Medio millar de plantas paradas y cinco años de promesas incumplidas: la Generalitat da un ultimátum al Gobierno por la cogeneración industrial

Valencia exige subastas y prórrogas urgentes para salvar la cogeneración cerámica. Castellón ya ha perdido el 27% de su capacidad en un solo año.

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Reunión de Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria
Reunión de Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria

Hay una tecnología que lleva décadas en el corazón de la industria cerámica española y que, en silencio, está desapareciendo. La cogeneración —ese sistema que genera electricidad y calor útil de forma simultánea, reduciendo el consumo energético de las fábricas— se enfrenta en Castellón a su peor momento en la historia reciente. Y la Generalitat Valenciana ha decidido que ya no puede esperar más.

El secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo, Felipe Carrasco, ha exigido formalmente al Gobierno de España la activación inmediata de las subastas para nueva cogeneración y la aprobación de una prórroga temporal para las plantas industriales que han agotado —o agotarán pronto— su vida útil regulatoria. El objetivo es evitar cierres que, advierten desde el Consell, serían irreversibles.

Cinco años de espera, ninguna subasta

El dato que mejor resume la situación es este: hace cinco años, el Gobierno anunció una subasta de 1.200 megavatios destinada a impulsar nuevas inversiones en cogeneración. Hoy, esa subasta sigue sin materializarse. Las subastas acumulan un retraso de cuatro años y constituyen un paso básico para activar las plantas que se encuentran paradas por falta de retribución. Mientras tanto, los hornos cerámicos siguen consumiendo energía, pero cada vez con menos eficiencia y más dependencia del mercado eléctrico convencional.

Carrasco trasladó esta reivindicación durante su participación en la mesa redonda 'Cogeneración e industria azulejera: competitividad, transición energética y futuro industrial', donde defendió con claridad la posición del Consell: la cogeneración es una tecnología imprescindible para mantener el empleo y el liderazgo exportador de la industria valenciana, y el Gobierno la está abandonando a su suerte.

"Es incomprensible que, mientras cada vez más instalaciones alcanzan el final de su vida útil regulatoria, no exista una planificación que permita su renovación ordenada" - Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo de la Generalitat Valenciana

Castellón: la mitad de las plantas, apagadas

La provincia de Castellón concentra el impacto más visible de esta crisis. La provincia tiene registradas 73 instalaciones de cogeneración, una energía clave para el sector azulejero, y tiene la mitad sin uso tras finalizar su vida útil regulatoria. No es una cifra abstracta: son fábricas que han tenido que asumir costes energéticos más elevados o reducir su actividad porque el marco regulatorio no les permite seguir operando con los incentivos que hacían viable la cogeneración.

Según datos de la patronal Acogen, la provincia ha perdido en solo un año —de 2025 a 2026— un 27% de cogeneración industrial, y la situación se ha agravado aún más en 2026, con una caída adicional del 37% en la producción durante el primer trimestre. Son números que difícilmente pueden calificarse como una tendencia gradual: es una caída en picado.

Más allá de la reducción de capacidad, el problema de fondo es el cambio en el funcionamiento del sistema energético. Según Acogen, la salida de la cogeneración está siendo compensada por una mayor presencia de ciclos combinados que actúan como respaldo, pero con un mayor consumo energético. En otras palabras: España está quemando más para producir lo mismo.

Una industria con dos frentes abiertos

Si la crisis de la cogeneración ya era un problema de primer orden, el sector cerámico afronta además una segunda amenaza en el horizonte: la previsible reducción de los derechos gratuitos de emisión de CO₂ podría suponer un impacto adicional de hasta 160 millones de euros para una industria cuya naturaleza térmica la hace especialmente difícil de descarbonizar. Los hornos de cocción de azulejos no se electrifican con la misma facilidad que un coche o una caldera doméstica.

Frente a esa doble presión, Carrasco insistió en que la sostenibilidad ambiental y la competitividad industrial deben avanzar en paralelo, no a contracorriente. Para la industria cerámica, la cogeneración constituye una herramienta estratégica que permite producir simultáneamente electricidad y calor útil con una elevada eficiencia, reduciendo consumos energéticos, mejorando la competitividad, disminuyendo emisiones y aportando estabilidad al sistema eléctrico.

La Generalitat presiona con enmiendas legislativas

Ante lo que describe como "continuos incumplimientos" del Gobierno central, el Consell ha optado por trasladar la presión al terreno legislativo. La estrategia incluye enmiendas para habilitar la convocatoria inmediata de las subastas pendientes, mecanismos transitorios que permitan la continuidad de las instalaciones que no han podido renovarse a tiempo, y la eliminación de cualquier limitación o requisito adicional que vaya más allá de lo ya establecido por la normativa europea.

El secretario autonómico también ha defendido que la cogeneración no es tecnología del pasado. Al contrario: su alta eficiencia energética y su capacidad para adaptarse al uso de gases renovables o hidrógeno la sitúan como una solución compatible con los objetivos climáticos europeos. No es un obstáculo para la transición; podría ser parte de la solución.

"La falta de sensibilidad del Gobierno se traduce en una irresponsabilidad hacia la cogeneración, que ya no puede seguir esperando" - Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo de la Generalitat Valenciana

El mensaje de fondo del Consell es rotundo: la cogeneración ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un problema de país. Cada planta que cierra es empleo que se pierde, inversión que no llega y tejido industrial que se erosiona. Y si el Gobierno no actúa con urgencia, advierte Carrasco, las consecuencias para la Comunitat Valenciana —y para el conjunto de la industria española— serán muy difíciles de revertir.