El agua, el tren y el dinero. Tres palabras que resumen la hoja de reivindicaciones que el president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, desplegó ante algunos de los actores políticos y económicos más influyentes del arco mediterráneo español, en presencia del Rey Felipe VI. El escenario fue el III Foro Económico y Social del Mediterráneo, organizado por Prensa Ibérica y la Fundación La Caixa, un encuentro que persigue convertir a las regiones mediterráneas —Catalunya, Comunitat Valenciana, Illes Balears, Región de Murcia y Andalucía— en referentes mundiales de desarrollo y proyección de futuro.
El agua, una línea roja sin negociación
Pérez Llorca fue directo desde el principio. Ante un auditorio en el que también se encontraba el president de la Generalitat de Catalunya, reclamó una España solidaria que garantice el suministro hídrico a todos los territorios del Arco Mediterráneo. No como un favor, sino como una condición indispensable para sostener el motor económico del país. La zona mediterránea concentra algunas de las agriculturas más productivas y los tejidos industriales más competitivos de Europa, y el agua es su combustible invisible.
"Si no tenemos agua para alimentar esa industria, esos campos y los hogares de nuestra gente, no estaremos liderando nada: estaremos renunciando a avanzar." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
El mensaje apunta directamente a un debate que lleva décadas enquistado en la política española: la gestión de los recursos hídricos en un país con desequilibrios territoriales profundos y donde el agua, lejos de ser un bien técnico, se ha convertido en uno de los frentes más cargados de simbolismo político.
El Corredor Mediterráneo: una promesa que avanza a paso de tortuga
Si el agua fue el argumento más emocional del discurso, el Corredor Mediterráneo fue el más contundente en cifras. Pérez Llorca no se anduvo con rodeos al calificar su ritmo de ejecución de "impresentable": a este paso, la conexión ferroviaria entre Barcelona y Alicante no estará operativa hasta 2029. Hoy, recorrer esos 350 kilómetros en tren exige cuatro horas de viaje. Para poner ese dato en perspectiva, un trayecto similar en Francia o Alemania se completaría en la mitad del tiempo gracias a infraestructuras modernas de alta velocidad.
El president reivindicó el papel del puerto de València —el primero de España en tráfico de contenedores— como puerta de entrada y salida del sur de Europa hacia el mundo. Y recordó que el Corredor no es solo un proyecto valenciano: su columna vertebral es un ferrocarril que une Algeciras con la frontera francesa, cosiendo Murcia, la Comunitat Valenciana y Catalunya en lo que definió como "una sola línea de futuro". Un proyecto de cinco regiones que, sin embargo, avanza como si fuera el problema de una sola.
Fiscalidad y simplificación: el argumento para atraer inversión
Más allá del agua y el tren, Pérez Llorca defendió el modelo económico que la Generalitat está impulsando para atraer inversión. Presentó una reforma fiscal que ha supuesto un ahorro de más de 440 millones de euros para las familias valencianas, con una ampliación prevista de otros 160 millones en el IRPF autonómico. El resultado, según el president, ha sido un incremento de la recaudación del 14% en 2025, lo que demuestra, en su opinión, que bajar impuestos no equivale necesariamente a recaudar menos.
A eso se suma un plan de simplificación administrativa que ha revisado 1.300 artículos de 170 normas distintas, con el objetivo de eliminar trabas burocráticas y agilizar tanto la actividad empresarial como la prestación de servicios públicos. El efecto más visible de esta política de puertas abiertas ha sido la llegada de proyectos como la gigafactoría de baterías de PowerCo, la filial de Volkswagen, que eligió la Comunitat Valenciana como sede de una de sus plantas más estratégicas en Europa.
Financiación: la injusticia que dura demasiado
El tercer gran frente del discurso fue la financiación autonómica. Y aquí Pérez Llorca abandonó el lenguaje técnico para hablar en términos humanos: un niño en un aula masificada, un paciente en una lista de espera interminable, un anciano que aguarda una resolución de dependencia que no llega. Tres imágenes concretas para explicar lo que significa, en la vida real, estar a la cola del sistema de financiación autonómica.
"La Comunitat Valenciana no pide privilegios. Exige que se corrija una injusticia que dura demasiado." - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
El president fue explícito: no reclama un trato de favor, sino un sistema que trate igual a todos los españoles con independencia de donde vivan, que garantice servicios públicos de calidad homogénea en todo el territorio nacional. Un principio de igualdad que, paradójicamente, hoy no se cumple.
Una mano tendida, no un puño cerrado
El foro contó con intervenciones del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, del ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, y de los alcaldes de Barcelona, Palma, Málaga y Cartagena —Jaume Collboni, Jaime Martínez Llabrés, Francisco de la Torre y Noelia Arroyo, respectivamente—, y fue clausurado por el Rey Felipe VI. Un escenario de peso para un mensaje que Pérez Llorca quiso formular sin estridencias: la Comunitat Valenciana aspira a liderar el Mediterráneo, pero no desde el agravio ni la confrontación, sino desde el acuerdo y la centralidad. El foro, impulsado por Prensa Ibérica y la Fundación La Caixa, se ha consolidado como uno de los espacios de referencia para debatir el futuro económico y social del arco mediterráneo español.
La pregunta que queda flotando en el aire es si esa mano tendida encontrará una respuesta a la altura. Las regiones mediterráneas representan una parte decisiva del PIB español, y sus déficits en infraestructuras, agua y financiación no son solo una queja territorial: son una hipoteca sobre el crecimiento de todo el país. Ignorarlos, como ha demostrado la historia reciente, tiene un coste que acaban pagando personas concretas, no estadísticas.

