Casi un año después de que el barranco del Magro multiplicara por 20 su caudal habitual durante la catastrófica DANA del 29 de octubre de 2024, la Generalitat Valenciana ha comenzado a retirar toneladas de caña invasora de sus márgenes con un objetivo claro: que el agua encuentre el menor obstáculo posible la próxima vez que el cielo descargue con furia sobre la provincia de Valencia. La actuación arranca en los municipios de Alfarb y Llombai, donde se prevé extraer unas 2.700 toneladas de Arundo donax, la caña común, catalogada como especie invasora.
Una planta que convierte los cauces en trampas
La Arundo donax no es una planta cualquiera. Crece con una rapidez y una densidad que terminan por colonizar las orillas de ríos y barrancos, reduciendo la sección útil del cauce y actuando como un dique vegetal improvisado que retiene sedimentos, obstaculiza el flujo del agua y, en episodios de lluvia torrencial, puede agravar de forma significativa el riesgo de desbordamiento. Las inundaciones del 29 de octubre de 2024, provocadas por una DANA que afectó principalmente a la Comunidad Valenciana, dejaron en evidencia hasta qué punto los cauces valencianos estaban mal preparados para absorber semejante volumen de agua. La enorme cantidad de agua que cayó en tan poco tiempo provocó grandes avenidas y desbordamientos especialmente en el barranco del Poyo y en el río Magro.
El Magro es un afluente del Júcar que recorre en gran parte la provincia de Valencia. Su propio nombre lo delata: proviene del latín maccer, que significa delgado, flaco o magro, en alusión al escaso caudal que transporta la mayor parte del año. Pero esa aparente mansedumbre puede convertirse en una trampa mortal. Los pluviómetros de la zona registraron el 29 de octubre valores de precipitación del orden de 140 mm, con valores horarios de hasta 40 mm. El río Magro comenzó a desbordarse en Utiel ya a las 14:00 horas de aquel día.
25 campos de fútbol de cañaverales a eliminar
El comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, ha supervisado sobre el terreno los trabajos en Alfarb y Llombai acompañado por la directora general de Recuperación y Reconstrucción, Sandra Castillo, y por el alcalde de Llombai, Ramón Gómez. La intervención en estos dos municipios afectará a 181.000 metros cuadrados de superficie, el equivalente a unos 25 campos de fútbol. Los trabajos combinarán medios mecánicos y manuales para proceder al desbroce y arranque de la planta, y se prolongarán durante cuatro meses, periodo en el que el acceso a los viandantes estará parcialmente restringido.
"Al eliminar los densos cañaverales, se incrementa la sección útil del barranco, permitiendo evacuar un mayor volumen de agua durante las crecidas antes de que se produzcan desbordamientos" - Raúl Mérida, comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana
El reto no termina con el arranque de la planta. La Arundo donax es tristemente célebre entre los gestores medioambientales por su resistencia: sus rizomas, un sistema de raíces subterráneas, son capaces de rebrotar con una facilidad pasmosa. Para impedirlo, la Generalitat instalará sobre el terreno una cubierta plástica oscura y opaca que bloqueará el proceso de fotosíntesis, cortando de raíz —nunca mejor dicho— cualquier posibilidad de recuperación de la especie.
El plan completo: de Alfarb a Utiel, 24 municipios y 59 millones de euros
Lo que comienza ahora en Alfarb y Llombai es solo el primer eslabón de una cadena mucho más ambiciosa. La Generalitat ha diseñado un programa de limpieza de cañaverales que abarcará la totalidad de la cuenca del Magro, desde Alfarb hasta Utiel, pasando por 24 municipios. A esa actuación se sumarán las cuencas del Turia, el Poyo y Picassent. En total, el plan contempla intervenir en 160 kilómetros lineales de barrancos que discurren junto a 50 municipios, con un presupuesto de 59 millones de euros.
Mérida ha aclarado que, aunque las competencias en materia de gestión de cauces corresponden a la Confederación Hidrográfica del Júcar, la Generalitat ha decidido impulsar esta actuación ante la demanda ciudadana y con el objetivo de mejorar la seguridad de los municipios afectados. No es un detalle menor: reconocer que se actúa en un terreno competencialmente ajeno habla de la urgencia que persiste un año después de la tragedia.
Renaturalizar para proteger
La eliminación de la caña no será el punto final del proceso, sino el inicio de una transformación más profunda. Una vez retirada la especie invasora y controlado su rebrote, el plan prevé la plantación de especies autóctonas de bosque de ribera, vegetación que históricamente ha actuado como amortiguador natural frente a las crecidas al frenar la velocidad del agua y favorecer su infiltración en el suelo.
"El siguiente paso consistirá en renaturalizar el cauce con la plantación de nuevas especies autóctonas de bosque de ribera, que actúan como freno natural disminuyendo la velocidad del agua en caso de una avenida y favoreciendo la infiltración" - Raúl Mérida, comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana
La apuesta por la renaturalización responde a una lógica que los expertos en hidrología llevan décadas defendiendo: los cauces mediterráneos necesitan vegetación adecuada, no solo para funcionar mejor en caso de avenida, sino para sostener ecosistemas completos. Restaurar la flora autóctona significa devolver el hábitat a la fauna local y, de paso, generar espacios verdes que puedan disfrutar los vecinos de los municipios ribereños. Un año después de las inundaciones que devastaron parte de Valencia, los expertos reconocen mejoras en los sistemas de alerta y la coordinación institucional, pero advierten que las obras de protección y la planificación territorial siguen en su mayoría pendientes. La limpieza del Magro es, en ese contexto, una señal de que algo, por fin, ha comenzado a moverse.


