Cerezas, jóvenes y futuro rural: Castellón apuesta por el campo con 8,35 millones para agricultores y una feria con más de 25 años de historia

El conseller Barrachina reivindica la cereza de Caudiel como símbolo del relevo generacional y el desarrollo rural de Castellón en la Feria anual del municipio

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El conselle de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina
El conselle de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina

Hay productos que van más allá del mercado. La cereza de Caudiel, pequeño municipio del Alto Palancia en la provincia de Castellón, no es solo un fruto: es un argumento económico, una seña de identidad y, ahora también, la excusa perfecta para hablar de uno de los problemas más urgentes del campo español: quién va a cultivarlo mañana. Con ese telón de fondo, el conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, Miguel Barrachina, visitó la Feria de la Cereza de Caudiel acompañado del vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio, Vicente Martínez Mus, y del alcalde del municipio, Antonio Martínez.

Una feria con raíces profundas

La Feria de la Cereza tal y como se conoce actualmente se inició en 1998, aunque sus antecedentes se remontan a mayo de 1973, cuando se celebró una sencilla "Fiesta de la Cereza" en la que jóvenes ataviadas con el traje de Castellonera obsequiaban a los visitantes con ramilletes del fruto. Más de medio siglo de historia, en distintas formas, avala una celebración que tiene como objetivo dar a conocer la cereza, un alimento de gran importancia para la población al ser uno de los motores económicos de los caudielanos gracias a los numerosos agricultores que se dedican a su cosecha.

Desde 2013, la feria se celebra durante dos días, un fin de semana completo de actividades, y el 26 de mayo de 2017 obtuvo la declaración de Fiesta de Interés Turístico Provincial de la Comunitat Valenciana. Entre sus tradiciones más arraigadas figura la multitudinaria comida popular, en la que se reparten aproximadamente unas 3.500 raciones de olla. Un evento, en definitiva, que ha crecido junto al pueblo que lo organiza.

Detrás de cada cereza, una familia

Barrachina no fue a Caudiel solo a inaugurar puestos y probar fruta. Fue a lanzar un mensaje sobre el modelo de desarrollo rural que defiende su conselleria. Y lo hizo con una frase que condensa bien esa visión:

"Detrás de cada cereza hay agricultores, familias, paisaje y economía rural", añade Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana

El conseller subrayó que este cultivo "forma parte del calendario, de la cultura y de la vida de Caudiel", y fue más allá al vincular el apoyo institucional al campo con una cuestión de supervivencia territorial: "La mejor forma de defender el mundo rural es apoyar a quienes mantienen sus cultivos, generan actividad y hacen que nuestros pueblos sigan teniendo futuro." No es retórica vacía si se tiene en cuenta que la despoblación rural es uno de los grandes retos demográficos de la España interior, y el Alto Palancia no es una excepción.

En el conjunto de la Comunitat Valenciana, el cultivo de la cereza cuenta con 1.044 explotaciones inscritas y más de 1.170 hectáreas declaradas, lo que da una idea de la dimensión real de un sector que, pese a su discreción mediática, tiene un peso económico y territorial considerable.

El relevo generacional ya tiene precio: 8,35 millones para Castellón

Más allá del simbolismo, la visita sirvió para presentar cifras concretas sobre una de las asignaturas pendientes del campo: quién tomará el relevo cuando los agricultores de toda la vida ya no puedan seguir. La respuesta de la Generalitat viene en forma de inversión directa. La provincia de Castellón cuenta con 158 concesiones de ayudas a jóvenes y nuevos agricultores, con un importe total de 8,35 millones de euros.

En la comarca del Alto Palancia, el territorio que acoge la feria, estas ayudas alcanzan 29 concesiones —18 dirigidas a jóvenes y 11 a nuevos agricultores— con una inversión de 1,48 millones de euros. Son números modestos en términos macroeconómicos, pero significativos cuando se traducen en explotaciones concretas, en familias que deciden quedarse en su pueblo en lugar de marcharse a la ciudad.

"Cada joven que se incorpora al campo es una explotación que continúa, una familia que apuesta por su pueblo y un territorio que gana futuro", afirmó Barrachina, quien también remarcó que en el conjunto de la Comunitat Valenciana la Generalitat ha resuelto 27,44 millones de euros para 548 jóvenes y nuevos agricultores, de los que 439 son jóvenes incorporados y 109 nuevos profesionales.

"Por primera vez en años, el relevo generacional ha dejado de ser un discurso para convertirse en una política real, con financiación suficiente, menos burocracia y apoyo a proyectos de vida en el medio rural", explica Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana

Sequía, DANA y ayudas: el sector de la cereza, bajo presión

El contexto no podía ignorarse. Las últimas campañas de cereza en la provincia han estado marcadas por la falta de cuajado, la sequía y otros episodios climáticos adversos que han mermado la producción y golpeado la rentabilidad de los agricultores. Para mitigar ese impacto, las ayudas al sector de la cereza en la provincia de Castellón han alcanzado los 136.972 euros, con líneas dirigidas tanto a productores de secano como de regadío.

Esas ayudas se enmarcan en una estrategia más amplia de apoyo al sector primario impulsada por el Consell, que moviliza más de 100 millones de euros en un año distribuidos en tres grandes líneas: 50 millones destinados a la modernización de explotaciones, 27,4 millones para jóvenes y nuevos agricultores, y 26,7 millones para la recuperación del potencial productivo agrario tras los daños de la DANA. Una inversión que, vista en conjunto, sugiere que la apuesta por el campo valenciano no se limita a los discursos de feria, sino que tiene detrás una arquitectura presupuestaria concreta.

Una edición más, la Feria de la Cereza se consolida como un evento clave en el calendario festivo del Alto Palancia, fusionando tradición, cultura y entretenimiento en honor a uno de los frutos más emblemáticos de la comarca. Pero la visita del conseller añadió esta vez una capa más profunda al festejo: la de un territorio que busca demostrar que el futuro del mundo rural no se improvisa, se financia, se planifica y, a veces, se celebra con un ramillete de cerezas en la mano.