Casi 200 intervenciones en cuatro meses: la Generalitat despliega sus brigadas para mantener vivo el corazón verde de Valencia

Las brigadas de la Generalitat realizaron 173 actuaciones en l'Albufera en el primer cuatrimestre de 2026, desde control de invasoras hasta refugios para tortugas.

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Más de una actuación al día. Ese es el ritmo al que las dos brigadas de conservación y mantenimiento del Parque Natural de l'Albufera han trabajado durante los primeros cuatro meses de 2026: 173 intervenciones repartidas entre vegetación, fauna, humedales, dunas e infraestructuras de uso público. Un esfuerzo que, aunque pase desapercibido para la mayoría de los visitantes, resulta imprescindible para mantener en pie uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del Mediterráneo occidental.

Un humedal que no se cuida solo

El Parque Natural de l'Albufera, con sus 21.120 hectáreas a las puertas de la ciudad de Valencia, constituye uno de los humedales costeros más representativos y valiosos de la Comunidad Valenciana y de la cuenca del Mediterráneo occidental. El humedal acumula múltiples figuras de protección: figura en el listado Ramsar de humedales de importancia internacional, pertenece a la Red Natura 2000 y es Parque Natural, entre otras. Más de 350 especies ornitológicas utilizan este ecosistema, de las cuales unas 90 se reproducen en él. Preservar todo eso tiene un precio: trabajo constante, a pie de acequia y con las manos en el barro.

Sin embargo, en un contexto de crisis climática, al menos el 85% de los humedales de importancia internacional de España se encuentran en un estado de conservación preocupante, y un 38% está en una situación muy pobre, entre ellos la Albufera de Valencia, muy afectada por la emisión de contaminantes y la actividad humana. Ahí es donde entra en juego la labor cotidiana de estas brigadas, cuyo trabajo no aparece en los titulares pero sí en el estado de salud del parque.

173 actuaciones, desglosadas

Del total de intervenciones realizadas entre enero y abril de 2026, la distribución es reveladora de las prioridades reales del parque:

  • 44 actuaciones de tratamiento de vegetación
  • 41 actuaciones de mantenimiento de instalaciones, itinerarios y áreas de uso público
  • 40 actuaciones de acondicionamiento de puntos de agua y humedales
  • 25 actuaciones de organización y gestión
  • 20 actuaciones de regeneración de dunas
  • 2 actuaciones de mejora de la fauna
  • 1 actuación de regeneración de áreas degradadas

Los trabajos se han extendido por varios municipios del entorno del parque, entre ellos Albalat de la Ribera, Sueca, Cullera y Silla. Una geografía dispersa que exige movilidad, coordinación y conocimiento preciso del territorio.

La guerra silenciosa contra las especies invasoras

Entre las actuaciones de conservación vegetal destaca la lucha contra la caña común (Arundo donax), una especie invasora que coloniza los márgenes de ríos y acequias desplazando a la vegetación autóctona. Para frenarla, las brigadas han combinado el desbroce mecánico con la instalación de malla geotextil, una técnica que impide la rebrota sin necesidad de herbicidas. También se han eliminado especies exóticas en los sistemas dunares y se han realizado plantaciones para favorecer la recuperación ambiental de distintos enclaves del parque.

Especial atención merece la restauración de los ullals, surgencias de agua subterránea que emergen como pequeños oasis en mitad de los arrozales y que constituyen uno de los hábitats más singulares del parque. Estos puntos de agua, limpios y fríos, albergan especies que no sobreviven en las aguas turbias de la laguna principal, y su conservación depende directamente de este tipo de intervenciones.

Dunas, tortugas y carpas muertas

Las brigadas también han dedicado veinte actuaciones a la regeneración y protección de los sistemas dunares, uno de los ecosistemas litorales más amenazados del litoral mediterráneo. Los trabajos han incluido la instalación y reparación de empalizadas y pantallas de protección, la revisión de daños causados por temporales marítimos y la retirada de residuos acumulados en las playas del parque. Una tarea que, temporada tras temporada, vuelve a empezar.

En materia de fauna, las actuaciones han sido pocas pero concretas. Las brigadas han adecuado refugios para tortugas en los ullals de Senillera, un ejemplo de intervención quirúrgica que puede marcar la diferencia para una especie amenazada. Y en El Palmar, uno de los núcleos más emblemáticos del parque, se han retirado ejemplares muertos de carpa de la acequia de la Reina, una tarea de gestión de fauna ictícola que contribuye a mantener la calidad del agua y el equilibrio del ecosistema.

Pasarelas, miradores y señales: el parque también se cuida por dentro

No toda la conservación apunta a la naturaleza salvaje. Una parte significativa del trabajo de las brigadas tiene que ver con el mantenimiento de las infraestructuras que hacen posible que los visitantes disfruten del parque sin dañarlo. En este primer cuatrimestre se han reparado pasarelas, puentes, miradores, vallados y observatorios de aves, y se ha instalado nueva señalización informativa, incluidos carteles de prohibición de pesca en zonas sensibles.

Los trabajos se han completado con la limpieza de acequias y ullals, la retirada de vegetación y residuos, el mantenimiento de compuertas y la instalación de un medidor del nivel del agua en el ullal de Baldoví. Este último elemento, aparentemente menor, permite un seguimiento más preciso de las fluctuaciones hídricas, fundamentales en un ecosistema donde unos pocos centímetros de agua marcan la diferencia entre un hábitat funcional y uno degradado. Además, se ha intervenido en la regeneración de áreas degradadas mediante la retirada de residuos sólidos en las malladas de la playa naturista de Cullera.

L'Albufera es un refugio fundamental para numerosas especies, especialmente para aves migratorias que encuentran en este espacio un lugar de paso entre Europa y África. Mantener ese refugio en pie requiere, más allá de los grandes planes y las declaraciones institucionales, la perseverancia de quienes trabajan a diario para que nada se rompa, crezca donde no debe o quede sin agua. Ciento setenta y tres veces en cuatro meses. Y vuelta a empezar.