El aceite valenciano estrena su primera DOP operativa europea, supera las 22.000 toneladas y apuesta por los jóvenes agricultores para asegurar su futuro

La Comunitat Valenciana refuerza su sector oleícola con una nueva DOP, 62,7 M€ en exportaciones y 35 M€ en ayudas a jóvenes agricultores.

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El olivar valenciano atraviesa uno de sus momentos más prometedores en décadas. La campaña recién cerrada arroja una producción de 22.064 toneladas en 90.788 hectáreas de cultivo, las exportaciones rozan los 62,7 millones de euros y, por primera vez, la Comunitat Valenciana cuenta con una Denominación de Origen Protegida (DOP) operativa reconocida por Bruselas. El aceite valenciano, durante mucho tiempo a la sombra de otros referentes nacionales como el andaluz o el catalán, empieza a labrarse un nombre propio en los mercados internacionales.

Una DOP que lleva años gestándose

El hito más simbólico de este ciclo es la inscripción, el pasado 29 de julio, de la DOP Aceite de las Sierras Espadán y Calderona en el Diario Oficial de la Unión Europea. No es un trámite menor: supone el primer sello de calidad diferenciada operativo para el aceite de oliva producido en territorio valenciano. Con el registro oficial de esta DOP, la Comunitat Valenciana recupera así la figura de calidad que perdió tras anularse la anterior por petición del propio Consejo Regulador. Un camino largo, con tropiezos burocráticos incluidos, que ahora culmina con el respaldo europeo.

La publicación del reglamento en el Diario Oficial de la Unión Europea confirma el reconocimiento de un aceite vinculado a un territorio muy concreto, formado por 28 municipios de las provincias de Castellón y Valencia, situados entre los parques naturales de la Sierra de Espadán y la Sierra Calderona. Esta nueva DOP comprende aceite de oliva virgen extra y aceite de oliva virgen elaborado principalmente con la variedad autóctona serrana de Espadán, junto con otras variedades minoritarias como villalonga, canetera, morruda y arbequina.

¿Y cómo sabe ese aceite? La respuesta tiene algo de poético. Destaca por su sabor dulce y suave, con un marcado carácter afrutado y notas de almendra verde y hierba fresca. Presenta un color que oscila entre el verde y el amarillo y ofrece en boca un ligero picor y un delicado amargor final, que aportan frescura, equilibrio y persistencia. No es casualidad: se trata de un territorio de elevado valor ambiental, caracterizado por un relieve montañoso, suelos pobres y pedregosos y un clima mediterráneo influido por la proximidad al mar. La brisa de levante y el rocío nocturno contribuyen a reducir el estrés hídrico de los olivos y favorecen una maduración más lenta de las aceitunas, factores que se traducen en un mayor contenido de pigmentos naturales y en el perfil aromático que distingue a este aceite.

Con esta nueva inscripción, España alcanza las 399 figuras de calidad diferenciada reconocidas por la Unión Europea y refuerza su posición como uno de los países líderes en la protección y valorización de productos agroalimentarios vinculados a su territorio.

Un sector con vocación exportadora

Las cifras hablan de un sector que mira más allá de las fronteras. Las exportaciones valencianas de aceite de oliva se aproximan a los 62,7 millones de euros, con destinos tan variados como Italia, Alemania, Estados Unidos, Corea o Japón. Que un aceite de las comarcas de interior de Castellón o Valencia termine en una mesa de Seúl o Tokio dice mucho del trabajo realizado en los últimos años para posicionar el producto en los segmentos de mayor valor.

La diversidad varietal es uno de los argumentos más sólidos del olivar valenciano. Más allá de la recién certificada Serrana de Espadán, el territorio atesora variedades como la Farga —característica del norte de Castellón, con olivos centenarios que son auténticos monumentos vivos—, la Blanqueta, la Alfafara o la Changlot Real. Una despensa de matices que pocas regiones españolas pueden igualar. Además, la Comunitat cuenta con cerca de 8.849 hectáreas de producción ecológica y 69 almazaras certificadas, lo que refuerza su apuesta por la calidad frente al volumen.

"El aceite valenciano está ganando reconocimiento porque detrás hay agricultores, almazaras, técnicos e investigación trabajando para mejorar cada campaña la calidad y la rentabilidad del producto."

"El aceite valenciano está ganando reconocimiento porque detrás hay agricultores, almazaras, técnicos e investigación trabajando para mejorar cada campaña la calidad y la rentabilidad del producto" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana

Proteger el fruto desde el campo

Producir aceite de calidad empieza mucho antes de que la aceituna llegue a la almazara. Por eso, la Generalitat mantiene una red de 60 puntos de monitorización frente a la mosca del olivo —una de las principales plagas que amenazan la cosecha— y destina 98.120 euros al apoyo del control biológico. Una apuesta por métodos de sanidad vegetal que conecta directamente con la creciente demanda de productos obtenidos de forma sostenible.

A ello se suma el trabajo del Panel Oficial de Cata de Aceites de la Comunitat Valenciana, con sede en el Laboratorio Agroalimentario de Burjassot y reconocido de manera ininterrumpida por el Consejo Oleícola Internacional desde 2003. Más de dos décadas avalando que lo que sale de las almazaras valencianas cumple con los estándares más exigentes del mundo.

Jóvenes agricultores: la apuesta más urgente

El mayor riesgo para el olivar valenciano no es una plaga ni una mala cosecha. Es el envejecimiento del campo. Sin relevo generacional, toda la cadena de valor —variedades autóctonas, conocimiento tradicional, calidad diferenciada— corre el riesgo de desaparecer. Por eso la Generalitat ha situado este asunto entre sus prioridades más urgentes.

Este mes se materializan los pagos correspondientes a 27,4 millones de euros para 548 jóvenes y nuevos agricultores de la convocatoria de 2025, cuyos proyectos incluyen cerca de 1.300 hectáreas de olivar, especialmente en comarcas como el Baix Maestrat, el Comtat y l'Alcoià. A estas ayudas se suma una línea de 8 millones de euros anunciada para finales de septiembre, destinada a facilitar la incorporación de otros 150 jóvenes aproximadamente al campo valenciano.

El paquete se completa con una convocatoria de 50 millones de euros para modernización de explotaciones, con el plazo abierto hasta el próximo 1 de octubre. Maquinaria, instalaciones, competitividad: la idea es que incorporarse al olivar en 2025 no signifique heredar las herramientas —y los problemas— de hace cincuenta años.

"Queremos que producir aceite de calidad sea también una actividad rentable y con futuro. Para eso necesitamos explotaciones modernas, jóvenes que se incorporen y herramientas que permitan que todo el valor que tiene nuestro aceite llegue también a quien lo produce" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana

La pregunta que subyace a todos estos datos es la misma de siempre en el mundo rural: ¿llegará a tiempo el dinero, la DOP y la modernización para convencer a los jóvenes de que el olivar tiene futuro? Por ahora, los números apuntan en la dirección correcta. El aceite valenciano tiene sello europeo, mercados en cuatro continentes y, por primera vez en mucho tiempo, una hoja de ruta pensada también para los que aún no han cogido una aceituna en su vida.