Sol Picó lleva la soledad del siglo XXI a las calles de Sagunto para cerrar el telón de la 43ª edición de Sagunt a Escena

La coreógrafa alcoyana clausura el festival el 23 de agosto con 'Carrer 024', un espectáculo de calle sobre la epidemia silenciosa de la soledad.

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Una escalera de avión, cinco cuerpos al borde del vacío y un homenaje a Matisse pintado con carne y movimiento. Así es 'Carrer 024', el espectáculo con el que la coreógrafa Sol Picó pondrá punto final a la 43ª edición del festival Sagunt a Escena el próximo 23 de agosto. La función comenzará a las 19.30 horas en la Antigua Moreria de Sagunto, un enclave que convierte la calle en escenario y la historia en telón de fondo.

El festival, organizado por la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades a través del Institut Valencià de Cultura (IVC), en colaboración con la Diputación de Valencia y el Ayuntamiento de Sagunto, elige para su cierre una propuesta que no invita precisamente a la comodidad. La pieza interroga uno de los fenómenos más extendidos —y más ignorados— de la vida contemporánea: la soledad. No la de la vejez ni la del duelo, sino la soledad activa y cotidiana que genera el individualismo, la tecnología y el urbanismo moderno. Una epidemia silenciosa, como la define la propia compañía, que avanza sin hacer ruido mientras todos miramos las pantallas.

Treinta años de una compañía que nunca ha bailado hacia el centro

En 1993, Sol Picó creó la Compañía Sol Picó, con la que se ha convertido en una de las coreógrafas y bailarinas más heterodoxas de la escena contemporánea española. Tres décadas después, la formación celebra su aniversario con este espectáculo de gran formato que, lejos de ser un ejercicio de nostalgia, reivindica su sello más reconocible: grandes escenografías metálicas que contrastan con una danza al límite, cargada de riesgo físico y emoción.

El jurado del Premio Nacional de Danza 2016 distinguió a Sol Picó por mayoría, destacando "su talento creativo y fuerte personalidad artística, unidos a la audacia de sus propuestas escénicas", así como "su profundo conocimiento de los estilos de la danza, para construir su propio lenguaje". En su palmarés acumula 10 premios Max, el Premio Nacional de Danza de Cataluña (2004), el Premio Ciudad de Barcelona de Danza (2015) y el Premio Nacional de Danza 2016. Una carrera construida sobre la coherencia y la valentía de no repetirse.

Estudió en el Movement Research de Nueva York diversas técnicas de danza contemporánea y durante los primeros años de su trayectoria trabajó como intérprete y coreógrafa con compañías y creadores diversos. Esa formación plural —clásica, contemporánea, española— es precisamente lo que hace tan difícil de encasillar su trabajo. Sol Picó no baila en un género: los atraviesa todos y construye el suyo propio.

Una escalera de avión y una pregunta sin respuesta fácil

La imagen central de 'Carrer 024' es tan poderosa como incómoda: cinco intérpretes sin rumbo luchan por no lanzarse al vacío desde una escalera de avión, mientras otros actores intentan retenerlas. Es una metáfora física, sin artificios, sobre el impulso de desconectarse del mundo. El vacío como tentación. La comunidad como salvavidas.

Pero la obra no se queda en la oscuridad. Su otra cara mira hacia la luz, literalmente, con una referencia al universo pictórico de Henri Matisse. Un cuadro de grandes dimensiones, inspirado en La Danse —esa obra de 1909 en la que figuras desnudas bailan en círculo sobre un fondo verde y azul—, emerge sobre el escenario como una abstracción coreográfica. Los cuerpos dibujan formas que evocan la belleza, la armonía y la necesidad de acercamiento entre las personas. Del borde del precipicio al abrazo colectivo: 'Carrer 024' propone ese viaje en un solo espectáculo.

La pieza culmina con un canto al reencuentro. Una apuesta por reconectar con el otro en un tiempo en que las redes sociales prometen comunidad y entregan aislamiento. La calle como antídoto. El cuerpo como lenguaje común que ningún algoritmo puede suplantar.

Sagunto, escenario de más de cuatro décadas de cultura

Que un festival como Sagunt a Escena llegue a su edición 43 no es un dato menor. Pocas iniciativas culturales sobreviven tanto tiempo con la salud suficiente para seguir apostando por propuestas arriesgadas y contemporáneas. Cerrar con Sol Picó —y con un espectáculo de calle, sin la protección del teatro convencional— es en sí mismo un gesto programático: la cultura no se guarda, se comparte. Se vive en la calle, con el cielo de agosto como techo y el patrimonio histórico de Sagunto como marcos.

La Antigua Moreria acogerá así, en la tarde-noche del sábado 23 de agosto, una función que es mucho más que un cierre de temporada. Es una pregunta lanzada al aire cálido del verano valenciano: ¿cuándo fue la última vez que te detuviste a mirar a los que tienes alrededor?