El arroz valenciano no es solo un ingrediente de paella. Es, según defiende la Generalitat Valenciana en las instituciones europeas, una infraestructura ambiental, un sustento económico y un patrimonio cultural que merece una protección específica en las políticas agrícolas de la Unión Europea. Con ese argumento sobre la mesa, la secretaria autonómica de Representación ante la UE, Ruth Merino, intervino en la décima reunión de la Comisión de Recursos Naturales (NAT) del Comité Europeo de las Regiones, celebrada en Toledo, para exigir que el dictamen europeo sobre el futuro del sector arrocero llegue al pleno de diciembre con más músculo.
Un dictamen con buena base, pero insuficiente
El Comité Europeo de las Regiones trabaja en un dictamen sobre el futuro del sector del arroz que deberá aprobarse en diciembre. El texto actual ya incorpora medidas que la Comunitat Valenciana valora positivamente: salvaguardias comerciales más eficaces, cláusulas espejo que exigen reciprocidad en los estándares de producción, una revisión del régimen 'Todo menos armas' —el acuerdo que permite la entrada de arroz de países en desarrollo con arancel cero o reducido— y el etiquetado obligatorio del origen del producto.
Pero Merino considera que ese texto, con todo lo que incorpora, no termina de capturar la complejidad real del sector. El problema no es solo comercial. Es también ambiental, territorial e identitario. Y eso, hasta ahora, no queda suficientemente reflejado.
El arrozal como ecosistema, no solo como campo de cultivo
Hay un dato que ilustra bien la singularidad del caso valenciano: más del 90% del cultivo de arroz de la Denominación de Origen se concentra en el Parque Natural de la Albufera, una zona húmeda de importancia internacional. No es una coincidencia geográfica, sino una relación de dependencia mutua. Estos cultivos son ecosistemas con gran importancia, ya que garantizan el flujo hídrico que hace posible la vida en los humedales y extiende la presencia de la lámina de agua durante los meses en los que esta escasea.
El cultivo del arroz es indispensable para el mantenimiento del humedal de la Albufera: el Parque Natural necesita del cultivo porque este garantiza la inundación constante. Sin arrozales inundados, el ecosistema se resiente. Sin ecosistema sano, los arrozales pierden su razón de ser. Es una ecuación que la política agrícola europea aún no ha sabido traducir en medidas concretas.
Merino ha pedido que el dictamen no aborde el sector únicamente desde el punto de vista comercial o productivo, sino que incorpore también su dimensión territorial y ambiental. En concreto, la propuesta valenciana apunta a reconocer la contribución de los arrozales a la biodiversidad, la regeneración de las aguas y la conservación de hábitats de especies protegidas. Espacios como l'Albufera de València, donde el cultivo del arroz actúa como una infraestructura ambiental estratégica, contribuyen al mantenimiento de humedales esenciales para la biodiversidad europea y para las rutas migratorias de aves entre Europa y África.
Una sola cosecha frente a tres: la desventaja estructural del arroz europeo
Hay otra asimetría que Merino puso sobre la mesa en Toledo y que tiene un impacto directo en la competitividad: mientras los productores valencianos —y europeos en general— obtienen una única cosecha anual, sus competidores de Asia o América Latina logran dos o tres en el mismo periodo. No es solo una diferencia de productividad; es una diferencia estructural que condiciona los costes, los precios y la capacidad de competir en igualdad de condiciones.
A esa desventaja de partida se suma otra dificultad cotidiana: la gestión de plagas y enfermedades. La secretaria autonómica propuso incluir en el dictamen medidas que faciliten a los productores soluciones ágiles cuando no existan alternativas fitosanitarias eficaces, y que las regiones afectadas puedan solicitar la activación de salvaguardias a partir del seguimiento del mercado, sin tener que esperar a que el daño ya esté hecho.
Un sector estratégico con historia milenaria
El cultivo de arroz en la Comunitat Valenciana es el más antiguo de España: se remonta a los primeros años de ocupación musulmana en la región. Más de mil años de historia avalan un modelo productivo que ha sobrevivido guerras, sequías y transformaciones económicas. Lo que no tiene tan claro el sector es si podrá sobrevivir a una política comercial europea que, según denuncia la Generalitat, no garantiza la reciprocidad de condiciones con terceros países.
"En la Comunitat Valenciana el arroz es una forma de vida. Es un sector estratégico que mantiene humedales clave para la biodiversidad europea y para las rutas migratorias de aves entre Europa y África, pero es también un sector productivo que debe competir en igualdad de condiciones fitosanitarias, ambientales y sociales" - Ruth Merino, secretaria autonómica de Representación ante la Unión Europea, Comunidades Autónomas y Acción Exterior de la Generalitat Valenciana
El dictamen que deberá votarse en diciembre es una oportunidad concreta para que Europa responda a esa demanda. La Comunitat Valenciana ha dejado claro en Toledo que no le basta con que el texto reconozca al sector arrocero como un productor de alimentos: quiere que lo reconozca también como guardián de un ecosistema irrepetible. Que el arroz que llega al plato haya crecido entre flamencos, patos y cañaverales no es un detalle pintoresco, sino el núcleo del argumento que Ruth Merino defiende en Bruselas.


