Hay una planta submarina en el Mediterráneo que no es un alga, produce oxígeno, captura carbono y sirve de hogar para centenares de especies marinas. Se llama Posidonia oceanica y, pese a su valor ecológico incalculable, lleva décadas retrocediendo ante una amenaza deceptivamente mundana: el ancla de los barcos de recreo. En la Comunitat Valenciana, la Generalitat ha decidido plantar cara a ese problema con vigilancia, divulgación y dos décadas de trabajo ininterrumpido en el mar.
Más de 1.700 avisos en año y medio
El vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y Recuperación, Vicente Martínez Mus, presentó esta semana el balance de actividad de los equipos de vigilancia y protección del medio marino de la Generalitat durante una visita a la costa entre Dénia y Xàbia, en el entorno de la Reserva Natural de Fondo Marino del Cabo de San Antonio. Las cifras hablan por sí solas: durante 2025, los equipos de vigilancia informaron a los patrones de 1.184 embarcaciones que se encontraban fondeadas sobre praderas de Posidonia oceanica, instándoles a abandonar esas zonas protegidas. Y en lo que va de 2026, ya se han superado los 500 avisos.
El dato más relevante no es, sin embargo, el volumen de avisos en sí mismo, sino su tendencia. Las autoridades autonómicas interpretan la ligera reducción de registros como una señal positiva: la presión constante de los equipos de vigilancia está cambiando el comportamiento de los usuarios del litoral. Poco a poco, el mensaje cala.
"El Servicio de Vigilancia Marina se ha consolidado como una herramienta fundamental para la protección y conservación de hábitats especialmente sensibles del litoral valenciano, como esta reserva de posidonia." - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana
La náutica recreativa, el principal vector de daño
Los datos recogidos por las embarcaciones de vigilancia arrojan un diagnóstico claro sobre el origen del problema. El anclaje indiscriminado de embarcaciones destruye grandes extensiones de estas valiosas praderas. Y en el litoral valenciano, ese riesgo tiene un rostro concreto: la náutica de recreo representa el 83% de las embarcaciones observadas fondeando de forma irregular sobre posidonia, con especial incidencia en la Marina Alta y otros puntos del litoral alicantino.
No es un problema menor. Las anclas y cadenas arrancan literalmente lo que tocan, y en ecosistemas tan delicados y con crecimientos tan lentos como estas praderas, lo que podría parecer una afección pequeña se convierte en una gran amenaza. Un metro cuadrado de Posidonia oceanica puede generar hasta diez litros de oxígeno al día , y las praderas submarinas pueden almacenar el doble de carbono que los bosques templados y tropicales del planeta . Cada ancla mal echada no es solo un daño puntual: es potencialmente irreversible en la escala de una vida humana.
El Servicio de Vigilancia Marina opera desde seis bases distribuidas por toda la Comunitat Valenciana: Oropesa del Mar, El Perelló, Dénia, Moraira, El Campello y Torrevieja. Además de los avisos a embarcaciones, los equipos desarrollan labores de divulgación ambiental, generación de información técnica y apoyo a la protección del medio marino. El conseller destacó la reciente renovación del convenio con el Ayuntamiento de Dénia como un paso clave para reforzar la presencia en una de las zonas más sensibles del litoral.
"La protección del medio marino exige combinar vigilancia, divulgación y colaboración con los usuarios del litoral para garantizar la conservación de ecosistemas especialmente frágiles y de gran valor ecológico." - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana
Veinte años de guardacostas en aguas valencianas
El acto también sirvió para celebrar el vigésimo aniversario del servicio de Guardacostas de Espacios Naturales Protegidos con base en Dénia. Nacido en 2006 para reforzar la vigilancia de la Reserva Natural dels Fons Marins del Cap de Sant Antoni, el dispositivo fue ampliando progresivamente su radio de acción hasta abarcar otros espacios protegidos del litoral. Hoy presta apoyo a la gestión de la Reserva Natural Marina del Cap de Sant Antoni, el Parque Natural de la Serra Gelada y la Reserva Natural Marina de Irta.
Su trabajo complementa al del Servicio de Vigilancia Marina, pero va más allá de la posidonia: controla la velocidad de las embarcaciones, verifica que no haya motos acuáticas en zonas prohibidas y atiende emergencias en el mar. En dos décadas, sus profesionales han acumulado más de 300 intervenciones relacionadas con emergencias marítimas, rescates e incidentes en el litoral valenciano. Una cifra que, traducida a historias concretas, significa personas rescatadas, accidentes evitados y ecosistemas preservados.
Martínez Mus quiso reconocer expresamente el trabajo de quienes integran este servicio, al que calificó como "un ejemplo de cooperación entre administraciones, entidades científicas, cuerpos de seguridad y profesionales del mar comprometidos con la conservación del patrimonio natural". Veinte años en el agua, en suma, que demuestran que proteger el mar no es solo una cuestión de normas, sino de personas dispuestas a hacerlas cumplir, día a día, bajo el sol del Mediterráneo.

