A veces, bastan un móvil, una vecina atenta y unas matrículas bien enfocadas para que la impunidad se acabe. Eso es exactamente lo que ocurrió en el barrio de Campamento, en Paterna (Valencia), donde una empresa ha sido identificada como presunta responsable de verter restos de obra junto a unos contenedores en la vía pública. La Policía Local ha iniciado el expediente sancionador correspondiente, que puede traducirse en una multa de 3.000 euros, el importe máximo que contempla la Ordenanza de Convivencia Ciudadana del municipio para este tipo de infracciones.
Una vecina, las imágenes clave
El detonante fue una llamada ciudadana. Una vecina alertó a la Policía Local de que varios vehículos estaban depositando escombros y enseres procedentes de una obra junto a los contenedores del barrio. Más que eso: tuvo la iniciativa de grabarlos. Cuando los agentes llegaron al lugar, los responsables ya no estaban, pero las imágenes aportadas por la denunciante —en las que se podían leer claramente las matrículas— permitieron a la Policía Local avanzar en la investigación hasta identificar a la empresa implicada.
Las pesquisas revelaron además que los residuos y enseres procedían de una vivienda de la misma calle donde se estaban llevando a cabo trabajos de retirada de materiales. Un dato que no deja mucho margen para la duda sobre el origen del vertido.
Lo que dice la normativa
Los hechos contravienen el artículo 15.1 de la Ordenanza de Convivencia Ciudadana del Ayuntamiento de Paterna. La Policía Local ha elaborado el informe-denuncia para iniciar la tramitación administrativa de la sanción, que asciende a 3.000 euros, y ha requerido a los presuntos responsables la retirada inmediata de los residuos depositados indebidamente. No es una cifra arbitraria: en municipios de toda España, el vertido ilegal de escombros en la vía pública figura entre las infracciones más gravemente sancionadas dentro de las ordenanzas de convivencia y limpieza. Las multas por este tipo de conductas pueden oscilar desde los 210 euros por tirar papeles hasta los 3.000 euros por arrojar escombros o mantener un vertedero clandestino. Paterna aplica el techo de esa horquilla.
"Hemos intensificado la vigilancia y el control frente a los vertidos y este tipo de comportamientos incívicos porque no vamos a permitir que unos pocos ensucien nuestras calles y nuestros barrios. Quien actúe de esta manera debe saber que vamos a perseguir estas conductas y que se enfrenta a las correspondientes sanciones" - Juan Antonio Sagredo, alcalde de Paterna
Cámaras y vecinos, la doble red de vigilancia
Este caso no es un episodio aislado. El Ayuntamiento de Paterna lleva tiempo reforzando el control sobre el abandono de escombros, residuos y enseres en la vía pública, apoyándose en su red de cámaras de videovigilancia. Pero como demuestra este caso, la tecnología municipal no siempre llega antes que la atención de un vecino con el móvil en la mano. En el caso de obras ejecutadas por empresas o profesionales, la gestión de los residuos debe realizarse obligatoriamente a través de gestores autorizados , lo que convierte el simple gesto de volcar escombros junto a un contenedor en una infracción con consecuencias legales y económicas de calado.
"Vamos a seguir reforzando la vigilancia para detectar, identificar y sancionar este tipo de conductas. La Policía Local está realizando un importante trabajo de control, pero la colaboración de nuestros vecinos y vecinas también es fundamental, como ha quedado demostrado en este caso" - Juan Antonio Sagredo, alcalde de Paterna
El precio de ensuciar lo de todos
El alcalde Juan Antonio Sagredo ha agradecido expresamente la implicación de la vecina que alertó de los hechos y aportó las imágenes decisivas, subrayando que cuidar el espacio público es una responsabilidad compartida. El mensaje del consistorio es claro: quien use la calle como vertedero particular, sea un vecino o una empresa, debe saber que las consecuencias existen y que el anonimato ya no está garantizado. En un entorno donde las cámaras de vigilancia se multiplican y los propios ciudadanos actúan como ojos del barrio, la posibilidad de pasar inadvertido se reduce con cada reforma y con cada móvil encendido en el momento oportuno.

