El Consell de la Comunitat Valenciana apuesta por la rehabilitación del daño cerebral adquirido con un centro modelo que atrae la mirada de Europa y Latinoamérica

El president Pérez Llorca visita el centro de día del IVASS en Ruzafa, referente internacional en atención a personas con daño cerebral adquirido.

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Juanfran Pérez Llorca en el centro de día de daño cerebral
Juanfran Pérez Llorca en el centro de día de daño cerebral
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Un ictus. Un accidente de tráfico. Un tumor cerebral. Basta un instante para que la vida de una persona cambie de forma radical e irreversible. En España, más de 435.400 personas conviven con las secuelas de un daño cerebral adquirido , una cifra que no deja de crecer y que, sin embargo, sigue siendo una de las realidades más invisibles del sistema de atención social. En ese contexto, la Generalitat Valenciana ha dado un paso que va más allá del discurso: el president Juanfran Pérez Llorca visitó esta semana el centro de día de daño cerebral adquirido del Instituto Valenciano de Servicios Sociales (IVASS), ubicado en el barrio de Ruzafa, en València, para conocer de primera mano un modelo de atención que ya despierta interés fuera de las fronteras españolas.

Un centro pensado para devolver autonomía

El edificio, rehabilitado íntegramente por la Generalitat con una inversión superior a los 2,3 millones de euros, no es solo una reforma arquitectónica. Es el símbolo de un cambio de enfoque. Las antiguas instalaciones, ubicadas en un bajo del barrio de Torrefiel, han dado paso a un espacio amplio, accesible y diseñado específicamente para que los programas terapéuticos y de rehabilitación puedan desarrollarse en condiciones óptimas. Un detalle que puede parecer menor, pero que para alguien que llega al centro con movilidad reducida o dificultades cognitivas marca una diferencia enorme en su día a día.

El centro dispone de 30 plazas y atiende a personas que han sufrido una lesión cerebral sobrevenida. Sus causas son tan diversas como demoledoras: el ictus es el origen del daño cerebral adquirido en el 78% de los casos, seguido de los traumatismos craneoencefálicos y enfermedades como las anoxias o los tumores cerebrales. Y los datos no invitan al optimismo: el 44% de las personas que sobreviven a un ictus desarrollan una discapacidad grave como consecuencia del daño resultante.

"La atención a las personas con daño cerebral requiere recursos específicos que ofrezcan una respuesta integral, personalizada y adaptada a las necesidades de cada persona, con el objetivo de favorecer su rehabilitación y mejorar su calidad de vida." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana

Un equipo multidisciplinar que trabaja en red

Lo que hace diferente a este centro no es solo su arquitectura renovada. Es la manera en que trabaja. El IVASS ha apostado por un equipo multidisciplinar que integra profesionales de la neuropsicología, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, enfermería, trabajo social, integración social y atención directa. Cada perfil aporta una pieza al puzle de la recuperación, porque el daño cerebral no afecta solo al cuerpo, sino también al lenguaje, a la memoria, a las emociones y a la capacidad de relacionarse con el entorno. Tratar uno solo de esos frentes equivaldría a tapar una gotera mientras el tejado se hunde.

Pérez Llorca subrayó que este tipo de atención exige recursos específicos, pensados no para un paciente genérico, sino para cada persona en su singularidad. En la mayoría de los casos, las secuelas del daño cerebral adquirido afectan profundamente a la autonomía del afectado y pueden durar el resto de su vida. De ahí que el objetivo no sea solo la rehabilitación clínica, sino también la inclusión social: que quien ha sufrido una lesión cerebral pueda seguir formando parte activa de su comunidad.

Un modelo que mira más allá de los Pirineos

Quizá el dato más revelador de la visita no fue arquitectónico ni clínico, sino geopolítico. El modelo de atención del IVASS ha captado la atención de expertos y responsables de servicios sociales de distintos países de Europa y Latinoamérica, en el marco de la Red Europea de Inclusión y Acción Social Local (ELISAN). Que un centro de día de un barrio valenciano sea objeto de estudio internacional habla bien de la apuesta pública realizada, pero también plantea una pregunta incómoda: si el modelo es exportable, ¿por qué sigue siendo la excepción y no la norma?

Solo en 2021, el sistema de salud español registró 106.517 altas por ictus y 25.298 por traumatismos craneoencefálicos. Detrás de cada alta hospitalaria hay una familia que regresa a casa con un ser querido irreconocible y, con demasiada frecuencia, sin los recursos necesarios para acompañar ese proceso. El centro de Ruzafa es, en ese sentido, mucho más que un edificio reformado: es una declaración de intenciones sobre cómo una sociedad elige cuidar a quienes, de un día para otro, lo necesitan todo.