La Comunitat Valenciana pone en valor sus 34 centros de envejecimiento activo con su primera jornada de buenas prácticas

La consellera Albalat reúne a siete CEA valencianos para compartir experiencias y lanza los Premios de Buenas Prácticas en residencias de mayores.

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Visita de la Consellera Albalat
Visita de la Consellera Albalat

Envejecer no es solo cuestión de años. Es, sobre todo, una cuestión de calidad de vida. Con esa convicción como telón de fondo, la Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana celebró en València la I Jornada de Buenas Prácticas de los Centros de Envejecimiento Activo (CEA), un encuentro inédito que reunió por primera vez a profesionales, entidades y personas usuarias de siete de estos centros distribuidos por todo el territorio autonómico.

El acto tuvo lugar en la Ciutat Administrativa 9 d'Octubre de València y fue inaugurado por la consellera Elena Albalat, quien no dudó en lanzar un mensaje claro sobre el papel que deben jugar las políticas públicas frente al envejecimiento de la población.

"Una sociedad que cuida el envejecimiento activo es una sociedad más fuerte, porque promover la participación y la autonomía de las personas mayores mejora su calidad de vida y contribuye a reforzar la cohesión social" - Elena Albalat, consellera de Servicios Sociales, Familia e Infancia de la Generalitat Valenciana

Un modelo centrado en vivir más y vivir mejor

La jornada, organizada por la Dirección General de Dependencia y de las Personas Mayores bajo el lema "Compartir para avanzar: experiencias que fortalecen el envejecimiento activo", no fue un evento de puertas cerradas ni un intercambio técnico al uso. Fue, en cierto modo, una demostración práctica de que el envejecimiento activo puede —y debe— organizarse en red. Albalat subrayó que el encuentro marca "un paso adelante en la construcción de una red más fuerte, colaborativa e innovadora" para hacer frente al reto demográfico que tiene por delante la sociedad valenciana.

Porque el reto es real. Los CEA son centros diurnos de carácter ambulatorio que prestan atención profesional especializada y preventiva para personas mayores, promoviendo el envejecimiento activo de manera saludable. Desarrollan actuaciones de prevención, rehabilitación, asesoramiento y apoyo personal con carácter periódico, con el objetivo de contribuir a la autonomía personal de las personas. En la práctica, eso se traduce en fisioterapia preventiva, talleres cognitivos, actividades culturales, programas intergeneracionales y apoyo a personas en riesgo de vulnerabilidad: un ecosistema de servicios pensado para que mayores y comunidad local se retroalimenten.

La consellera fue contundente al respecto: los centros de envejecimiento activo son "una herramienta fundamental para hacer realidad un modelo de sociedad más inclusivo, participativo y solidario". Y añadió una reflexión que va más allá de la gestión administrativa: "Hablar de envejecimiento activo es reconocer que las personas mayores siguen teniendo mucho que aportar y que deben contar con espacios y oportunidades para hacerlo".

Siete centros, un propósito común

En la jornada participaron los CEA de Cullera, Sagunt, Valencia-Jorge Juan, Burriana, Nules, Segorbe y Crevillente. Siete centros que, pese a operar en contextos geográficos y sociales distintos —desde municipios costeros hasta localidades del interior— comparten la misma lógica: que la vejez no es una etapa de retirada, sino de participación activa. Entre las experiencias presentadas destacaron proyectos de intercambio intergeneracional, programas de apoyo a personas vulnerables, iniciativas culturales y propuestas de empoderamiento social.

La jornada incluyó además un espacio expositivo donde cada centro pudo mostrar sus proyectos en marcha, convirtiendo el encuentro en algo parecido a una feria de ideas: un escaparate donde lo que se exhibe no son productos, sino maneras concretas de mejorar la vida cotidiana de miles de personas. La Fundación la Caixa también tuvo presencia en el evento, presentando su programa orientado a impulsar la participación y el voluntariado entre las personas mayores, y reforzando así la colaboración entre administraciones y entidades sociales.

Albalat aprovechó la ocasión para reconocer públicamente "la dedicación y el compromiso de los equipos profesionales" que sostienen estos centros cada día, y destacó el papel protagonista de las personas mayores usuarias, a quienes definió como "el motor de estos espacios y el mejor ejemplo de lo que significa envejecer de forma activa y participativa".

Premios a las buenas prácticas en residencias: segunda edición

La celebración de la jornada coincidió con un anuncio que no pasó desapercibido: la publicación en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV) de la convocatoria de la segunda edición de los Premios Buenas Prácticas en Centros Residenciales de Personas Mayores. Este reconocimiento está dirigido a entidades de titularidad privada —tanto de iniciativa social como mercantil— y a personas físicas que gestionen centros residenciales de personas mayores ubicados en la Comunitat Valenciana. Una apuesta por extender la cultura de la innovación y la excelencia más allá de la red pública.

En la actualidad, la Comunitat Valenciana cuenta con 34 CEA repartidos por su territorio. Su labor incluye fomentar las relaciones interpersonales y la participación de las personas mayores, promocionar hábitos de vida saludable y optimizar los activos de salud en el ámbito territorial, así como fomentar el ocio, la cultura, el deporte y la inclusión digital, además de las relaciones intergeneracionales con el entorno social y cultural. Una red que, con jornadas como esta, comienza a mirarse a sí misma con la voluntad de aprender de sus propias experiencias y construir algo más cohesionado.

En un país donde la pirámide demográfica lleva décadas invirtiéndose, la pregunta no es si habrá más personas mayores —las habrá—, sino qué tipo de sociedad se construye a su alrededor. La apuesta de la Comunitat Valenciana parece clara: una en la que envejecer no sea sinónimo de quedar al margen, sino de seguir siendo parte activa del tejido social.