Un valenciano franquista que añoraba a su hijo: la Diputació publica el diario de guerra de un hombre corriente atrapado entre el frente aragonés y su familia

La Diputació de València edita las memorias y cartas de Ricardo Camallonga, empleado de banca que vivió la Guerra Civil en Aragón lejos de los suyos.

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Libro publicado por la Diputación de Valencia
Libro publicado por la Diputación de Valencia

Teruel, 6 de abril de 1939. La guerra ha terminado, o casi. Un empleado de banca natural de Benimarfull, pueblo del interior alicantino, escribe desde la distancia a su esposa. En el membrete del papel figuran los lemas ¡Viva Franco! y ¡Viva España!, pero la carta no habla de política ni de batallas. Habla de dulces para el niño, de turrón, de un tío que seguramente ya se habrá fumado toda la hierba del huerto. Se llama Ricardo Camallonga, y su historia acaba de convertirse en libro.

Un diario de guerra desde el otro bando

La Delegación de Memoria Democrática de la Diputació de València, dirigida por la vicepresidenta Natàlia Enguix, ha publicado 'Guerra y amor, esperanza y frustración. Memorias en la España de la Guerra Civil', el testimonio en primera persona de un ciudadano valenciano que vivió el conflicto entre 1935 y 1939 trabajando en tierras aragonesas, alejado de su familia. No es el relato de un héroe ni el de una víctima. Es algo más incómodo y, precisamente por eso, más valioso: la historia de un hombre ordinario que apoyó al bando franquista y, al mismo tiempo, enviaba tiernas notas a su hijo pequeño cuando las circunstancias lo permitían.

El volumen, presentado en el Museu del Tèxtil de Ontinyent, tiene el formato del cuaderno apaisado que el propio Camallonga utilizaba para registrar el avance de las tropas sublevadas sobre decenas de mapas de España, coloreados y fechados con precisión casi obsesiva. Junto a esos mapas, el libro reúne recortes de prensa, efemérides del Movimiento Nacional, anotaciones de su vida privada y un detallado relato del bombardeo de Huesca. Pero también guarda algo más íntimo: un epistolario con cartas, telegramas y notas que Ricardo enviaba a su familia de forma irregular, cuando las circunstancias de la guerra lo permitían. A veces, cuando la comunicación terrestre entre Aragón y Valencia quedaba cortada por el conflicto, recurría a la Cruz Roja o a una tía residente en París que hacía las veces de enlace.

"Para entender la historia es preciso descender a las necesidades, anhelos y motivaciones de la gente" - Natàlia Enguix, vicepresidenta y delegada de Memoria Democrática de la Diputació de València

El hombre detrás del militante

Ricardo Camallonga nació en 1904 en Benimarfull y se casó con Ramona Pont, natural de Albaida, en el pueblo valenciano de Benissoda. En 1934 nació su hijo Ricardo, al que todos llamaban Ricardín, y que aparece citado con ternura en muchos de los papeles que su padre escribió durante aquellos años de guerra. La misma mano que anotaba con frialdad los avances de las columnas militares en sus mapas era la que imaginaba a su hijo chupándose los dedos al meter las manos en las latas de mermelada o probando el turrón por primera vez.

Enguix explica que Camallonga fue una persona profundamente religiosa, y que fue el anticlericalismo imperante en la zona republicana lo que le empujó ideológicamente a posicionarse junto al bando franquista y su llamada cruzada de Liberación Nacional. La diputada subraya "esa doble figura de padre y fascista que reflejan sus escritos, con la frialdad que utiliza para referirse a sus rivales políticos y la ternura con la que se dirige a su familia". Una contradicción que no resulta cómoda, pero que la institución ha decidido publicar precisamente por eso: porque la memoria histórica no debería ser solo el relato de los que pensaban como nosotros.

Así lo entiende también Carlos Tormo Camallonga, nieto de Ricardo y profesor del Departamento de Historia del Derecho de la Universitat de València, quien ha sido el encargado de dar forma al volumen. Para Tormo, la historiografía de la Guerra Civil se ha construido mayoritariamente sobre la política y el papel de los ejércitos, dejando en los márgenes a los actores secundarios: personas anónimas, sin relevancia pública, que vivieron el conflicto desde sus propias contradicciones. Los diarios, cartas y dietarios de esa gente corriente son, en su opinión, una fuente de conocimiento imprescindible que complementa —y a veces cuestiona— el relato oficial.

Memoria plural para 137 municipios

El libro llegará a los 137 municipios adheridos al programa 'La Memoria en las Bibliotecas' de la Diputació, junto a otras 12 publicaciones del mismo programa. La institución desarrolla desde 2015 una política pública que promueve los valores de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición señalados por Naciones Unidas para la superación de conflictos como el que generó la Guerra Civil española. En ese marco, apostar por la publicación de las memorias de alguien que defendió el bando golpista no es una provocación, sino una declaración de principios: la memoria, tal y como la entiende la Diputació, es de todos, plural y democrática.

El acto de presentación, celebrado en Ontinyent dentro de los actos paralelos de la exposición sobre Luis Vidal Corella en el Museu del Tèxtil, contó con la presencia del jefe de sección de Memoria Democrática de la Diputación, Paco Sanchis, el concejal de Cultura de Ontinyent, Alejandro Borrell, y el propio autor del libro, Carlos Tormo. Fue, en cierta manera, un acto familiar: el nieto entregando a la sociedad la historia de su abuelo, sin editarla ni juzgarla, solo contextualizarla. Porque como recuerda Tormo, es valiosa la memoria que transmiten las terceras generaciones, esa "postmemoria" que sigue cargando con las experiencias traumáticas de quienes sufrieron la guerra, con toda su subjetividad y sus silencios. Y en el caso de Ricardo Camallonga, también con sus dulces para Ricardín y su tabaco para el tío.