Casi noventa años después de que el Gobierno de la República lo construyera para defender la costa valenciana de los ataques aéreos y navales, el Búnker del Faro de Cullera tiene una segunda oportunidad. La Diputación de València ha financiado la segunda fase de restauración de este enclave histórico con una aportación de 106.000 euros, consolidando así una apuesta institucional por la memoria democrática que supera el millón de euros anuales en toda la provincia.
Un puesto de mando excavado en la roca
Para entender la importancia de lo que se ha recuperado, hay que viajar mentalmente al año 1938. Este conjunto defensivo fue construido por el Gobierno de la República tras su instalación en Valencia, como respuesta a los ataques aéreos y navales que sufría la costa mediterránea por parte de los aliados del bando sublevado, especialmente la aviación italiana de Mussolini concentrada en las Islas Baleares. El Cabo de Cullera, por su posición geográfica privilegiada, se convirtió en un nudo estratégico clave.
Una de las características más llamativas del búnker es que fue excavado directamente en la ladera de la montaña, aprovechando el desnivel natural del terreno. La construcción conserva una estrecha aspillera orientada hacia el mar, diseñada para facilitar las labores de observación y vigilancia sin comprometer la protección de los militares que permanecían en su interior. Desde ese punto, se podía controlar visualmente toda la franja litoral comprendida entre el Cabo de Cullera y Dénia. No era un simple refugio: era el cerebro de toda la defensa.
Desde este punto se transmitían las órdenes a las baterías encargadas de la defensa costera, por lo que el búnker no era únicamente un espacio de vigilancia. Su papel iba mucho más allá de la detección de posibles amenazas marítimas o aéreas. Este enclave constituía el auténtico centro de coordinación de la defensa costera de toda la zona, ya que garantizaba la comunicación y el funcionamiento conjunto de las diferentes instalaciones militares situadas en el entorno del Faro de Cullera.
Más de 100.000 euros para la segunda fase
La Diputación ya había respaldado al Ayuntamiento de Cullera en una primera intervención sobre la defensa antiaérea, localizada en el entorno del Cabo. Ahora, con los 106.000 euros de esta segunda fase, los trabajos han puesto el foco específicamente en el Búnker del Faro. Los trabajos desarrollados han incluido labores de investigación y control arqueológico, así como actuaciones de limpieza y desescombro. También se han consolidado distintos elementos constructivos y se han restaurado revestimientos y acabados originales, con el objetivo de preservar la identidad histórica de la construcción.
Durante las obras surgió también una modificación relevante: el consistorio consideró oportuno adaptar el acceso al conjunto, optando finalmente por una entrada desde la Calle Azahar que aprovecha un vial público y mejora las condiciones de llegada tanto para visitantes como para vehículos de mantenimiento y emergencia. Un cambio que la Diputación acompañó sin trabas.
"La inversión realizada en Cullera es un ejemplo de las ayudas que estamos prestando a nuestros pueblos y ciudades para impulsar políticas públicas de memoria, por encima de colores políticos o ideologías, con el único objetivo de recuperar espacios que nos ayudan a entender mejor la historia." - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputación de València
Enguix añadió que la memoria democrática es "una de las políticas prioritarias de la Diputación", respaldándolo con una cifra significativa: la institución destina más de un millón de euros anuales a actuaciones de carácter divulgativo en este ámbito, lo que la convierte, según sus propias palabras, en la institución provincial que más recursos dedica a este fin.
El alcalde: "Sin la Diputación, sería muy complicado"
El alcalde de Cullera, Jordi Mayor, no ocultó la dependencia real que tienen los municipios pequeños y medianos ante este tipo de proyectos patrimoniales. En sus palabras, recuperar este tipo de legado histórico "sería muy complicado" sin el apoyo de la corporación provincial. Con la recuperación de estos enclaves, el Ayuntamiento de Cullera refuerza su apuesta por la conservación del patrimonio histórico vinculado a la memoria democrática y consolida un itinerario cultural que permite comprender mejor el pasado reciente del municipio y transmitirlo a las generaciones futuras.
Además de la restauración del búnker, la Diputación subvencionará las segundas jornadas de Memoria Histórica que organiza el propio ayuntamiento, sumando así la dimensión divulgativa a la puramente constructiva.
Un patrimonio que pronto se podrá visitar
El Ayuntamiento trabaja ahora para hacer posible la musealización del búnker, una intervención que permitirá explicar la historia local vinculada a esta construcción defensiva y convertir el espacio en un recurso patrimonial visitable. La finalidad es recuperar la memoria de este enclave y facilitar que vecinos y visitantes puedan comprender el papel que desempeñó durante la Guerra Civil.
La recuperación del refugio del Cabo del Faro se suma a la del otro gran refugio de la Guerra Civil conservado en Cullera: el refugio antiaéreo situado bajo los Jardines del Mercado, en la plaza de la Virgen. Fue uno de los cuatro refugios construidos en la ciudad durante la Guerra Civil ante la amenaza constante de los bombardeos que sufrían poblaciones vecinas y que también alcanzaron Cullera. Juntos, estos espacios están construyendo un itinerario de memoria que convierte al municipio en algo más que un destino de sol y playa.
Cullera lleva años demostrando que el turismo y la memoria histórica no son compartimentos estancos. El Cabo de Cullera, con sus vistas al Mediterráneo y sus estructuras de hormigón armado excavadas en la roca, es ahora también un lugar donde la historia se puede tocar, recorrer y entender. Que un puesto de mando militar de 1938 esté a punto de abrir sus puertas al público no es solo una noticia de patrimonio: es un recordatorio de que lo que no se conserva, desaparece, y con ello, una parte de lo que somos.


