La música tradicional valenciana siempre ha sido un vínculo entre generaciones, un lenguaje compartido que resuena en plazas y fiestas populares. Ahora, el Institut Valencià de Cultura (IVC) y la Federació de Folklore de la Comunitat Valenciana lanzan el I Cicle de Folklore Inclusiu, una iniciativa pionera que lleva ese legado cultural a quienes pocas veces se ven reflejados en él: las personas con diversidad funcional. ¿Puede la dolçaina convertirse en una herramienta de inclusión? La respuesta llega en forma de programa.
Un ciclo que arranca en septiembre y recorre tres municipios
La primera jornada tendrá lugar el próximo 6 de septiembre, de 10.00 a 13.00 horas, en la sede de la Associació de Familiars de Malalts d'Alzheimer (AFAC) de Catarroja. Allí, la asociación cultural y escuela de dolçaina y tabal A Quatre Quaranta será la encargada de dar vida a una sesión didáctica que mezclará música, movimiento y tradición. No es casualidad que el primer encuentro se celebre en un espacio vinculado al Alzheimer: la música, especialmente la enraizada en la memoria colectiva, es uno de los recursos más potentes para estimular a personas con deterioro cognitivo.
El ciclo continuará el 18 de octubre en Picassent, con el grupo cultural Ball de Bastonots, y cerrará el 25 de octubre en Chiva, con la Colla de Dolçaina i Tabal de Xiva. Tres fechas, tres municipios distintos y un mismo hilo conductor: la cultura valenciana como punto de encuentro.
El Grup de Danses l'Horteta de Sellent, columna vertebral del proyecto
Detrás de la cohesión del ciclo hay un grupo que actúa como motor en las tres jornadas: el Grup de Danses l'Horteta de Sellent, que no solo dinamiza cada sesión, sino que ha participado activamente en el desarrollo del proyecto didáctico que sustenta todo el programa. Su implicación va más allá de la actuación puntual; es una apuesta sostenida por hacer del folklore un espacio abierto.
En cada encuentro confluyen grupos de danza, colles de tabal i dolçaina de la Federació de Folklore de la Comunitat Valenciana y grupos de percusión. La Federació de Folklore de la Comunitat Valenciana agrupa cerca de 300 asociaciones federadas de toda la Comunitat, con más de 15.000 personas activas dedicadas a la conservación y difusión del folklore valenciano. Con ese músculo asociativo detrás, el salto hacia la inclusión resulta aún más significativo.
Alzheimer, diversidad y mayores: los colectivos en el centro
El ciclo no se construye en el vacío: cuenta con la colaboración directa de entidades que trabajan a diario con colectivos habitualmente al margen de la agenda cultural. La AFAC de Catarroja, la asociación Divergentes de Picassent y el Centro de Mayores de Chiva son los socios sobre el terreno, los que garantizan que el folklore llegue a quienes más pueden beneficiarse de él. Porque la brecha cultural rara vez es de interés; casi siempre es de acceso.
La inmensa diversidad que constituye el rico folclore de Alicante, Castellón y Valencia permite que la Federació de Folklore de la Comunitat Valenciana englobe grupos de danzas, collas de tabal y dolçaina, rondallas, orquestas de pulso y púa, agrupaciones corales y grupos de cant d'estil. Ahora, esa diversidad interna da un paso más para convertirse también en diversidad humana.
Cultura tradicional como acto político de inclusión
El I Cicle de Folklore Inclusiu no es únicamente un programa de actividades. Es también una declaración de intenciones: la cultura valenciana no puede considerarse patrimonio de todos si no llega, de verdad, a todos. La iniciativa busca visibilizar a colectivos con diversidad funcional, promover su participación en actividades de cultura tradicional y fomentar la conciencia sobre las barreras que aún les impiden un acceso pleno a la vida cultural.
En un contexto en el que la inclusión sigue siendo más un deseo que una realidad en muchos ámbitos culturales, este ciclo propone un modelo concreto y replicable: llevar la música y la danza tradicional directamente a los espacios donde viven y se reúnen los colectivos más vulnerables, en lugar de esperar que sean ellos quienes se acerquen a los teatros y auditorios. La dolçaina, ese instrumento de viento de raíz árabe que lleva siglos resonando en las fiestas valencianas, puede sonar igual de poderosa en la sala de un centro de mayores que en la Plaza de la Virgen. Quizá más.


