Un cuadro que lleva más de un siglo en Madrid regresa simbólicamente a València. El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) exhibe desde esta semana 'Últimos momentos del rey Jaume el Conquistador, en el acto de entrega de su espada a su hijo don Pedro', una obra colosal de Ignacio Pinazo Camarlench cedida de forma excepcional por el Museo Nacional del Prado. La ocasión no es menor: se conmemoran los 750 años del fallecimiento del monarca que fundó el Reino de València, fallecido el 27 de julio de 1276 , una efeméride que ha movilizado a instituciones de toda la Corona de Aragón a lo largo de este año.
Un lienzo de proporciones monumentales
Para entender la magnitud de la obra, basta con imaginar cuatro metros de ancho por tres de alto. El óleo sobre lienzo mide exactamente 304 x 418 centímetros y representa uno de los instantes más cargados de simbolismo de la historia medieval: Jaume I, incorporado sobre su lecho bajo un dosel, entrega la espada —símbolo de la autoridad regia— a su hijo Pedro, arrodillado ante él. La muerte como acto de gobierno. El poder que se transfiere a través de un gesto.
Pinazo pintó esta versión definitiva en 1881, a partir de una composición previa de menor tamaño realizada en Roma dos años antes, en 1879. Ese primer boceto tuvo tanto éxito que impulsó al artista a desarrollar la obra en el formato monumental con el que se presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881, donde obtuvo la segunda medalla. El reconocimiento no fue solo honorífico: consolidó el prestigio del pintor valenciano y motivó la adquisición del cuadro por parte del Estado, que acabaría custodiándolo en el Prado.
La pieza era, además, el tercer y último envío de la pensión que la Diputación de Valencia había concedido a Pinazo para su estancia en Roma, una beca artística con la que el pintor había llegado a Italia tras presentar otro cuadro de historia: 'El desembarco de Francisco I en la playa de València'. Roma lo transformó. Y ese proceso de transformación quedó impreso en el lienzo de Jaume I.
Entre la academia y la libertad del pincel
Lo que hace singular a esta obra dentro de la producción de Pinazo no es solo su tamaño, sino la tensión que la recorre: la estructura es académica, como exigía el género de la pintura de historia, pero la ejecución es sorprendentemente libre. En esa fisura entre el molde y el gesto espontáneo se adivina ya al Pinazo que vendría después, el de 'La fiesta' (1890), 'Lección de memoria' (1899) o los numerosos retratos infantiles que lo consagrarían como uno de los grandes de la pintura española de finales del XIX.
Los especialistas señalan que el cuadro mantiene una relación compositiva directa con 'Doña Isabel la Católica dictando su testamento' (1864), la célebre obra de Eduardo Rosales. Pinazo tomó ese modelo —el lecho de muerte, la voluntad testamentaria, la entrega del poder— y lo reinterpretó con su propia voz, marcada por sus experiencias italianas y por el conocimiento de la pintura de Mariano Fortuny y de los macchiaioli, el movimiento toscano que apostaba por la mancha de color frente al dibujo academicista. El resultado es un cuadro que habla dos idiomas al mismo tiempo.
"Este formidable lienzo es el mejor homenaje que València puede hacer al fundador del reino, un préstamo que escenifica la alianza entre el Museo del Prado y el Museo de Bellas Artes de València" - Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València
"No solo rinde homenaje a una de las figuras fundacionales más relevantes de la historia del pueblo valenciano, sino que también representa una oportunidad para que los ciudadanos conecten de forma directa con su patrimonio e identidad" - Carmen Ortí, consellera de Educación, Cultura y Universidades de la Generalitat Valenciana
Un año marcado por Jaume I
El Consell declaró 2026 como el año de la conmemoración del 750 aniversario de la muerte de Jaume I, una figura clave en la configuración histórica, política y jurídica de la Comunitat Valenciana. El Consell respalda institucionalmente la efeméride y ha promovido durante todo el año actividades de divulgación y conmemoración de la figura del fundador del Reino de València. En ese contexto, la llegada temporal del lienzo de Pinazo al MuBAV no es un gesto aislado, sino la pieza cultural más ambiciosa de un programa que ha atravesado el año de principio a fin.
La Crónica de Jaime I alude al traslado a la ciudad de Valencia el 27 de julio, después de caer enfermo en Xàtiva, pasando por Alzira, en donde abdicó en favor de su primogénito el rey Pedro el Grande. Siete siglos y medio después, el museo que guarda parte de la memoria pictórica de la ciudad le devuelve protagonismo a través del pincel de uno de sus artistas más ilustres.
La presentación de la obra contó con la participación de la consellera Carmen Ortí, el director del museo Pablo González Tornel, y Pedro J. Martínez Plaza, conservador de Pintura del Siglo XIX del Museo del Prado, cuya institución ha hecho posible este préstamo excepcional. González Tornel describió a Pinazo como un "maestro indiscutible de la pintura" y la obra como una de sus cimas absolutas. Pocas veces un homenaje histórico y un hito artístico coinciden con tanta precisión.
La pintura podrá visitarse en el Museo de Bellas Artes de València hasta el 10 de enero de 2027. Una oportunidad que, como ocurre con las grandes efemérides, no se repetirá en mucho tiempo: volver a ver este lienzo en suelo valenciano dependerá, de nuevo, de que alguien decida que la historia merece una segunda visita.


