Hay oficios que no se aprenden en ninguna escuela y que, sin embargo, se transmiten durante generaciones con la precisión de una ciencia exacta. El arte de la almadraba —la pesca del atún rojo mediante un laberinto de redes tendidas en el mar— lleva más de 3.000 años practicándose, y durante buena parte de ese tiempo los capitanes de Benidorm fueron sus maestros indiscutibles. Esa historia, épica en el sentido más literal, es la protagonista de la nueva exposición de L'ETNO, el Museu d'Etnologia de la Diputació de València, que abre sus puertas este miércoles en el centro cultural de la Beneficència.
Un oficio milenario, una ciudad de capitanes
La almadraba no es simplemente una técnica pesquera. Es un verdadero ritual que requiere una gran coordinación humana y profundo conocimiento del comportamiento marino. Consiste en colocar una estructura formada por barcos, boyas, redes y anclas, y cientos de metros de cableado, dispuestos estratégicamente en el mar para capturar el atún rojo durante su migración hacia el Mediterráneo. Una operación de semejante complejidad exigía un liderazgo excepcional. Y ese liderazgo, durante siglos, tuvo apellidos de Benidorm.
Casi todas las almadrabas caladas en el mar Mediterráneo desde el siglo XVIII hasta el XX se capitanearon por españoles de Benidorm, en Alicante, de donde se considera que son los mejores. Ya en 1795, las ocho almadrabas caladas de Tortosa a Cartagena estaban a cargo de capitanes de Benidorm y contaban con 150 matriculados de esta localidad. Lo que hoy es un destino turístico mundial fue antes, mucho antes, un semillero de marinos que dominaban el océano como pocos.
La almadraba de Benidorm cerró su actividad en 1955, cuando la disminución de las capturas, el aumento del coste de la mano de obra y de los materiales hicieron agonizar esta industria hasta su desaparición. No fue este el caso de los capitanes de almadraba salidos de Benidorm y sus marineros, que gozaban de gran fama como profesionales en este arte pesquero y fueron contratados para dirigir los calados más importantes de las costas españolas y del norte de África. El pueblo perdió la almadraba, pero no su reputación.
'La mar èpica': 135 imágenes desde las profundidades
La exposición, que podrá visitarse hasta el 13 de septiembre, lleva por título 'La mar èpica' y toma como base las fotografías de Jesús Navarro, valenciano de profesión submarinista y aficionado a la fotografía que fue uno de los buzos que trabajó en la almadraba sumergiéndose a 18 metros de profundidad para ayudar a los pescadores en el complejo arte de dominar el mar. Las 135 imágenes que integran la muestra son el testimonio visual de un mundo que muy pocos ojos han podido ver desde dentro.
Comisariada por Jaume Fuster, la propuesta de L'ETNO no se limita a las fotografías. Incluye también las cámaras acuáticas y las bombonas de oxígeno que Navarro utilizaba en su trabajo diario, junto a objetos como una ánfora cedida por el Museu de Prehistòria de la Diputació que ilustra la antigüedad del vínculo entre el Mediterráneo y la pesca del atún. La almadraba es una técnica que se remonta a tiempos fenicios y romanos, perfeccionada a lo largo de los siglos por diversas civilizaciones mediterráneas. El ánfora lo recuerda con elocuencia.
La muestra también se completa con cinco proyecciones audiovisuales: un documental sobre el último gran capitán benidormí, Vicente Zaragoza Casamayor; una película casera de los años sesenta grabada en súper ocho por el capitán Jacinto Vaello; una vista aérea captada desde helicópteros que explica el funcionamiento de cada instalación y su laberinto de redes; y las entrevistas al submarinista Juan Burriel y al propio Vaello, capitán de almadraba en Cádiz y Huelva.
El último gran capitán: 100.000 toneladas de leyenda
Si hay una figura que vertebra toda la exposición, esa es la de Vicente Zaragoza Casamayor, nacido en 1926 y fallecido a los 97 años, con el homenaje de Isla Cristina como último reconocimiento. Después de pasar por diversas almadrabas, dirigió la de Barbate desde 1974 hasta su jubilación, y se le atribuye la captura de 100.000 toneladas de atún rojo salvaje en aguas gaditanas. Una cifra que, pronunciada así, de golpe, exige un momento de pausa para ser comprendida.
El director de L'ETNO, Joan Seguí, enaltece la labor de estos almadravers "que dirigían a casi un centenar de marineros manejando el laberinto de redes caladas en el Atlántico sin ningún tipo de manual", y también la de los buzos que, con el tiempo, se sumaron a la almadraba para facilitarles el trabajo. La exposición recorre también la trayectoria de otros arraixos alicantinos, desde Tomás Cortés 'Chefa' hasta el 'Roig de Candelaria', José Zaragoza. El capitán Jacinto Vaello, cuyo entusiasmo por inmortalizar el oficio constituyó el germen de la muestra, también tiene un lugar central en el relato.
Una colaboración institucional que va más allá de la almadraba
La inauguración reunió a los presidentes de las diputaciones de Valencia y Alicante, Vicent Mompó y Toni Pérez, junto a los diputados de Cultura de ambas instituciones, Paco Teruel y Juan de Dios Navarro.
"Hoy reivindicamos la memoria colectiva de nuestra manera de ser, después de mucho tiempo hablando de lo que nos separa en lugar de hablar de lo que nos une" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
Por su parte, el presidente alicantino puso en valor la dimensión histórica del legado que la exposición rescata.
"La muestra recupera una parte imprescindible de la memoria colectiva de Benidorm y reivindica nuestras raíces y la identidad del municipio como cuna de grandes marineros" - Toni Pérez, presidente de la Diputació d'Alacant
La exposición se desarrolla en el marco de un convenio entre ambas diputaciones. Tras su paso por la Beneficència, 'La mar èpica' iniciará una itinerancia que la llevará al Ayuntamiento de Benidorm y, posteriormente, a la Diputació d'Alacant, que se encargará también de publicar el catálogo. La presentación de dicho catálogo está prevista en Benidorm, representada en el acto de apertura por su concejala de Cultura, Ana Pellicer. Los diputados de Cultura de ambas corporaciones han avanzado que la exposición será "el punto de partida de una estrecha colaboración" que irá más allá de la almadraba, con proyectos e iniciativas culturales compartidas entre dos instituciones de un mismo territorio.
La almadraba es un arte fijo que no daña el fondo marino, que hace una captura selectiva, que deja paso franco a los atunes jóvenes y que suma el esfuerzo y la dedicación de cientos de personas. Un oficio que, curiosamente, la modernidad ha ido olvidando justo cuando más necesita de sus lecciones de sostenibilidad. Que una exposición en pleno 2025 consiga hacer épico lo que fue cotidiano para generaciones de marineros de Benidorm dice mucho tanto del arte como de quienes lo ejercieron. La memoria, al menos esta vez, llega antes de que sea demasiado tarde.


