación del futuro.
Más allá del despacho
La pregunta que subyace a este tipo de reuniones es siempre la misma: ¿qué ocurre cuando los acuerdos de principio se trasladan a la vida real, a las aulas, a las aplicaciones del móvil, a los asistentes de voz? La normalización de una lengua no se gana en los despachos, sino en los hábitos cotidianos de sus hablantes. Por eso, el énfasis compartido en la proximidad de la lengua con la ciudadanía resulta tan relevante como el propio encuentro institucional. Si la AVL y el Consell logran articular una estrategia coherente que conecte el rigor académico con las necesidades reales de quienes usan el valenciano cada día, habrán dado un paso que va mucho más allá de un primer contacto protocolario.

