El verano no debería ser solo para quien puede permitírselo sin más obstáculos que elegir destino. Este año, 150 personas con discapacidad atendidas por el Instituto Valenciano de Servicios Sociales (IVASS) tienen por primera vez un programa vacacional propio, flexible y adaptado a sus intereses, que va desde una granja escuela en Llíria hasta un viaje a Roma. No es un campamento estándar ni una salida de un día de rigor: es un modelo nuevo, pensado para que cada persona pueda elegir qué tipo de experiencia quiere vivir este verano.
Un programa hecho a medida, no a granel
La diferencia con iniciativas anteriores está en el enfoque. En lugar de un único formato para todos, el IVASS ha diseñado un abanico de opciones para que cada uno de sus centros —residencias, centros de día y viviendas tuteladas— pueda seleccionar la modalidad que mejor encaje con sus usuarios. Hay excursiones de un día, estancias con alojamiento y pensión completa, y hasta la posibilidad de organizar un viaje propio a un destino turístico elegido por los propios participantes. Como si de unas vacaciones convencionales se tratara, pero con los apoyos necesarios.
"Ofrece una respuesta más flexible y personalizada, favoreciendo que las personas con discapacidad puedan disfrutar de experiencias de ocio adaptadas a sus intereses y necesidades de apoyo" - María José Rico, directora general del IVASS
Los recursos habilitados para el programa son tres: el Casal d'Esplai de El Saler, perteneciente al Ayuntamiento de València; el albergue La Marina, en Moraira, dependiente del Instituto Valenciano de la Juventud (IVAJ); y la Granja Escuela La Salle, en Llíria. Los dos primeros se han incorporado gracias a un acuerdo de colaboración institucional suscrito específicamente para esta iniciativa, lo que pone de manifiesto que este programa no ha surgido solo del IVASS, sino de una apuesta conjunta de varias administraciones.
De la Granja Escuela a la Fontana di Trevi
Dentro del programa, los contrastes son llamativos. Mientras un grupo disfruta de una jornada de convivencia en un entorno natural con actividades lúdicas que trabajan la autonomía personal y las habilidades sociales, otros han apostado por algo más ambicioso. Tres personas usuarias viajarán a Roma acompañadas de un profesional, y un grupo de ocho personas tiene prevista una escapada a Gandia junto a tres acompañantes. Son ejemplos concretos que ilustran bien el espíritu del programa: que la persona con discapacidad no sea el objeto de las vacaciones, sino su protagonista.
En todos los casos, los profesionales de los centros del IVASS acompañan a los participantes durante toda la estancia para garantizar su bienestar en condiciones de seguridad, accesibilidad e igualdad de oportunidades. No se trata de supervisión, sino de apoyo: la distinción, aunque sutil, lo cambia todo.
Un modelo de atención que mira más allá del verano
El IVASS cuenta con una plantilla de 800 profesionales y atiende a 1.200 usuarios en una red de más de treinta recursos distribuidos por las tres provincias de la Comunitat Valenciana . En ese contexto, un programa que alcanza a 150 personas puede parecer una cifra modesta, pero su valor no está tanto en el número como en lo que representa: un cambio de modelo. Pasar de ofrecer actividades de ocio para personas con discapacidad a construir un sistema en el que ellas mismas decidan cómo quieren pasar sus vacaciones es un giro conceptual que muchas familias y entidades del sector llevan años reclamando.
María José Rico ha reafirmado el firme compromiso del Consell con la implementación y el apoyo a proyectos que no solo contribuyan activamente a la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual, sino que también faciliten su plena integración en todos los aspectos de la vida comunitaria. En esa línea, la directora general ha subrayado que el IVASS continúa trabajando para impulsar un modelo de atención centrado en la persona que garantice la igualdad de oportunidades y promueva una participación plena en todos los ámbitos de la vida, también durante el periodo estival. El reto ahora será que lo que empieza como un programa piloto de verano acabe convirtiéndose en una forma permanente de entender la inclusión: no como un servicio puntual, sino como un derecho cotidiano.


