El Ayuntamiento de Paterna ha declarado la guerra a las palomas urbanas de La Canyada. No con venenos ni métodos agresivos, sino con una estrategia combinada de concienciación ciudadana, trampeo controlado y limpieza intensiva que arranca con una pregunta incómoda: ¿cuánta responsabilidad tienen los propios vecinos en el problema?
Una plaga que se alimenta de buenas intenciones
Dar de comer a las palomas puede parecer un gesto de ternura, pero tiene consecuencias directas sobre la salud pública y la convivencia urbana. La lógica es simple: más comida disponible significa más reproducción, y más reproducción significa más excrementos, más ruido y más riesgo sanitario. La proliferación de grandes poblaciones de palomas no es una mera molestia, sino un serio problema de salud pública debido a su papel como reservorio y diseminador de diversos agentes patógenos. Su elevada tasa de reproducción, adaptabilidad y comportamiento gregario las convierten en un vector significativo de riesgos para la salud pública y la integridad de las infraestructuras.
El problema no es exclusivo de Paterna. El control de las palomas urbanas supone uno de los retos principales de los gobiernos locales en España. Algunas especies se han adaptado al entorno urbano hasta tal punto que se han convertido en un problema en ciudades como Venecia, donde han tenido que tomar medidas porque la corrosión provocada por las deyecciones de este animal está deteriorando gravemente el patrimonio artístico y arquitectónico. Lo que ocurre en las plazas de La Canyada, en menor escala, responde al mismo fenómeno.
Se estima que el contacto directo con las palomas puede causar más de 40 tipos de enfermedades, entre las que destacan la salmonela, la criptococosis, la gripe aviar o la psitacosis. Y más allá de la salud, la acumulación de excrementos provoca un deterioro significativo en edificios, monumentos, vehículos y mobiliario urbano, ya que su composición ácida corroe materiales como la piedra, el metal y el hormigón, acelerando su degradación.
Qué ha puesto en marcha el consistorio
Bajo el lema "No alimentes a las palomas. Por su bien y por el de Paterna", la Concejalía de Sanidad, en coordinación con el área de Medio Ambiente, ha diseñado una respuesta en tres frentes: control de la población animal, mejora de la limpieza y sensibilización de la ciudadanía. La campaña se centra específicamente en la zona residencial de La Canyada, donde la concentración de estas aves ha generado mayores problemas de higiene en el espacio público.
En el plano operativo, el Ayuntamiento ha contratado a una empresa especializada en control de plagas y avifauna que ya ha comenzado a instalar jaulas trampa en distintos puntos estratégicos del barrio. Se trata de un sistema autorizado y regulado que permite gestionar de forma eficaz y controlada el exceso de ejemplares sin recurrir a métodos letales indiscriminados. De forma paralela, los servicios municipales han intensificado las tareas de limpieza en las zonas más castigadas por la acumulación de excrementos.
Para reforzar el mensaje, se ha instalado cartelería informativa en los enclaves con mayor presencia de palomas y mayor afluencia de personas:
- Plaza Puerta del Sol
- Estación de metro de La Canyada
- Parque de La Canyada (La Pinada)
- Zonas próximas a locales de hostelería con terraza
En todos estos puntos, los carteles recuerdan a vecinos y visitantes que depositar restos de comida en la vía pública no es un acto inocente.
La voz del responsable municipal
"Alimentar a las palomas favorece su reproducción descontrolada y puede generar problemas de higiene y convivencia en nuestros barrios" - Julio Fernández, concejal de Sanidad del Ayuntamiento de Paterna
"Estamos abordando esta situación desde una perspectiva integral, combinando medidas de control poblacional, limpieza y sensibilización ciudadana para garantizar espacios públicos más saludables y seguros" - Julio Fernández, concejal de Sanidad del Ayuntamiento de Paterna
El factor humano, clave del éxito
Para conseguir los objetivos perseguidos, es de vital importancia contar con la colaboración ciudadana, dado que la cooperación de todos es imprescindible para reducir o eliminar los factores de tipo ambiental que contribuyen a la proliferación excesiva de palomas, en esencia, la posibilidad de disponer de comida, agua y refugios. Ese principio, aplicado en grandes capitales como Madrid, es exactamente el que Paterna traslada ahora a La Canyada.
La iniciativa demuestra que el verdadero talón de Aquiles del control de las palomas urbanas no siempre está en las aves, sino en los hábitos de quienes conviven con ellas. Mientras haya vecinos que, con la mejor intención del mundo, sigan lanzando pan en los parques o dejando restos de comida en las terrazas, cualquier medida municipal tendrá un recorrido limitado. La campaña de Paterna, en ese sentido, apela a algo más difícil que instalar una jaula trampa: cambiar una costumbre arraigada. Y ese, quizás, es el reto más complicado de todos.


