Hay juguetes que nacen en un pueblo alicantino y acaban en las manos de niños de más de 60 países. Eso es lo que hace Miniland, una empresa con sede en Onil que fabrica juguetes educativos y artículos de puericultura, y que acaba de recibir una visita institucional de peso: la del secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo, Felipe Carrasco, que se desplazó hasta sus instalaciones para conocer de primera mano cómo se diseñan, fabrican y desarrollan sus productos.
Más de 130.000 euros en apoyo público para crecer hacia fuera y hacia adelante
La visita no fue solo protocolo. Detrás hay una apuesta económica concreta: el Institut Valencià de Competitivitat e Innovació (Ivace+i) ha destinado más de 130.000 euros a apoyar la innovación, la digitalización y la internacionalización de Miniland. Un respaldo financiado por la Unión Europea a través del programa FEDER Comunitat Valenciana para el período 2021-2027, el mismo fondo que sostiene buena parte de la transformación industrial de la región.
¿En qué se ha traducido ese dinero? En proyectos de digitalización orientados a mejorar la experiencia del cliente, tanto en la atención como en el producto final. También en el desarrollo de nuevas líneas de puericultura fabricadas con materiales sostenibles, una apuesta que ha permitido a la empresa diversificar su catálogo. Y, además, en acciones de apoyo estratégico y promoción internacional que amplían su huella en los mercados exteriores.
"El sector del juguete es estratégico para nuestra economía, genera empleo y forma parte de nuestra identidad industrial, y Miniland refleja cómo las ayudas se traducen en resultados: productos más sostenibles, procesos más eficientes y una mayor presencia en los mercados exteriores" - Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo de la Generalitat Valenciana
Un sector con raíces profundas y un momento de recuperación
La Foia de Castalla no es solo geografía: es la cuna del juguete español. En esa comarca alicantina, que agrupa a municipios como Ibi, Onil y Castalla, se concentra la mayor parte del tejido industrial juguetero valenciano. Las empresas de la zona facturan en torno al 11% del total nacional, con unos 180 millones de euros sobre un global de 1.700 millones. Una cifra que habla por sí sola del peso territorial de esta industria.
La Comunitat Valenciana, en su conjunto, es la tercera región española más exportadora de juguete, con un 12% del total exportado por España. Este porcentaje se eleva al 27% si se tiene en cuenta únicamente el juguete tradicional. No es un dato menor: detrás hay décadas de saber hacer, diseño propio y una cadena de valor construida a base de empresas familiares que han sobrevivido a crisis, cambios de consumo y la presión de la producción asiática.
Precisamente ahí radica una de las tensiones más visibles del sector. La industria juguetera anticipa un cierre de ejercicio positivo, con un crecimiento en torno al 2,5%, aunque los fabricantes denuncian el desamparo ante la competencia desleal de actores que ofrecen productos sin ninguna garantía. Felipe Carrasco no esquivó ese debate durante su visita a Onil: dejó claro que el Consell "seguirá defendiendo los intereses de la industria juguetera valenciana, también en el ámbito europeo, frente a la competencia desleal de productos que no cumplen los estándares de seguridad".
Innovación y sostenibilidad como respuesta al futuro
El caso de Miniland ilustra un modelo que la Generalitat quiere replicar: empresas con historia que no se conforman con el legado, sino que lo reinventan. Materiales sostenibles en la puericultura, digitalización de la atención al cliente, presencia creciente en mercados internacionales. Son movimientos que pueden parecer graduales, pero que en conjunto reposicionan a una empresa alicantina en la primera línea del juguete europeo.
La visita de Carrasco a Onil no cierra ningún capítulo; más bien abre uno. La Generalitat reafirma así su compromiso con el tejido industrial de la provincia de Alicante y con un sector que combina tradición centenaria, empleo cualificado e innovación aplicada. En un momento en que la industria local busca diferenciarse de la producción de bajo coste, apuestas como la de Miniland demuestran que fabricar en la Comunitat Valenciana puede ser, a la vez, un argumento de calidad y una ventaja competitiva real.


