Construir más rápido, con menos residuos y sin perder calidad. Esa es la promesa de la construcción industrializada, un modelo que ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una respuesta concreta a uno de los problemas más urgentes de la sociedad española: la falta de vivienda asequible. La Comunitat Valenciana quiere ponerse a la cabeza de esa transformación, y el Gobierno autonómico lo dejó claro esta semana con un gesto simbólico pero significativo: la vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Susana Camarero, visitó las instalaciones de Proyme Ingeniería y Construcción en el polígono industrial de Alginet-Carlet para respaldar en persona una industria que, según defiende el Consell, puede cambiar las reglas del juego.
De la fábrica al edificio: cómo funciona la construcción industrializada
La idea central no es nueva, pero sí está ganando fuerza. En lugar de construir cada elemento en el propio solar, la construcción industrializada traslada buena parte del trabajo a una planta de producción, donde los componentes —módulos de baño, escaleras, fachadas o estructuras completas— se fabrican en condiciones controladas antes de ser transportados y ensamblados en su destino final. A diferencia de la construcción tradicional, esto permite que mientras se realizan las cimentaciones en el terreno, en paralelo se fabriquen las estructuras en planta; una vez completadas, se transportan y ensamblan en el lugar definitivo, reduciendo significativamente los tiempos de ejecución.
¿Cuánto se puede ganar en tiempo? Las cifras del sector hablan por sí solas. Expertos en construcción industrializada sostienen que los plazos se pueden ver reducidos entre un 15% y un 40% según el grado de industrialización aplicado. Algunos proyectos van más lejos: la industrialización puede reducir hasta un 25% los plazos de ejecución y disminuir el impacto ambiental de los proyectos. El contraste con la obra convencional no podría ser más llamativo en un contexto en el que el descenso de la actividad constructora, unido a la persistente escasez de oferta y al aumento de la presión sobre los precios, sitúa este modelo como una potencial alternativa para lidiar con la crisis habitacional; las obras destinadas a vivienda descendieron un 14,2% durante 2025.
Proyme, la empresa visitada por Camarero, es un ejemplo de cómo esta filosofía se materializa en el tejido industrial valenciano. Especializada en el diseño, desarrollo y ejecución integral de proyectos de edificación, rehabilitación y construcción industrializada, la compañía con sede en Alginet ha apostado decididamente por la digitalización de procesos y por la implementación de la metodología BIM —Building Information Modeling— como eje de su crecimiento. Durante la visita, la vicepresidenta pudo conocer de primera mano su sistema de fabricación industrializada de módulos de baño, uno de los elementos más representativos de esta forma de entender la construcción.
El Plan Vive Dana: viviendas industrializadas para municipios devastados
La visita no fue solo un acto de apoyo institucional al sector privado. Camarero aprovechó la ocasión para detallar las iniciativas concretas que el Consell ya tiene en marcha bajo esta filosofía constructiva, y el contexto no puede ser más urgente: la recuperación de los municipios valencianos devastados por la DANA de octubre de 2024. El Plan Vive Dana contempla la construcción de cerca de 250 viviendas en diferentes localidades afectadas por el temporal, todas ellas mediante sistemas industrializados.
"Gracias al trabajo conjunto entre las áreas de Vivienda, Urbanismo y los ayuntamientos, podemos decir que en tiempo récord ya están adjudicadas en Albal y Torrent 60 viviendas industrializadas, con una inversión cercana a los 12 millones de euros y con unos plazos de ejecución de entre 12 y 15 meses" - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda de la Generalitat Valenciana
De esas 250 viviendas previstas, 100 ya tienen los proyectos en marcha. Además, en Utiel está prevista la construcción de alrededor de 35 viviendas adicionales, con una inversión de 6,7 millones de euros. La consellera fue clara al respecto: no se trata de actuaciones puntuales sino de una estrategia planificada. En otras promociones, como la de Sant Joan d'Alacant, también se ha recurrido a la industrialización parcial de la construcción —en elementos como escaleras, baños o fachadas— con el objetivo de ganar agilidad y reducir la dependencia de mano de obra especializada, un recurso cada vez más escaso.
Empleo cualificado, innovación y un clúster para liderar el cambio
Más allá de los plazos y las cifras de inversión, la apuesta por la industrialización tiene una lectura económica más amplia que el Consell quiere subrayar. La innovación en los procesos constructivos no solo acelera la entrega de viviendas, sino que también genera empleo cualificado e impulsa la competitividad del tejido industrial valenciano. Es un argumento que apunta directamente a uno de los retos estructurales del sector: la falta de mano de obra en la construcción convencional, que se combina con la falta de vivienda para la demanda actual, creando la tormenta perfecta para impulsar la industrialización.
En este marco, la Generalitat también ha impulsado la creación de un clúster de la innovación en la construcción que, según Camarero, sitúa a la Comunitat en la vanguardia del sector a nivel nacional. La vicepresidenta no escatimó en referencias al potencial del territorio: empresas preparadas, talento, industria auxiliar y capacidad para liderar la transformación. En la visita estuvieron presentes, además de la propia Camarero, el secretario autonómico de Vivienda, Sebastián Fernández; la secretaria autonómica de Igualdad y Diversidad, Asunción Quinzá; la directora general del Instituto Valenciano de la Edificación (IVE), Begoña Serrano; el presidente y consejero delegado de Proyme, Juan Bautista Pelufo; y las alcaldesas de Carlet y Alginet, Laura Sáez y Elia Ferrer, respectivamente.
La pregunta que queda en el aire es si este impulso institucional llegará a tiempo para quienes llevan años esperando una vivienda asequible. España arrastra un déficit estructural de entre 450.000 y 600.000 viviendas, según estimaciones del Banco de España y la Comisión Europea. La construcción industrializada no es la solución única, pero sí una pieza cada vez más indispensable de un puzzle que el sector lleva demasiado tiempo intentando completar.


