Cuando el fuego amenazó la localidad valenciana de Gátova hace unos días, entre los recursos evacuados preventivamente había uno poco conocido pero esencial: la residencia 'Mas de la Pinaeta', un centro especializado donde adolescentes de entre 12 y 17 años con graves problemas de conducta reciben atención educativa, terapéutica y psicosocial bajo la tutela de la Generalitat Valenciana. Hoy, ese centro ha recuperado su plena actividad. Y la consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia, Elena Albalat, ha querido comprobarlo en persona.
1,8 millones para 16 plazas que marcan la diferencia
La Generalitat destina 1,8 millones de euros a financiar las 16 plazas concertadas de 'Mas de la Pinaeta', gestionado por la Fundación Diagrama. No es una cifra menor si se pone en perspectiva: hablamos de un recurso residencial especializado para menores que, por la intensidad de sus dificultades conductuales, no pueden ser atendidos en dispositivos de acogida convencionales. Cada plaza implica un acompañamiento intensivo, personalizado y sostenido en el tiempo. La pregunta que subyace es cuántos centros de estas características existen en la Comunitat Valenciana, y si son suficientes para atender una demanda que no para de crecer.
"La intervención individualizada y el acompañamiento educativo resultan esenciales para favorecer la integración social de los menores y ayudarles a superar situaciones de especial vulnerabilidad" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana
El modelo que aplica este centro combina intervención educativa con apoyo terapéutico y trabajo psicosocial, adaptado a las circunstancias concretas de cada menor. El objetivo no es simplemente contener una conducta problemática, sino construir desde dentro: reforzar capacidades, trabajar el bienestar emocional y trazar un proyecto de vida viable. El corredor Gátova-Segorbe tiene una historia reciente de incendios , lo que añade una capa de complejidad al entorno en que opera este recurso y a la labor de quienes trabajan en él.
Una evacuación que salió bien, y eso también es noticia
El incendio declarado entre Segorbe y Gátova obligó a evacuar preventivamente la localidad y varios recursos asistenciales de la zona. El fuego, iniciado durante las tormentas del 20 de agosto, permaneció estabilizado desde el 23 de agosto, afectando a unas 633 hectáreas en un territorio ya castigado por el fuego en el pasado. En ese contexto de emergencia, los menores del centro y los profesionales que los atienden tuvieron que ser desalojados. Una situación que, para adolescentes con historias de vulnerabilidad a sus espaldas, puede resultar especialmente desestabilizadora.
Sin embargo, la evacuación discurrió con normalidad. Albalat subrayó que desde el primer momento se realizó un seguimiento permanente tanto de los menores como del equipo profesional del centro. La coordinación entre los servicios implicados funcionó, y esa coordinación —discreta, invisible para la mayoría— es la que permite que situaciones de emergencia no se conviertan en crisis añadidas para quienes ya viven en una situación de fragilidad.
"La evacuación se desarrolló con normalidad gracias a la coordinación de todos los servicios implicados y hoy hemos podido comprobar que el recurso ha recuperado plenamente su actividad y que los menores se encuentran en buenas condiciones" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana
El sistema de protección a la infancia, ante el espejo
La visita de Albalat a Gátova no es solo un gesto institucional de cercanía tras una emergencia. Es también una declaración de intenciones sobre el modelo de protección a la infancia que defiende el Consell: uno que apuesta por recursos especializados, por la intervención intensiva y por no dejar atrás a los menores con perfiles más complejos. Son, precisamente, los que más riesgo corren de caer en el olvido del sistema.
Detrás de cada una de las 16 plazas de 'Mas de la Pinaeta' hay una historia singular, una trayectoria de dificultades y, también, una oportunidad de reencauzar un futuro. Que un centro así haya sido capaz de gestionar con serenidad una evacuación de emergencia y reanudar su actividad sin aparentes secuelas habla tanto de sus protocolos como del equipo humano que lo sostiene. La pregunta que queda abierta —y que las administraciones deberían responder— es si el número de plazas y recursos de este tipo está a la altura de la realidad que viven miles de menores en situación de vulnerabilidad en la Comunitat Valenciana.


