En un rincón del departamento de Quiché, en el noroeste de Guatemala, existe una región llamada Zona Reina donde el Estado casi nunca ha llegado. La Zona Reina nació —y así se ha mantenido— como un territorio olvidado, un área montañosa donde se asentaron poblaciones desarraigadas por el Conflicto Armado Interno. Hoy, San Miguel Uspantán, el municipio que la engloba, tiene una incidencia de pobreza general del 95,1%, según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia de Guatemala. En ese contexto de abandono estructural, 100 comunidades carecen de acceso a la energía. Y, sin embargo, algo está cambiando. La Diputación de Valencia ha decidido poner 60.000 euros sobre la mesa para apoyar un modelo alternativo de desarrollo: el que protagonizan, sobre todo, las mujeres.
Aprender haciendo en el corazón del bosque
La inversión provincial se canaliza a través de Periferies del Món y de la asociación guatemalteca MadreSelva, una entidad con tres décadas de trayectoria en la defensa de los recursos naturales y las comunidades locales. El proyecto se desarrolla en dos subcuencas de la Zona Reina y tiene un objetivo claro: acompañar la transición de la agricultura convencional, basada en agroquímicos, hacia un modelo ecológico y sostenible, con las mujeres indígenas como agentes principales del cambio.
MadreSelva dispone de un centro de enseñanza donde esa transformación toma forma concreta. Las participantes no son simples alumnas: se convierten en promotoras. Reciben formación sobre abonos orgánicos, manejo de semillas y cuidado del suelo, y luego deciden qué aplicar en sus propias parcelas, tanto a título individual como colectivo. El método tiene nombre propio: aprender haciendo.
"Primero se forman y luego deciden qué quieren hacer en sus parcelas, tanto a nivel individual como colectivo." - Natàlia Enguix, vicepresidenta y delegada de Cooperación Internacional de la Diputación de Valencia
Los cultivos principales son el maíz y el cardamomo, dos pilares de la economía local. Pero el proyecto va más allá de la producción: se han creado bancos de semillas en cada subcuenca, accesibles para la población local y de localidades vecinas, y se han instalado tres viveros comunitarios orientados tanto a la reforestación de zonas de recarga hídrica como a la comercialización. A eso se suma la formación en elaboración de Texapón, un ingrediente base para la producción artesanal de jabones en las regiones de Pajuil y Copones. Una cadena de valor construida desde cero, con herramientas sencillas y conocimiento compartido.
Luz propia en un territorio sin red eléctrica
La agricultura ecológica no es el único frente abierto. MadreSelva trabaja también en algo que, para muchos lectores de este artículo, puede sonar sorprendente: ayudar a comunidades enteras a producir su propia electricidad. Las comunidades indígenas de la Zona Reina pertenecen a diferentes grupos étnicos del pueblo Maya —Ixiles, K'iche y Q'eqchi'— y trabajan colectivamente promoviendo la energía comunitaria como una propuesta de autonomía, no solo como acceso a un servicio.
El modelo arrancó con centrales hidroeléctricas. Las microcentrales funcionan como pequeñas hidroeléctricas que toman solo el agua necesaria de un río cercano, sin afectar su caudal. Pero el cambio climático ha obligado a repensar la estrategia: la irregularidad de los caudales hace imprescindible un sistema híbrido que combine generación hidroeléctrica y fotovoltaica. En la propia Zona Reina ya existe una microrred fotovoltaica con 96 paneles solares instalados junto con sistemas de almacenamiento mediante baterías. La adaptación no es una opción; es una necesidad.
El funcionamiento del modelo energético comunitario tiene una lógica democrática que merece detenerse a observar. Son las propias comunidades quienes eligen a la junta directiva que establece las condiciones de cada proyecto. MadreSelva aporta el análisis técnico y la viabilidad económica. Las tarifas son bajas, las cuentas se auditan anualmente con plena transparencia, y cuando una familia no puede pagar, se articulan convenios vinculados a las épocas de cosecha. Un sistema diseñado para que nadie quede fuera.
"Es importante ayudar a estas personas a seguir desarrollando sus proyectos de propiedad comunitaria." - Natàlia Enguix, vicepresidenta y delegada de Cooperación Internacional de la Diputación de Valencia
La presión del sector privado, una amenaza real
No todo es progreso sin fricciones. Durante la visita de la vicepresidenta Natàlia Enguix a las instalaciones de MadreSelva —parte de una gira por Guatemala—, los responsables de la asociación trasladaron una preocupación que se repite en muchos territorios con recursos naturales valiosos: la presión del sector privado para arrebatar a las comunidades el control sobre sus propios servicios energéticos. La autonomía que han construido con tanto esfuerzo es, precisamente, lo que algunos intereses externos quieren desmantelar.
Claudia Méndez, Mario Minera, Jorge Grijalva, Andrea Rivera y Edgar Oriana, integrantes de MadreSelva, expusieron esta realidad en primera persona ante la representante de la Diputación. La respuesta institucional fue de apoyo explícito a la continuidad del modelo comunitario, frente a cualquier intento de privatización o pérdida de capacidad de decisión local.
Tres mil personas, luz por primera vez
El impacto más inmediato del proyecto financiado por la Diputación está a punto de materializarse. En breve abrirá una nueva estación hidroeléctrica que abastecerá a 3.000 personas en 600 hogares, garantizando el acceso a la energía en ocho comunidades de una de las subcuencas donde opera el programa. En la Zona Reina, 81 familias ya tuvieron acceso a la electricidad por primera vez gracias a sus propios esfuerzos , y ese precedente demuestra que el modelo funciona cuando existe voluntad colectiva y apoyo externo.
Lo que la Diputación de Valencia está financiando en Guatemala no es solo agricultura o energía. Es la demostración de que, incluso en uno de los territorios más olvidados de Centroamérica, la igualdad de oportunidades y la sostenibilidad ambiental pueden construirse desde abajo, con formación, semillas y paneles solares, y con mujeres indígenas como protagonistas de una transformación que, hasta hace poco, parecía impensable.


