Endesa se lleva el contrato eléctrico de Metrovalencia y el TRAM d'Alacant: 21,7 millones para mantener la luz encendida en 270 kilómetros de red

FGV adjudica a Endesa el suministro eléctrico de Metrovalencia y TRAM d'Alacant por 21,7 M€ anuales, un 32% más que el contrato anterior.

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Detrás de cada metro que sale puntual de una estación, de cada torniquete que se abre y de cada andén iluminado hay una factura eléctrica. Y en el caso de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV), esa factura no es precisamente modesta: 21.757.096,63 euros al año. Ese es el importe del contrato que la entidad pública acaba de adjudicar a Endesa Energía S.A.U. para garantizar el suministro de electricidad a Metrovalencia y al TRAM d'Alacant durante los próximos doce meses, desde el 20 de agosto de 2026 hasta el 19 de agosto de 2027.

Un contrato que crece al ritmo del precio de la energía

La cifra no pasa desapercibida si se compara con el ejercicio anterior. En octubre de 2025, FGV adjudicó un contrato equivalente, también a Endesa Energía S.A.U., por un importe de 16.484.872,10 euros para un periodo de un año. El salto hasta los 21,7 millones actuales representa un incremento de más del 32% en apenas diez meses, una señal elocuente de la presión que el mercado energético sigue ejerciendo sobre los presupuestos del transporte público. No es un fenómeno nuevo ni exclusivo de la Comunitat Valenciana: la licitación conjunta del suministro por parte de varias empresas ferroviarias —por séptimo año consecutivo— persigue lograr las mejores condiciones posibles de contratación, aunque en contextos de alza de precios el coste puede aumentar considerablemente para las empresas.

El contrato cubre un espectro amplio de necesidades eléctricas: tracción ferroviaria, instalaciones de mantenimiento, edificios de oficinas y estaciones, tanto subterráneas como en superficie, en Valencia y Alicante. Es decir, la corriente que mueve los trenes, pero también la que ilumina los pasillos, mueve los ascensores y mantiene operativos los sistemas de seguridad.

Más de 270 kilómetros de red con el contador puesto

La red que depende de este suministro suma más de 270 kilómetros y cerca de 220 estaciones y paradas. Para hacerse una idea de la magnitud: es como electrificar una línea que fuera de Valencia a Madrid... y casi de vuelta. En Valencia, el sistema se compone de seis líneas de metro y cuatro de tranvía, con un total de 161 kilómetros de red y 147 estaciones y paradas. En Alicante, la energía suministrada permite operar las líneas 1, 2, 3, 4, 5 y parcialmente la línea 9 del TRAM d'Alacant, abarcando 111 kilómetros y 71 estaciones y paradas.

Millones de desplazamientos cotidianos dependen, en última instancia, de que ese flujo eléctrico no se interrumpa. Un estudiante que coge el metro en Universitat Politècnica, un trabajador que sube al TRAM en Benacantell o un turista que llega al aeropuerto de Alicante en tren: todos ellos viajan, sin saberlo, sobre un contrato de suministro renovado cada doce meses.

La compra colectiva como escudo frente al mercado

La contratación está vinculada a los puntos de consumo de la Administración de la Generalitat, su sector público instrumental y entidades adheridas, en el marco del acuerdo de la Central de Compras de la Generalitat. FGV, como entidad del sector público instrumental, está sujeta a dicha Central de Compras y a los acuerdos marco que desde ella se articulan. Este mecanismo de compra centralizada permite agrupar la demanda de varias entidades públicas y negociar condiciones más ventajosas que las que obtendría cada organismo por separado, algo especialmente valioso en un mercado eléctrico tan volátil como el actual.

El consumo eléctrico de redes ferroviarias de esta envergadura equivale al de todos los hogares de una población superior a 600.000 habitantes. Una perspectiva que ayuda a entender por qué mantener el transporte público en marcha no es solo una cuestión de horarios y billetes, sino también de gestión energética a gran escala. En un escenario donde el precio de la electricidad sigue marcando la agenda política y económica, el coste de mover a millones de ciudadanos en metro o tranvía se convierte en un termómetro más de la salud del sistema energético europeo.