GPS en lugar de alambradas: Valencia apuesta por el vallado virtual para salvar la ganadería extensiva y atraer a los jóvenes al campo

Valencia destina 9 millones a modernizar 446 explotaciones ganaderas con collares GPS y vallado virtual dentro de una estrategia 2026-2030.

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Barrachina
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Imagina gestionar un rebaño de ovejas sin levantar ni un poste de madera, sin tensar un solo metro de alambre, sin recorrer el monte a pie para saber si los animales siguen donde deben. Eso es, en esencia, lo que propone el vallado virtual: una cerca que no se ve, no se toca y vive en el móvil del ganadero. La Conselleria de Agricultura de la Comunitat Valenciana acaba de hacer una apuesta firme por esta tecnología como palanca para modernizar un sector que lleva décadas perdiendo pulso frente al éxodo rural y el envejecimiento de sus protagonistas.

El conseller Miguel Barrachina presentó esta tecnología aplicada al pastoreo extensivo en Siete Aguas, en un acto que reunió a ganaderos y técnicos del sector para demostrar en vivo cómo funcionan los collares GPS que sustituyen a las cercas físicas permanentes. La elección del lugar no es casual: Siete Aguas, en el interior valenciano, es el tipo de territorio donde la ganadería extensiva lucha cada día contra el terreno abrupto, la falta de mano de obra y la rentabilidad esquiva.

"La ganadería extensiva necesita apoyo, menos cargas y también innovación para seguir siendo viable" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunitat Valenciana

Una cerca que vive en el teléfono

El vallado virtual permite controlar el movimiento del ganado sin necesidad de instalar cercas físicas. Funciona mediante collares con GPS que llevan los animales geolocalizados y que están conectados a un sistema digital donde el ganadero define los límites del terreno. Cuando un animal se acerca a esas fronteras virtuales, el collar emite primero una señal sonora de advertencia y, si continúa avanzando, aplica un estímulo eléctrico leve que lo hace retroceder. Con el tiempo, los animales aprenden a reconocer estos avisos y a respetar los límites establecidos. El resultado es un rebaño que pasta en libertad pero dentro de unos márgenes que el ganadero puede redefinir desde la aplicación del móvil con solo deslizar el dedo sobre un mapa.

La tecnología tiene un origen nórdico: fue desarrollada en Noruega en 2011 por un criador de cabras como alternativa sostenible a los vallados físicos. Desde que sus primeros clientes piloto comenzaron a utilizarla en 2019, la popularidad de los vallados virtuales no ha dejado de crecer, y en 2024 se superaron los 100.000 collares vendidos en toda Europa. España ha llegado tarde a esta tendencia, pero cada vez más territorios se suman: en La Rioja, ganaderos ya usan estos collares GPS para promover la regeneración de los pastos, asegurar la alimentación natural de sus animales y mantener limpio el monte como medida antiincendios, dentro de líneas de ayuda con financiación regional, nacional y europea.

La rentabilidad económica supone un factor limitante a la hora de mantener estas explotaciones, y una de las tareas que más mano de obra requiere en ganadería extensiva es el control de la manada en época de pasto, puesto que puede abarcar zonas muy amplias y de difícil acceso. En ese contexto, poder vigilar al rebaño desde casa —o desde cualquier lugar con cobertura— no es un capricho tecnológico: es la diferencia entre aguantar o tirar la toalla.

De 15 a 30 ganaderos en un solo año

El crecimiento del interés por esta herramienta en la Comunitat Valenciana habla por sí solo. En 2024, solo 15 ganaderos valencianos solicitaron ayudas específicas para collares de vallado virtual. En 2025 fueron 38. Y en 2026, ya son 30 los que han pedido esta inversión concreta, dentro de un grupo de 64 que ha optado por equipamiento de control de pastoreo —incluidos pastores eléctricos y vallas móviles—. Una adopción que se triplica en apenas dos años y que sugiere que la tecnología ya no genera desconfianza entre quienes trabajan el campo.

Estos dispositivos forman parte de las ayudas de competitividad y modernización ganadera, un programa dotado con 9 millones de euros para 446 explotaciones de toda la comunidad autónoma. Los collares, sensores y el software de gestión asociado son inversiones subvencionables, lo que reduce significativamente la barrera de entrada para explotaciones que operan con márgenes muy ajustados.

"El futuro del sector pasa por unir tradición y tecnología: mantener el pastoreo, cuidar el territorio y, al mismo tiempo, ofrecer a los ganaderos herramientas que les permitan trabajar mejor, ganar tiempo y reducir costes" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunitat Valenciana

Una estrategia de fondo: 70 medidas para salvar el pastoreo valenciano

El vallado virtual no es una iniciativa aislada, sino una pieza dentro de un tablero más amplio. Barrachina la enmarca en la Estrategia Valenciana de Ganadería Extensiva 2026-2030, un plan que agrupa 70 medidas organizadas en 11 ejes y 3 pilares, y que aborda desde la modernización tecnológica hasta el relevo generacional, pasando por la sanidad animal y la comercialización. Su línea 7 apunta directamente a la digitalización inteligente: monitoreo remoto, análisis predictivo, collares GPS e inteligencia artificial aplicada a la toma de decisiones en las explotaciones.

El paquete de medidas de apoyo al sector no se agota en las ayudas tecnológicas. La conselleria también contempla subvenciones a las Agrupaciones de Defensa Sanitaria Ganadera, indemnizaciones por sacrificios obligatorios de animales enfermos, una reforma de la Ley de Ganadería, futuras ayudas a servicios de sustitución y una medida que llama especialmente la atención: la bonificación del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales al 0% cuando se traspasa de forma íntegra una explotación de ganadería extensiva. Una señal clara de que el problema del relevo generacional está en el centro de la agenda.

Existe un consenso generalizado sobre los beneficios de la ganadería extensiva, tanto desde el punto de vista socioeconómico —por su capacidad de fijar población en zonas rurales— como desde el punto de vista ambiental, por los servicios ecosistémicos que proporciona. Potenciar este tipo de ganadería evita el abandono de pastos y la gestión de los prados en zonas de montaña, frenando el avance de la masa forestal y, con ello, la pérdida de biodiversidad. Cada rebaño que sigue pastando, en definitiva, hace mucho más que producir carne o leche: limpia el monte, da vida al territorio y mantiene en pie comunidades que de otro modo quedarían vacías. Que ahora lo haga con GPS en el cuello no cambia lo esencial de esa historia.