Galápagos autóctonos vuelven a la Marjal dels Moros: la Generalitat y Bioparc liberan una veintena de ejemplares de una especie en peligro en Valencia

La Generalitat y la Fundación Bioparc reintroducen cerca de veinte galápagos europeos en el humedal valenciano de la Marjal dels Moros.

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Una veintena de galápagos europeos han recuperado su libertad en la Marjal dels Moros, el humedal costero que se extiende entre los municipios valencianos de Puzol y Sagunto. La Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana y la Fundación Bioparc han unido fuerzas para devolver al medio natural a estos ejemplares de Emys orbicularis, la única tortuga de agua dulce verdaderamente autóctona de Europa, una especie catalogada como vulnerable en España y en peligro de extinción en las poblaciones del Levante.

Una especie que se borra del mapa valenciano

El dato es contundente: en la Comunitat Valenciana el galápago europeo es una especie rara y amenazada que se encuentra únicamente en humedales costeros, lagunas y marjales a lo largo de la franja litoral, con una población total estimada en no más de 1.000 o 2.000 ejemplares adultos . Una cifra que obliga a actuar, porque detrás de cada individuo hay un eslabón irremplazable en el equilibrio de estos ecosistemas acuáticos.

Los mayores peligros para la especie son la destrucción y fragmentación de su hábitat, junto con la introducción de especies exóticas invasoras, tanto quelonios como peces e invertebrados. A eso se suma la destrucción y contaminación de humedales costeros —principal hábitat de la especie en esta zona— por procesos acelerados de urbanización y transformación agrícola. El resultado es un retroceso silencioso, difícil de percibir desde la orilla de una carretera pero demoledor para la biodiversidad.

De la incubadora al humedal: un proceso de años

Los ejemplares liberados no llegaron al humedal directamente desde un nido. Detrás de cada galápago hay un largo proceso de cría y seguimiento especializado. Durante sus primeras etapas de vida, los animales permanecieron bajo cuidados técnicos en Bioparc Valencia y en el Acuario de Gijón, donde recibieron atención veterinaria continua hasta alcanzar el tamaño considerado adecuado para garantizar su supervivencia en el medio natural. Esta técnica, conocida como «head-starting», busca reducir la altísima mortalidad que sufren las crías en sus primeros meses de vida.

La suelta no fue solo un acto técnico. En ella participaron niñas y niños de la escuela de verano de Bioparc Valencia, que vivieron de primera mano el momento en que los animales tocaron el agua por primera vez. Una apuesta deliberada por convertir la conservación en una experiencia que deja huella, porque la mejor garantía para el futuro de una especie es que las próximas generaciones la consideren suya.

El enemigo invisible: las tortugas exóticas

Hay una paradoja en todo esto. Mientras se trabaja para recuperar al galápago europeo, los humedales valencianos siguen poblados por miles de tortugas exóticas —principalmente la tortuga de Florida (Trachemys scripta)— que fueron mascotas abandonadas por sus dueños y que hoy compiten directamente con la especie autóctona por alimento, espacio y lugares de asoleamiento. La introducción de especies exóticas que compiten por el alimento y el espacio constituye una de las amenazas directas para el galápago europeo. La Conselleria desarrolla programas específicos de control y retirada de estas especies invasoras en los humedales de la Comunitat, precisamente para despejar el terreno a los autóctonos que ahora regresan.

Un convenio que va más allá de esta suelta

La liberación en la Marjal dels Moros se enmarca en un convenio de colaboración entre la Generalitat y la Fundación Bioparc que no se agota en una sola acción. El acuerdo contempla líneas de trabajo centradas en especies de agua dulce y fauna urbana y periurbana, con actuaciones que abarcan desde la recuperación de poblaciones hasta la protección de hábitats. El proyecto combina la cría controlada con la liberación en humedales adecuados, reforzando las poblaciones silvestres y promoviendo la sensibilización sobre la biodiversidad y la tenencia responsable de animales.

El futuro de esta especie pasa por una protección efectiva de su hábitat, así como por proyectos de reintroducción que estabilicen sus poblaciones. Esa hoja de ruta es exactamente la que siguen la Generalitat y Bioparc: actuar sobre el terreno, controlar las amenazas y, al mismo tiempo, explicarle a la sociedad por qué vale la pena esforzarse por una tortuga de caparazón oscuro salpicado de manchas amarillas que pasa la mayor parte del tiempo escondida entre los carrizos de un marjal. Quizá porque su desaparición no haría ruido, pero dejaría un vacío que no se puede rellenar.