Las campanas de tres provincias y los trovadores medievales despiden a Jaume I 750 años después de su muerte

Valencia conmemora el 750 aniversario de la muerte de Jaume I con volteo de campanas y un concierto de música medieval gratuito en el Centre del Carme.

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El 27 de julio de 1276, Jaume I el Conqueridor moría en Alzira a los 68 años, dejando tras de sí uno de los legados más determinantes de la historia mediterránea: el Reino de Valencia, sus Fueros, su lengua, sus instituciones. Exactamente 750 años después de ese día, las catedrales de tres provincias han vuelto a hacerle sonar las campanas, y un claustro gótico levantado en su época ha acogido la música que él mismo pudo haber escuchado en su corte.

Un rey que sigue convocando, siete siglos y medio después

Jaume I, nacido en 1208 en Montpellier, fue rey de Aragón, Valencia y Mallorca, y protagonizó una etapa decisiva de expansión territorial de la Corona de Aragón hacia el Mediterráneo. Con él se crearon las bases políticas, jurídicas y territoriales del Reino de Valencia, y buena parte de lo que hoy entendemos como identidad valenciana —la lengua, el derecho foral, el territorio— hunde sus raíces en aquella época. Un hombre que, según los cronistas, todavía conservaba el ánimo y la energía para acudir a los conflictos incluso en sus últimos años, y que sólo unos pocos antes, en 1269, promovió una cruzada en Tierra Santa que sólo una tempestad pudo malograr.

El Consell ha acordado declarar 2026 como el año de la conmemoración del 750 aniversario de su muerte, reconociéndolo como una figura clave en la configuración histórica, política y jurídica de la Comunitat Valenciana. La Conselleria de Educación, Cultura y Universidades, a través del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV) y el Institut Valencià de Cultura (IVC), ha diseñado una programación de actos que arrancó este 27 de julio con una jornada de fuerte carga simbólica y seguirá durante los próximos meses con actividades culturales, educativas, patrimoniales, turísticas e institucionales.

Campanas al unísono en las tres provincias

A las 18.30 horas del domingo 27 de julio, las campanas de cuatro templos sonaron al mismo tiempo en las tres provincias valencianas para marcar la efeméride. No fue un toque cualquiera: cada lugar recuperó una tradición campanera propia, cargada de historia y de simbolismo fúnebre.

En la Catedral de València, los Campaneros de la Catedral interpretaron el llamado Toque del Clamor medieval, recogido en una consueta —un libro de usos litúrgicos— de 1527. En la Concatedral de San Nicolás de Bari de la diócesis Orihuela-Alicante, los Campaneros de la Vega Baja ejecutaron el Solemnísimo de difunto. Al mismo tiempo, el Gremi de Campaners de Castelló hacía sonar els Clamors per a rei en el Campanar de la Vila, el célebre Fadrí, campanario exento de la Concatedral de Santa María. Y en Segorbe, los Amigos de las Campanas tocaron El tejido para un rey en la Catedral Basílica de Santa María de la Asunción. Cuatro edificios, tres provincias, una misma despedida con siete siglos y medio de retraso.

El volteo fue seguido, en la Catedral de València, de una Misa de Angelis y un Te Deum con participación institucional. La Crónica de Jaime I alude al traslado a la ciudad de Valencia el 27 de julio, después de caer enfermo en Xàtiva, pasando por Alzira, en donde abdicó en favor de su primogénito el rey Pedro el Grande, mostrando su voluntad de ser llevado a la ciudad de Valencia, la capital del Reino, para fallecer ese mismo día de 1276. Que sea precisamente en esa ciudad donde resuenen hoy los clamores tiene, como mínimo, una coherencia poética difícil de ignorar.

Música trovadoresca en el claustro que él inspiró

La jornada se cerró a las 21.30 horas con uno de los gestos más evocadores de toda la programación: un recital de música medieval de entrada gratuita en el claustro gótico del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València. El escenario no es casual. El antiguo convento de El Carmen fue erigido precisamente en tiempos de Jaume I, lo que convierte sus muros en un testigo mudo —pero elocuente— de la época que se conmemora.

El Conjunto de Arte Troubadours, dirigido por Gérard Zuchetto, investigador del arte lírico del Trobar, ofreció un recorrido por la poesía lírica cortesana occitana de los siglos XII y XIII. Del universo de Bernart de Ventadorn, uno de los trovadores más célebres de la época, hasta Guiraut Riquier, considerado el último de los trovadores, quien estuvo al servicio de la corte de Alfonso X el Sabio. Entre medias, canciones de la Fin'Amor, composiciones satíricas y políticas, piezas en trobar clus —el estilo hermético y críptico— y en trobar leu —el de expresión clara y accesible para el gran público.

La voz de la soprano Sandra Hurtado-Ròs dio vida a las melodías, acompañada de un repertorio de instrumentos históricos que en sí mismos son toda una lección de musicología: vihuela de arco, dulcémele, laúd, guitarra, cítola, rabel, zanfona, gaita y clarines. Instrumentos que suenan extraños al oído contemporáneo, pero que en el siglo XIII eran el equivalente a una gran orquesta. También sonaron algunas de las célebres Cantigas de Santa María, la monumental colección musical promovida por Alfonso X el Sabio, contemporáneo y vecino político de Jaume I.

Un legado que la Generalitat quiere acercar a las nuevas generaciones

Los actos del 27 de julio son solo el arranque de una programación más amplia que se extenderá a lo largo de los próximos meses. Jaume I probablemente no sabía leer ni escribir, pero encargó a un funcionario real su biografía, el Llibre dels Feits, que se convirtió en la primera de las cuatro grandes crónicas reales en catalán. Esa paradoja —un rey iletrado que deja uno de los testimonios escritos más valiosos de la Edad Media— resume bien la complejidad de un personaje que sigue resistiéndose a los encasillamientos fáciles.

Para mallorquines y valencianos, fue el gran rey, el padre fundador de los reinos, el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, lengua, fueros, moneda e instituciones. Siete siglos y medio después, las campanas han vuelto a sonar por él. Y en un claustro que él mismo, sin saberlo, contribuyó a imaginar, la música de su tiempo ha llenado la noche valenciana de un verano que, por una vez, ha mirado al pasado sin nostalgia sino con genuina curiosidad.