Valencia refuerza su escudo frente a catástrofes: 43 nuevos planes municipales de emergencia homologados, con Paiporta y Chiva entre los protagonistas

La Comisión de Protección Civil valenciana homologa 43 planes municipales de emergencia frente a inundaciones, incendios, terremotos y otros riesgos.

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Reunión de emergencias
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La Comunitat Valenciana sigue reconstruyendo su arquitectura de seguridad. Casi nueve meses después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 dejara un rastro de destrucción en decenas de municipios, la Comisión de Protección Civil ha homologado este martes 43 nuevos planes municipales de emergencia que cubren desde el riesgo de inundaciones hasta los terremotos, pasando por los incendios forestales. Entre los municipios que aparecen en la lista figuran Paiporta y Chiva, dos de los nombres que quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva tras aquella catástrofe.

La sesión plenaria fue presidida por el conseller de Emergencias e Interior, Juan Carlos Valderrama, quien subrayó el valor de disponer de estos instrumentos antes de que llegue la tragedia, no después.

"Son coadyuvantes necesarios para dar una respuesta ágil y eficaz a las catástrofes" - Juan Carlos Valderrama, conseller de Emergencias e Interior de la Generalitat Valenciana

Cuatro tipos de riesgo, 43 municipios más preparados

Los 43 planes homologados no son todos del mismo tipo ni responden al mismo peligro. La distribución refleja la diversidad de amenazas que conviven en el territorio valenciano, una región donde el Mediterráneo lo mismo ofrece riqueza que desata inundaciones repentinas, donde la sequía alimenta incendios forestales y donde las fallas geológicas no son solo un motivo de fiesta.

De los planes aprobados, 14 son planes territoriales municipales de emergencia de carácter general, que establecen el marco de actuación integral ante cualquier catástrofe. Los municipios beneficiados son: Gaianes, Ibi, Penàguila, Morella, Ademuz, Albalat de la Ribera, Albalat dels Tarongers, Alzira, Chiva, Mislata, Olocau, Paiporta, Tavernes de la Valldigna y Xeresa.

Otros 14 planes corresponden específicamente al riesgo de incendios forestales, afectando a Aspe, Benilloba, Benimassot, Orxeta, Penàguila, Albalat dels Tarongers, Beniatjar, Chiva, Jalance, la Llosa de Ranes, Nàquera, Salem, Tous y Xeresa. A estos se suman seis planes frente al riesgo de inundaciones —Aspe, Chiva, la Llosa de Ranes, Nàquera, Paiporta y Xeresa— y nueve planes de actuación ante seísmos, que incluyen a Aspe, Penàguila, Ademuz, Albalat de la Ribera, Benissuera, Chiva, Jalance, Nàquera y Tavernes de la Valldigna.

No es casual que algunos municipios aparezcan en varias categorías a la vez. Chiva, por ejemplo, figura en tres tipos de planes distintos: territoriales generales, incendios forestales e inundaciones. Ese detalle dice mucho sobre la complejidad del riesgo en determinados territorios, y también sobre la necesidad de una planificación que no se conforme con una sola respuesta.

Un marco normativo que también se pone al día

Más allá de los nuevos planes municipales, la sesión también sirvió para actualizar uno de los documentos estratégicos más importantes en materia de seguridad: el Plan Especial frente al Riesgo de Incendios Forestales (PEIF) de la Comunitat Valenciana. La razón es técnica pero con consecuencias prácticas: la entrada en vigor del Real Decreto 38/2026, de 21 de enero, obligó a adaptar la Directriz Técnica de Operación de Medios Aéreos para alinearse con el nuevo marco estatal de coordinación en la prevención, vigilancia y extinción de incendios forestales.

El cambio más relevante afecta a la movilización de recursos en situaciones de emergencia clasificadas como "situación 1". A partir de ahora, el plan permite movilizar medios del ministerio competente en materia forestal aunque estos actúen fuera de su zona de actuación preferente, una flexibilidad que puede ser determinante cuando el fuego no entiende de fronteras administrativas.

La Comisión también fue informada sobre el dispositivo preventivo que la Generalitat prepara con motivo del eclipse solar del próximo 12 de agosto —un evento que congregará a miles de personas en puntos específicos del territorio— y sobre la actualización de las guías para implementar y mantener planes locales de emergencias.

Planificación como cultura, no como trámite

La pregunta que sobrevuela esta noticia es la misma que se hicieron muchos valencianos tras la DANA: ¿de qué sirve un plan si no se ejecuta a tiempo? La respuesta, incómoda pero necesaria, es que sin plan, la improvisación tiene aún más espacio para el error. Los planes de emergencia no garantizan el éxito, pero sí establecen cadenas de mando, protocolos de aviso y procedimientos de evacuación que, bien aplicados, pueden marcar la diferencia entre el caos y la respuesta organizada.

Valderrama insistió en que estos instrumentos deben tener "una naturaleza dinámica, donde la actualización, la revisión y la mejora continua garanticen la máxima eficacia ante las catástrofes". Es, en el fondo, una apuesta por convertir la prevención en una práctica continua y no en un ejercicio puntual que se archiva hasta que ocurre lo peor. La Comunitat Valenciana, que conoce mejor que nadie el precio de estar desprevenida, parece haber tomado buena nota.