Con más de siete décadas de historia coral a sus espaldas y un tejido cultural que va mucho más allá del verano, Torrevieja ha recibido este domingo el distintivo que la acredita como Capital Cultural Valenciana 2025, un reconocimiento otorgado por la Generalitat a través del Institut Valencià de Cultura (IVC) a los municipios que hacen de la cultura algo más que un adorno: un motor real de vida pública.
La consellera de Educación, Cultura y Universidades, Carmen Ortí, entregó el galardón durante la gala oficial celebrada en el Teatro Municipal de la ciudad, organizada conjuntamente por el IVC y el Ayuntamiento de Torrevieja. El alcalde, Eduardo Dolón, recogió el distintivo en representación de todos los torrevejenses.
"Una ciudad que ha situado la cultura en el centro de su vida pública, que mantiene una programación intensa durante todo el año y que ha sabido convertir su diversidad en una verdadera fortaleza cultural" - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana
Un certamen que nació mirando al mar
Difícil entender Torrevieja sin sus habaneras. El Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía es un concurso internacional de música coral especializado en habaneras y polifonía que se celebra desde 1955 en esta localidad alicantina. Su origen está ligado a la tradición marinera de la ciudad: sus raíces se remontan a ese año como tributo a los marineros torrevejenses que mantenían vínculos comerciales y culturales con Cuba, dando lugar a una tradición que ha cruzado fronteras y conectado generaciones a través del ritmo de la habanera.
El certamen está declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1994 , un rango que comparte con muy pocas celebraciones del país. Se celebra todos los años, durante una semana, en los últimos días de julio, en el recinto portuario de las Eras de la Sal, y suele convocar a más de mil músicos y coralistas de cualquier nacionalidad, con más de diez mil espectadores en directo. Una imagen que, año tras año, pone el nombre de Torrevieja en el mapa cultural europeo.
La consellera Ortí quiso dedicar palabras expresas a este evento durante su intervención en la gala:
"Ha unido generaciones y ha llevado el nombre de la ciudad más allá de nuestras fronteras" - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana
La Capitalidad, algo más que un título
La distinción de Capital Cultural Valenciana no es un trofeo que se guarda en una vitrina. Es un reconocimiento anual que la Generalitat otorga a municipios que sitúan la cultura como elemento de desarrollo económico, cohesión social y proyección turística, y que conlleva una colaboración activa con los ayuntamientos para acercar espectáculos, exposiciones y actividades de artes escénicas a la ciudadanía. Dicho de otro modo: la capitalidad tiene que dejar huella en la agenda y en la vida cotidiana de los vecinos.
En el caso de Torrevieja, la candidatura se sustenta en un ecosistema cultural amplio y variado. Junto al Certamen de Habaneras, destacan el Concurso Nacional de Teatro y la actividad de sus bandas de música. A esos referentes se suma una programación que combina música sinfónica, habaneras, teatro, ópera y festivales, con el Teatro Municipal y el Auditorio Internacional como grandes escenarios de referencia.
Una gala con más de 40 entidades culturales
La ceremonia de entrega no fue un acto protocolario al uso. Más de 40 entidades que conforman el tejido cultural vivo de Torrevieja estuvieron presentes en el Teatro Municipal, y el programa incluyó actuaciones del Conservatorio de Música, la Escuela Coral y la Escuela de Danza. Antes del inicio del acto, el vestíbulo del teatro acogió también la presentación de una exposición de la Escuela de Fotografía y Artesanía Salinera, un detalle que ilustra bien la diversidad de disciplinas que conviven en la ciudad.
La consellera Ortí subrayó, ante todos ellos, que esta capitalidad no cierra un ciclo sino que abre uno nuevo. Lo dijo con claridad: no es un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Una frase que, más allá del tópico, apunta a una exigencia real: que el reconocimiento sirva para consolidar la programación, atraer nuevos públicos y fortalecer aún más el tejido cultural de un municipio que ya tiene mucho andado, pero que sabe que el camino más valioso es el que todavía queda por recorrer.

