El suelo valenciano, bajo la lupa: la Generalitat invierte 205.000 euros en investigar cómo blindar los campos agrícolas ante futuras inundaciones

La Generalitat lanza la segunda fase de investigación del IVIA sobre suelos agrícolas afectados por la DANA con 205.000 euros de inversión.

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Reunión de la Conselleria
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Casi dos años después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 arrasara miles de hectáreas de cultivo en Valencia, la Generalitat da un paso más en la reconstrucción del territorio agrario. No se trata esta vez de reparar canales o reponer maquinaria, sino de algo más profundo y menos visible: entender qué le ocurrió a la tierra misma, y cómo hacer que resista mejor la próxima vez. El Comisionado para la Recuperación, en colaboración con la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, ha puesto en marcha la segunda fase de un proyecto de investigación sobre suelos agrícolas con una inversión de 205.000 euros para este año.

La iniciativa, encargada al Institut Valencià d'Investigacions Agràries (IVIA), da continuidad al trabajo científico iniciado tras las riadas de octubre de 2024. Ese proyecto arrancó a finales de 2024 y se extendió a lo largo de 2025, con una inversión total de 395.000 euros. Aquella primera fase estuvo centrada en el diagnóstico: la DANA causó la inundación de amplias zonas agrícolas, arrastrando cultivos, erosionando los suelos y depositando sedimentos y residuos. La segunda fase, ahora activada, va más lejos: no solo mide el daño, sino que busca convertir los hallazgos en soluciones concretas y transferibles.

Del diagnóstico a la acción sobre el terreno

La magnitud del desastre de octubre de 2024 sigue siendo difícil de asimilar. La DANA afectó a 47.354 hectáreas agrícolas. El sector agrícola y ganadero sufrió pérdidas severas en cultivos, daños en infraestructuras de riego y alteraciones de los suelos productivos, comprometiendo varios ciclos productivos y requiriendo reposición de maquinaria y asistencia técnica especializada. Ante semejante escenario, la pregunta que se hicieron los investigadores del IVIA era tan sencilla como urgente: ¿puede recuperarse esta tierra, y en qué condiciones?

El estudio de la primera fase se basó en miles de determinaciones en suelo, agua, sedimentos y cultivos en explotaciones de cítricos y otros frutales, con el objetivo de evaluar el impacto real de las inundaciones sobre la capacidad productiva de las parcelas afectadas y establecer protocolos que puedan servir al sector para afrontar procesos de recuperación después de episodios climáticos extremos. Los resultados revelaron que, pese a los procesos de erosión y deposición causados por las inundaciones, no se detectaron impactos generalizados sobre la fertilidad química del suelo, la seguridad alimentaria ni la calidad de la producción agraria. Una conclusión que, siendo positiva, no invita a la complacencia: hay parcelas que sí requieren atención específica, y el campo valenciano sigue expuesto a futuros episodios extremos.

Es precisamente ahí donde entra esta segunda fase. La nueva investigación se centrará en estudiar la evolución de parcelas representativas, valorar la eficacia de las medidas de recuperación ya aplicadas e identificar prácticas agronómicas que favorezcan la conservación del suelo, la reducción de la erosión, la mejora de la infiltración del agua y la recuperación de la fertilidad en zonas afectadas por arrastres, sedimentación o anegamientos. Entre los trabajos previstos figura la evaluación de indicadores físicos, químicos y biológicos del suelo para determinar el grado de regeneración alcanzado.

"La recuperación no consiste solo en reparar los daños, sino en aprender de lo ocurrido para reconstruir mejor" - Raúl Mérida, Comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana

Herramientas para anticiparse al futuro

El proyecto no se limita a mirar atrás. Contempla también el desarrollo de herramientas diagnósticas, modelos predictivos y estrategias transferibles al sector para mejorar la resiliencia y la sostenibilidad de los sistemas agrarios ante futuros eventos climáticos extremos. En la práctica, eso significa que los agricultores podrían disponer de protocolos claros de actuación —qué hacer, en qué orden y con qué técnicas— cuando el agua vuelva a desbordarse.

Las mesas de trabajo propuestas, en contacto directo y constante con los agricultores, tendrán la misión de seleccionar parcelas representativas para definir protocolos de manejo y restauración que puedan ser aplicados y transferidos eficazmente al conjunto del sector agrícola valenciano. La visión a largo plazo pasa por hacer seguimiento durante el periodo 2026-2027 de parcelas concretas afectadas, para validar que las recomendaciones de cultivo del IVIA han dado buen resultado y estar prevenidos ante posibles futuras inundaciones.

No es un detalle menor el hecho de que la investigación integre también el conocimiento de los propios agricultores. Mérida ha subrayado que estos "han demostrado ser una pieza esencial en la recuperación" y ha defendido que ese saber acumulado, combinado con la ciencia del IVIA, debe servir para diseñar prácticas de cultivo capaces de amortiguar los efectos de futuras inundaciones. Hay algo simbólicamente importante en esa idea: la tierra que fue víctima puede convertirse, con el estudio y la gestión adecuados, en parte de la solución.

El objetivo final del proyecto es que sus resultados se traduzcan en recomendaciones prácticas dirigidas a agricultores, técnicos y administraciones públicas. Una investigación que, en definitiva, parte del barro y aspira a convertirse en política pública: la ciencia como escudo frente a los caprichos cada vez más violentos del clima.