Un pacto sin territorios corre el riesgo de quedarse en papel mojado. Esa es, en esencia, la advertencia que la Generalitat Valenciana trasladó esta semana en los MedCat Days de Barcelona, el principal foro europeo de gobernanza mediterránea, donde representantes de casi 40 regiones ribereñas debatieron cómo convertir las grandes declaraciones políticas en cambios reales para la ciudadanía. El lema elegido para la cita no dejaba lugar a la ambigüedad: 'From Pact to Impact'.
El Pacto existe. El problema es quién lo aplica
La Comisión Europea y la Alta Representante presentaron en octubre de 2025 una nueva y ambiciosa estrategia para reforzar las relaciones de la UE con sus socios del Mediterráneo meridional. El Pacto se estructura sobre tres pilares esenciales —personas e innovación, economías sostenibles y seguridad— que abarcan la gestión de la migración, las fronteras y los riesgos compartidos. Sobre el papel, la iniciativa es ambiciosa. En la práctica, su éxito depende de algo que los documentos oficiales suelen pasar por alto: ¿quién lo implementa sobre el terreno?
Esa es precisamente la pregunta que planteó Ruth Merino, secretaria autonómica de Representación ante la Unión Europea y las Comunidades Autónomas y Acción Exterior, durante la primera jornada del foro. La Generalitat participó en calidad de presidenta de la Comisión Intermediterránea (CIM) de la Conferencia de Regiones Periféricas y Marítimas (CRPM), lo que le otorgaba voz en nombre de cerca de 40 regiones mediterráneas. Una responsabilidad que Merino no quiso desaprovechar.
"Cuando desde la Comunitat Valenciana, como región, nos referimos a diplomacia territorial no lo hacemos como una ambición institucional. No pretendemos sustituir la diplomacia de los Estados ni la acción exterior de la Unión Europea, sino complementarlas desde la experiencia acumulada por las regiones tras décadas de relaciones estables con territorios vecinos, cooperación y aplicación de políticas públicas en ámbitos como el agua, la resiliencia climática o la gestión de riesgos" - Ruth Merino, secretaria autonómica de Representación ante la UE y Acción Exterior de la Generalitat Valenciana
Una diplomacia de la implementación, no de los discursos
Merino fue clara en su apoyo al nuevo Pacto, pero no menos clara en sus condiciones. A su juicio, el instrumento tiene un defecto de origen: confía su ejecución a actores que operan desde arriba —la Comisión, los Estados miembros— sin incorporar de forma estructural a quienes gestionan día a día las políticas con mayor impacto territorial. El agua, el clima, los riesgos naturales o la cooperación transfronteriza no son asuntos abstractos en una consejería regional; son decisiones que afectan a lo concreto: una comunidad de regantes, un municipio costero expuesto a inundaciones, una empresa que exporta al norte de África.
Por eso, la secretaria autonómica reivindicó lo que llamó una "diplomacia de la implementación", entendida como el complemento necesario a la acción exterior de la UE y de los Estados. No se trata de añadir una capa más de burocracia, sino de reconocer formalmente lo que ya ocurre de facto: que son las regiones las que traducen los acuerdos políticos en servicios para la ciudadanía.
Si los compromisos sobre formación, energía o descarbonización no encuentran instrumentos concretos para materializarse en la cuenca, el Pacto corre el riesgo de quedarse en retórica. La parte menos visible pero más decisiva es, precisamente, la implementación. Una advertencia que, paradójicamente, encaja a la perfección con el mensaje valenciano.
Interreg NEXT MED, el ejemplo que avala la propuesta
La Generalitat no llegó al foro con las manos vacías. Como ejemplo de cooperación territorial efectiva, Merino destacó la labor de Interreg NEXT MED, uno de los principales programas de cooperación de la cuenca mediterránea, cuyo Centro Gestor para el Mediterráneo Occidental alberga la propia Generalitat. En el marco de los MedCat Days, su coordinador, Vincent Ernoux, expuso la experiencia acumulada por el programa en el panel dedicado a la gobernanza del Pacto, mostrando cómo la cooperación práctica entre regiones puede traducirse en soluciones tangibles para la ciudadanía. No como teoría, sino como historial demostrado.
Al encuentro también asistió Raquel Aguado, directora general de Representación ante la Unión Europea y las Comunidades Autónomas, lo que subrayó el nivel de implicación institucional de la Comunitat Valenciana en este debate.
Un 'Mediterranean Desk' en Bruselas: la propuesta concreta
Más allá de los principios, la delegación valenciana puso sobre la mesa una propuesta institucional específica. Si el Mediterráneo quiere un lugar real en la arquitectura de la UE, argumentó Merino, necesita estructuras estables en Bruselas. La referencia son las macrorregiones nórdica y alpina, que cuentan con mecanismos permanentes de interlocución reconocidos por la propia Unión. Para el Mediterráneo, se plantea la creación de un 'Mediterranean Desk' equivalente: una oficina o estructura de coordinación que garantice que la dimensión mediterránea no dependa del impulso político del momento, sino de una arquitectura institucional duradera.
"La participación regional en la acción exterior mediterránea de la UE sólo será real si pasa de ser consultiva a ser estructural. Eso implica crear mecanismos formales, espacios permanentes de interlocución y capacidades técnicas compartidas que la UE reconozca como parte de su arquitectura de gobernanza mediterránea" - Ruth Merino, secretaria autonómica de Representación ante la UE y Acción Exterior de la Generalitat Valenciana
El Pacto por el Mediterráneo surge como la evolución del marco de cooperación inaugurado hace tres décadas con el Proceso de Barcelona , un proceso que, pese a sus buenas intenciones, nunca llegó a consolidar plenamente la participación regional en su gobernanza. Tres décadas después, la Generalitat Valenciana lleva a Barcelona —la misma ciudad donde todo comenzó— la misma demanda de siempre, pero con un argumento renovado: esta vez, las regiones no piden ser invitadas a la mesa. Piden que esa mesa exista de forma permanente.


