El verano invita a buscar lugares donde escapar del calor y desconectar del bullicio de las playas más masificadas. A menos de una hora y media en coche desde Valencia es posible encontrar auténticos paraísos de aguas cristalinas, calas escondidas entre acantilados y paisajes que recuerdan a destinos mucho más lejanos. Desde la Costa Blanca hasta la Ribera Baixa, estos rincones destacan por la transparencia de sus aguas, su riqueza marina y su espectacular entorno natural.
Cala Baladrar
En el término municipal de Benissa se encuentra una de las joyas más tranquilas de la Costa Blanca. La Cala Baladrar está formada por el barranco de Sesters y se abre paso entre impresionantes acantilados y pinares que prácticamente llegan hasta el mar. El agua, limpia y transparente durante buena parte del año, convierte este lugar en un destino perfecto para practicar snorkel y buceo.
Uno de sus elementos más característicos es el gran acantilado de unos 30 metros de altura, modelado durante siglos por la acción del mar. En este entorno se encontraba la conocida roca de La Polida, una formación natural muy conocida por los visitantes. Además de su belleza, la cala cuenta con duchas, aseos, servicio de socorrismo durante la temporada estival y un chiringuito donde descansar mientras se disfruta de unas vistas privilegiadas al Mediterráneo.

Cala del Faro
Mucho más cerca de Valencia se encuentra la Cala del Faro de Cullera, una pequeña playa de arena fina situada entre los acantilados del Cabo de Cullera y la Isla de los Pensamientos. Su reducido tamaño hace que conserve un ambiente acogedor pese a ser una de las zonas más visitadas durante el verano. Los acantilados que la rodean crean un paisaje muy diferente al de las largas playas de arena de la localidad y ofrecen excelentes condiciones para el submarinismo.
Además, su ubicación permite completar la visita con otros atractivos turísticos como el Faro de Cullera, el Mirador del Cap del Far, la Cueva-Museo del Pirata Dragut o el Sendero Azul que recorre toda la zona costera.

Cala Blanca
Jávea es sinónimo de calas espectaculares y una de las más conocidas es Cala Blanca. En realidad se trata de dos pequeñas calas consecutivas, conocidas como Caleta I y Caleta II. Ambas están formadas por roca y cantos rodados y destacan por la claridad de sus aguas y la tranquilidad del entorno. Su fondo marino es uno de los mejores de la zona para practicar snorkel. Es una opción perfecta para quienes buscan un rincón menos concurrido que las grandes playas del municipio.

Cala del Portitxol
Pocas imágenes representan mejor la Costa Blanca que las puertas azules de las antiguas casas de pescadores de la Cala del Portitxol, también conocida como Cala de la Barraca. Esta playa de casi un kilómetro de longitud está rodeada por espectaculares acantilados cubiertos de vegetación mediterránea y ofrece unas vistas inmejorables de la Isla del Portitxol, situada a apenas 300 metros de la costa.

Cala Granadella
Si existe una cala imprescindible en la Costa Blanca, esa es la Granadella. Su pequeño tamaño, apenas 160 metros de longitud, contrasta con la espectacularidad de su entorno. Rodeada por montañas cubiertas de vegetación y bañada por aguas de color turquesa, se ha convertido en una de las playas más fotografiadas del Mediterráneo.

Cala del Moraig
Entre Moraira y Jávea se esconde otro de los grandes tesoros del litoral alicantino: la Cala del Moraig. Esta playa de grava, situada en el municipio de Poble Nou de Benitatxell, está rodeada por enormes acantilados que crean un paisaje espectacular desde cualquier perspectiva. Sus aguas transparentes son ideales para practicar snorkel y submarinismo, mientras que una zona del extremo izquierdo está destinada al naturismo.


