Hay carreteras que cargan durante años con el mismo problema sin que nadie lo resuelva del todo. La CV-425, que une los municipios de Buñol y Alborache en la comarca de la Hoya de Buñol, es una de ellas. Este lunes arrancó la fase más exigente de su transformación completa: tres semanas de corte total al tráfico para ejecutar intervenciones que, literalmente, implican demoler parte de la calzada existente y reconstruirla desde cero.
La Diputació de València lleva meses preparando este momento. La inversión total en la reforma de la CV-425 roza los ocho millones de euros, una cifra que refleja la envergadura de lo que se está acometiendo: no es un simple reparcheo ni una mejora cosmética, sino la modernización integral de una de las principales conexiones internas de la comarca.
"Estamos transformando una carretera que presentaba importantes limitaciones de seguridad en una infraestructura moderna, más segura y preparada para las necesidades de movilidad de las próximas décadas" - Reme Mazzolari, diputada de Carreteras y vicepresidenta segunda de la Diputació de València
El corte, que estaba previsto desde el inicio de los trabajos, no es una sorpresa de última hora. La propia Mazzolari lo explicó con claridad: en algunas zonas de trabajo, la carretera va a desaparecer literalmente para dejar paso a las nuevas soluciones constructivas. No hay forma de compatibilizar ese proceso con la circulación de vehículos.
Tres intervenciones que cambian el trazado
Las obras de esta fase se articulan en torno a tres actuaciones concretas, cada una con su propia complejidad. La primera se desarrolla en el entorno del barranco del Conde, donde se construirá un nuevo paso inferior para mejorar la conexión de la urbanización Fuente del Mico con el futuro itinerario ciclopeatonal. Para ejecutarlo, será necesario demoler parte de la calzada e instalar grandes marcos estructurales. En ese mismo enclave, se ampliará el pontón existente y se colocará una pasarela metálica —ya fabricada— que salvará un desnivel de más de siete metros. Las grúas de gran tonelaje necesarias para instalarla deberán operar directamente sobre la plataforma de la carretera, lo que hace imposible mantener el tráfico abierto.
La segunda actuación se concentra entre el puente del río Buñol y la papelera del Turche. Allí existe un cambio de rasante que limita gravemente la visibilidad para los vehículos que se incorporan desde caminos laterales. Se trata de uno de los puntos más peligrosos del trazado, una situación de riesgo que se arrastraba desde hacía años y que la reforma permitirá eliminar de forma definitiva. La Universitat Politècnica de València ya había identificado en estudios académicos los problemas de consistencia del trazado en este tramo como un factor determinante para la seguridad vial.
La tercera intervención es la ampliación del puente sobre el río Juanes, necesaria para adaptar esa estructura a la nueva configuración de la vía. Tres actuaciones encadenadas que, vistas en conjunto, explican por qué no era posible ejecutar esta fase por tramos o con tráfico alternado.
Jornadas intensivas y desvíos coordinados
Para reducir al máximo la duración del corte, la Diputació ha organizado jornadas de trabajo de siete de la mañana a diez de la noche, incluyendo los sábados. Aprovechar prácticamente todas las horas de luz disponibles es la mejor garantía de que las tres semanas previstas no se conviertan en más. Durante las últimas semanas, además, se han acondicionado los itinerarios alternativos con mejoras en la plataforma y la incorporación de cunetas de seguridad en los puntos donde el cruce de vehículos resultaba más complicado.
La coordinación institucional ha sido uno de los ejes del operativo. La Diputació ha trabajado con los ayuntamientos afectados, la Generalitat Valenciana, el Ministerio de Transportes y la EMTRE para planificar los desvíos. Un equipo de personas estará desplegado sobre el terreno durante los primeros días para orientar a los conductores, una medida sencilla pero que marca la diferencia cuando un itinerario habitual desaparece de golpe del mapa.
Uno de los acuerdos más llamativos es el alcanzado con la EMTRE en relación al transporte de residuos hacia el vertedero de Dos Aguas. En condiciones normales, esa ruta genera entre 75 y 80 movimientos diarios de vehículos pesados. Durante el corte, el organismo metropolitano desviará parte de los residuos a otros destinos y concentrará los desplazamientos restantes en horario nocturno, reduciendo el tráfico pesado a entre 45 y 50 movimientos diarios. Una rebaja significativa que aliviará la presión sobre los itinerarios alternativos.
Una carretera nueva de principio a fin
Cuando acaben las obras, la CV-425 habrá cambiado de forma sustancial. La nueva plataforma será más ancha, con arcenes de un metro a cada lado y sistemas de contención adaptados a la normativa vigente. La nueva configuración permitirá que dos vehículos puedan cruzarse simultáneamente, una circunstancia que no ocurría en la actualidad y que ha sido fuente de peligro durante años. La mejora beneficiará no solo a los conductores, sino también a ciclistas y peatones, reforzando la seguridad en todo el corredor y facilitando una movilidad más sostenible entre los dos municipios.
El proyecto incorpora criterios ambientales pioneros, siendo la primera actuación sobre la red provincial de Carreteras en la que la Diputació incluyó criterios de adjudicación basados en la sostenibilidad de los materiales de construcción para reducir la huella de carbono. La institución provincial compensará las cerca de 4.000 toneladas de CO₂ asociadas a la ejecución mediante tratamientos silvícolas sobre unas 60 hectáreas de monte próximas a urbanizaciones diseminadas, reforzando así la protección frente a incendios forestales en zonas habitadas. Como parte del proyecto, también se ha clausurado un vertedero irregular en el término municipal de Alborache, devolviendo al corredor unas condiciones ambientales y paisajísticas que llevaban tiempo deterioradas.
Tres semanas de incomodidad para décadas de mejora. Ese es, en esencia, el intercambio que propone la Diputació a los vecinos de la Hoya de Buñol. Una carretera que durante años acumuló déficits de seguridad, visibilidad y capacidad está a punto de convertirse en una infraestructura que, por fin, esté a la altura de las necesidades de quienes la usan cada día.


