Hay preguntas que parecen simples pero esconden una fractura social profunda: ¿tiene el mismo acceso a una residencia digna una persona mayor que vive en Valencia ciudad que otra que ha pasado toda su vida en un pequeño municipio del interior de Castellón? La consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia, Elena Albalat, visitó la residencia pública para personas mayores San Antonio Abad, en Villahermosa del Río, y su respuesta fue clara: no solo deben tenerlo, sino que la Generalitat trabaja para garantizarlo.
Una residencia de 77 plazas financiada con más de dos millones de euros
El centro San Antonio Abad dispone de 77 plazas financiadas con 2.084.000 euros a través del contrato programa, el instrumento que la administración autonómica utiliza para sostener económicamente estos recursos en municipios donde el mercado privado difícilmente llegaría por sí solo. Tras recorrer las instalaciones, Albalat destacó la calidad de vida que reciben sus residentes, tanto quienes conservan plena autonomía personal como quienes presentan dependencia física o psíquica.
"Este recurso, equipado con unas modernas y cómodas instalaciones, asegura una estancia digna a las personas que en ella se alojan" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana
No es un detalle menor. En la Comunitat Valenciana, 172 de los 542 municipios muestran un índice de envejecimiento superior al 250%, lo que dibuja no solo pueblos que se vacían, sino comunidades que envejecen sin relevo generacional a la vista. En ese contexto, una residencia pública en funcionamiento no es solo un equipamiento social: es, en muchos casos, el último eslabón que une a las personas mayores con su entorno de toda la vida.
El derecho a envejecer donde uno ha vivido
Detrás de la visita institucional late una reivindicación de fondo que va más allá del protocolo. Una cuarta parte de las localidades de la Comunitat Valenciana pierde población de manera continua desde hace décadas, y el 40% de sus pueblos tiene menos de 1.000 habitantes. Para quienes han decidido —o simplemente no han podido evitar— quedarse, la pregunta no es solo si habrá médico o autobús, sino también si podrán envejecer con dignidad sin tener que abandonar su comunidad.
Albalat lo formuló sin rodeos durante su visita: las personas mayores que residen en municipios del interior tienen derecho a acceder a los mismos recursos y servicios de calidad que quienes viven en las grandes ciudades. Una afirmación que suena a principio básico pero que, en la práctica, exige una inversión sostenida y una voluntad política de no dejar fuera del sistema a quienes viven lejos de los centros urbanos.
"Mantener y mejorar estos centros contribuye a que las personas puedan permanecer en su entorno más cercano, conservando sus vínculos familiares, sociales y comunitarios" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana
Servicios sociales como herramienta contra la despoblación
Hay una lógica circular en todo esto que merece atención: cuando un municipio rural pierde servicios, pierde población; y cuando pierde población, resulta más difícil justificar la inversión en nuevos servicios. El envejecimiento y la pérdida de servicios son dos de los factores que más afectan a las áreas rurales de la Comunitat Valenciana afectadas por la despoblación. Romper ese círculo vicioso requiere apostar deliberadamente por infraestructuras como la de Villahermosa del Río, aunque el número de usuarios sea menor que en la ciudad.
La lucha contra la despoblación se ha convertido en una línea prioritaria de actuación para la Generalitat Valenciana, con medidas que incluyen inversiones en edificios e infraestructuras municipales y programas vinculados a servicios y apoyo al desarrollo local. En ese marco, los centros de atención a personas mayores cumplen también una función estratégica: fijar población, generar empleo local y ofrecer a las familias la tranquilidad de que sus mayores están atendidos sin tener que marcharse a la ciudad.
La consellera lo resumió con una idea que condensa toda la filosofía detrás de la visita: reforzar los servicios sociales en localidades como Villahermosa del Río es una apuesta por la cohesión territorial y por la igualdad de oportunidades con independencia del lugar de residencia. En un país donde la brecha entre el mundo rural y el urbano sigue siendo uno de los grandes debates pendientes, una residencia con 77 plazas en un pueblo del interior de Castellón puede parecer una pequeña pieza. Pero para quienes viven allí, lo es todo.

