¿Qué ocurre cuando la danza abandona el teatro y se instala en una escuela de dolçaina, en un grupo de personas sordas o en la memoria de las personas mayores de un pueblo? Eso es exactamente lo que propone Impuls a la Dansa en su quinta edición, el programa de descentralización artística de Dansa València que, entre junio y diciembre de 2026, lleva residencias artísticas, acciones de mediación y formación técnica a 10 municipios repartidos por las tres provincias de la Comunitat Valenciana.
El programa lo impulsa la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades a través del Institut Valencià de Cultura (IVC) y sus raíces son ya conocidas: la iniciativa nació en 2022 para situar las artes del movimiento en otros espacios de la Comunitat desde múltiples ejes, localizaciones y fechas. Cuatro años después, el proyecto ha madurado hasta convertirse en una red estable de municipios que apuestan por la creación contemporánea como herramienta de cohesión social. La apuesta no es menor: la descentralización del festival no solo está beneficiando a las comunidades locales, al brindarles acceso a una disciplina infrarrepresentada en la oferta cultural, sino que también crea oportunidades para artistas valencianos, en su mayoría emergentes, para desarrollarse.
"Con este proyecto conseguimos que la experimentación que se da en Dansa València no quede limitada a las grandes capitales. Nuestro objetivo es que cada municipio pueda convertirse durante Impuls a la Dansa en un punto de encuentro de artistas actuales con los vecinos y vecinas, y que de estas vivencias compartidas se generen nuevas miradas en unos y otros" , ha señalado la directora adjunta del IVC, María José Mora, una declaración que resume bien la filosofía del programa.
Alicante: filosofía, flamenco inclusivo y danza en cuerpo gestante
En la provincia de Alicante, tres proyectos de naturaleza muy distinta comparten el mismo espíritu: llevar la creación contemporánea a espacios y comunidades que raramente acceden a ella. En la Villajoyosa, la Cia. Marroch llegará en octubre para desarrollar 'El dilema del puercoespín', un dúo que toma prestada la célebre metáfora del filósofo Arthur Schopenhauer —la paradoja de los puercoespines que se acercan para darse calor pero se hieren con sus púas— para explorar la tensión entre cercanía y distancia en las relaciones humanas, todo ello a través del lenguaje corporal.
En Dénia, la compañía de Irene de la Rosa trabaja entre septiembre y noviembre en 'Antoñita', una residencia de mediación que combina lengua de signos, flamenco, tradición y contemporaneidad en un proyecto inclusivo construido junto a personas sordas. La muestra final formará parte de la programación del Festival Ultramar Dansa. Más al norte, en Benicasim, Jacob Gómez impulsa 'Maternarte', una investigación sobre el embarazo como territorio creativo desarrollada junto a la bailarina gestante Lara Misó, y que culminará en una pieza de videodanza. El cuerpo como archivo, como símbolo, como pregunta.
Castellón: tecnología, música tradicional y la universidad como laboratorio
En la provincia de Castellón, el Paranimf de la Universitat Jaume I de Castelló de la Plana ya acogió en julio la estancia técnica de Vicent Gisbert, quien trabajó en 'La nit inventada', un proyecto híbrido que cruza danza, sonido en directo y tecnología para reflexionar sobre cómo resuena el movimiento en el espacio. La elección de un paraninfo universitario como sede no es casual: la investigación artística y la académica comparten cada vez más fronteras.
Almassora acoge este trimestre a Noelia Arcos junto a Visitants Escènica S.L. con 'També Almassora', una propuesta que tiende puentes entre la danza contemporánea y la música tradicional a través del diálogo con dos asociaciones de fuerte identidad comunitaria: Tambors de Passió y Dolçaina i Tabal Les Goles. El reto es tan sutil como ambicioso: que la contemporaneidad no borre la identidad local, sino que la amplíe.
Valencia: folclore reinterpretado, precariedad laboral y memoria franquista
La provincia de Valencia concentra algunos de los proyectos más comprometidos temáticamente. En el Genovés, Marta Sofía Gallego trabaja entre octubre y diciembre junto al Grup de Danses de l'Associació Cultural 9 d'Octubre en 'Tradi', un proceso de mediación que parte de materiales provenientes de bailes tradicionales —el peso, el ritmo, la relación con la música, la repetición, la improvisación propia de los saraos y bureos— para abrir nuevas posibilidades de movimiento desde herramientas contemporáneas.
En Puçol, Adri Ros lleva a cabo este mes de septiembre la estancia de creación de 'Un principi i un final', un solo que fusiona cuerpo y texto para reflexionar sobre la segunda mitad de una carrera profesional en las artes escénicas. La precariedad laboral y el contexto sociopolítico actual son el telón de fondo de una pieza que convierte la autobiografía en crítica. En Aielo de Malferit, Cristina Martí indaga en esa otra memoria que no se dice en voz alta: 'Coreogràfies de la memòria' transforma traumas y recuerdos familiares silenciados durante el franquismo en movimiento, explorando cómo se transmite la historia más allá del relato.
Comunidad, escucha y personas mayores: los otros protagonistas
En Alboraya, la compañía EYAS Dance Project despliega 'Bolero en escucha', un taller participativo basado en su investigación coreográfica sobre el 'Bolero de Ravel' de Maurice Ravel, en el que se involucrarán las escuelas y agrupaciones de danza locales: la Asociación Andaluza, el Grup de Danses Carraixet y la Agrupació de Danses de la Societat Musical d'Alboraia. A través de sesiones prácticas de dos horas, el proyecto combina herramientas del taller 'Cossos en escolta' con una adaptación al contexto comunitario del municipio. La música clásica universal como punto de partida; la identidad local, como destino.
Cierra el mapa de esta quinta edición Picassent, donde Roseta Plasencia trabaja con el Grup de Dansa EMT en 'Cantant records', una mediación que utiliza el canto y la danza para dinamizar la memoria emocional de las personas mayores del municipio. En un país donde el envejecimiento de la población es uno de los grandes desafíos sociales, este proyecto recuerda algo que a veces se olvida en los debates sobre política cultural: que la danza también puede ser una forma de cuidado.
Diez municipios, diez proyectos, tres provincias. Dansa València sigue apostando por la descentralización de las artes del movimiento, expandiendo la danza a otros territorios y contextos durante todo el año. Lo que empezó en 2022 como un proyecto piloto con cinco localidades se ha convertido en una red de creación y mediación que demuestra que la cultura contemporánea no necesita grandes escenarios para generar impacto real: a veces basta con una sala de ensayo, un grupo de vecinos dispuestos a escuchar y un artista que sepa dónde mirar.


