La Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu ha sumado a su fondo gráfico una donación de la artista Rosa Torres compuesta por bocetos originales, serigrafías, grabados, carteles, tarjetas, dípticos y catálogos de exposiciones. No es una adquisición al uso: es, en buena medida, un archivo íntimo. Los materiales permiten asomarse al proceso creativo de una de las pintoras valencianas más singulares de las últimas décadas, antes de que la obra tome su forma definitiva.
Una trayectoria forjada entre Valencia y las vanguardias
Rosa Torres Molina nació en Valencia el 17 de septiembre de 1948, hija de Luis Torres Pastor, profesor de dibujo. Pasó sus primeros veinte años de vida en el País Vasco, en Llodio, donde se trasladó su familia cuando el padre obtuvo su plaza como catedrático, y estudió Bachiller y Magisterio en Bilbao. Aquella infancia vasca, entre montañas y una naturaleza distinta a la mediterránea, no sería ajena a la sensibilidad con la que más tarde abordaría el paisaje.
Hacia finales de los años sesenta volvió a Valencia para estudiar Bellas Artes en la Escuela de San Carlos, donde pronto empezó a relacionarse con los artistas más vanguardistas del momento: Juan Antonio Toledo, Equipo Crónica, Equipo Realidad, Jordi Teixidor. Trabajó como pintora de taller con el Equipo Crónica , lo que la situó desde el principio en el epicentro de la renovación plástica valenciana de los años setenta. Entre sus influencias se destacan el Pop Art, el Op Art y el Impresionismo.
De espíritu vanguardista, no siguió el camino del arte de la crítica social, sino uno más rompedor e innovador: en vez de dar importancia al tema, Torres da todo el peso al color. Esa apuesta radical la convirtió en una voz propia dentro de un panorama artístico donde resultaba fácil quedar eclipsado por el ruido ideológico de la época.
Venecia, 1982: el momento que lo confirmó todo
Rosa Torres fue la primera mujer que participó representando a España en la Bienal de Venecia de 1982. Lo hizo bajo el comisariado de Luis González Robles, quien seleccionó algunas de sus obras de gran formato y le permitió compartir escenario con artistas como José Abad, Francisco Cruz de Castro, Eugenio Chicano y Josep Guinovart. La Bienal de Venecia es, entonces y ahora, el escaparate más influyente del arte contemporáneo mundial. Llegar allí en 1982, siendo mujer y relativamente joven, no era un detalle menor.
Desde entonces, su obra está presente en colecciones del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Museo Albertina de Viena, la Fundación Antonio Pérez de Cuenca, el IVAM de Valencia, el Chase Manhattan Bank de Nueva York o la Colección Duquesa de Alba, entre muchas otras. Ha producido más de cien ediciones de obra gráfica, entre grabados, serigrafías, carteles, portadas de libros y objetos diversos que testimonian su interés por el arte seriado.
Lo que guardan los bocetos: el valor del proceso
Que una artista de su calibre done no solo obras terminadas, sino también sus bocetos, seleccionados por ella misma, tiene un significado especial. Los bocetos son la memoria viva de una obra: muestran las dudas, los cambios de dirección, las intuiciones que luego fructifican o se abandonan. En ese sentido, la donación no es solo un enriquecimiento del fondo gráfico, sino una ventana abierta al taller, algo que rara vez se hace accesible al público general.
El conjunto abarca distintas etapas de su trayectoria y permite observar cómo han ido evolucionando sus composiciones, sus intereses y su manera de construir las imágenes. Desde sus inicios, Torres ha basado su pintura en imágenes reales —paisajes, animales salvajes, composiciones clásicas— y ha evolucionado desde un procedimiento pictórico cercano a la abstracción gestual hacia una mayor síntesis de formas y colores, con el uso de tintas planas de tonos vivos y el protagonismo del trazo negro. Los bocetos de la donación ilustran precisamente ese recorrido interno.
Los carteles, catálogos, tarjetas y dípticos que completan la donación aportan, además, información sobre la difusión pública de su obra a lo largo de décadas, haciendo de este conjunto un archivo tanto artístico como documental.
Una colección que ya es referencia en la Comunitat
La Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu no llega a este terreno sin experiencia previa. Su fondo gráfico ya alberga creaciones de artistas como Ripollés, Manuel Boix, Isabel Oliver, Amat Bellés i Roig o Equipo Crónica, entre otros nombres destacados del arte valenciano contemporáneo. La incorporación de la obra de Rosa Torres se integra, así, en una colección que funciona como memoria visual de varias generaciones de creadores de la Comunitat.
Todo el fondo está a disposición de la ciudadanía, lo que convierte a la biblioteca no solo en un archivo, sino en un espacio de encuentro entre el arte y quienes quieran acercarse a él sin necesidad de ir a una galería ni conocer el mercado del arte. En tiempos en que el acceso a la cultura sigue siendo un debate abierto, la donación de Rosa Torres a la Biblioteca Valenciana es un recordatorio de que el patrimonio artístico más valioso es el que puede verse, estudiarse y sentirse de cerca.


