Hay amenazas que no hacen ruido. Mientras los visitantes recorren los senderos que rodean el Castillo de Sagunto o se acercan a la ermita de San Cristòfol, una plaga de insectos perforadores ha ido debilitando en silencio el pinar que da carácter y vida a estos entornos. El Ayuntamiento ha activado ya los trabajos de retirada del arbolado muerto o dañado en casi 24 hectáreas de terreno municipal, una intervención urgente que busca frenar el avance de los escolítidos antes de que la masa forestal quede irreversiblemente comprometida.
Una plaga que se ceba con los árboles débiles
El protagonista involuntario de esta crisis es el Tomicus destruens, conocido popularmente como el barrenillo de los brotes del pino. Se trata de una especie primaria o agresiva, ampliamente distribuida por las masas de pinar , y especialmente presente en el arco mediterráneo. El género Tomicus tiene en España tres representantes de interés forestal —T. destruens, T. minor y T. piniperda—, y Tomicus destruens predomina precisamente en zonas como Levante y Baleares. No es casualidad que Sagunto, con su clima mediterráneo y su pinar envejecido, se encuentre en el punto de mira.
El problema no es exclusivo de este municipio. Los escolítidos —fundamentalmente de los géneros Tomicus, Ips y Orthotomicus— son los agentes más importantes causantes de mortandad directa en los pinares mediterráneos. Y actúan con especial virulencia cuando los árboles ya están en mal estado: la edad avanzada de los ejemplares, las sequías prolongadas y la influencia marina han creado en Sagunto las condiciones perfectas para que la plaga prospere. Los árboles con más riesgo de ataque son los situados en suelos pobres, de escasas precipitaciones y con exceso de pies por hectárea; también se han detectado ataques frecuentes en árboles muy viejos, de más de 80 años, posiblemente ligados a la senescencia.
Casi 24 hectáreas intervenidas en tres zonas clave
Los trabajos han arrancado por el entorno de la ermita de San Cristòfol y, en una segunda fase, se extenderán a las laderas del Castillo, incluyendo parcelas de titularidad del Ministerio de Economía. En total, la actuación abarca 23,88 hectáreas repartidas en tres ámbitos principales, todos ellos de alto valor ambiental, cultural y patrimonial. El Ayuntamiento ha adjudicado el proyecto a la empresa Franber Natura SL por un importe de 46.464 euros, IVA incluido, con un plazo de ejecución de cuatro semanas.
Hay un matiz logístico que merece atención: los trabajos se realizan únicamente de lunes a jueves, respetando las restricciones derivadas de la campaña de prevención de incendios forestales. De hecho, la intervención no pudo iniciarse antes porque la maquinaria necesaria habría incrementado el riesgo de incendio en época de altas temperaturas. Una paradoja incómoda: los árboles muertos acumulan combustible vegetal seco, pero retirarlos con maquinaria pesada durante el verano podía provocar precisamente el fuego que se quiere evitar.
La madera retirada no se desperdicia
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el destino que se dará a la madera extraída. Los troncos no serán simplemente triturados o eliminados, sino que se utilizarán para construir márgenes —también llamados albarradas—, estructuras tradicionales que frenan la erosión del suelo en terrenos con pendiente. Es una solución que conecta la gestión forestal moderna con técnicas de origen ancestral, muy arraigadas en la agricultura y la silvicultura mediterráneas.
El proceso de intervención incluye también la separación de la copa, las ramas finas y el fuste principal de cada árbol retirado, lo que permite dar un tratamiento diferenciado a cada tipo de resto vegetal. Además, se instalarán cajas nido para favorecer la presencia de aves insectívoras, que actuarán como aliadas naturales en el control biológico de la plaga a largo plazo. Los escolítidos en ocasiones llevan hongos asociados que pueden dar lugar al azulado de la madera , por lo que la gestión rápida y diferenciada de los restos cobra aún más importancia para evitar que la infección se extienda.
Seguridad, paisaje y resiliencia forestal
Más allá de combatir la plaga, la actuación persigue varios objetivos simultáneos que afectan directamente a quienes pasean, hacen senderismo o simplemente contemplan el perfil histórico de Sagunto desde la distancia. Reducir el riesgo de caída de ejemplares muertos sobre senderos y zonas de uso público es una de las prioridades más inmediatas, pero la intervención también busca mejorar la estructura general del pinar, dotarlo de mayor estabilidad y preservar la calidad visual de un paisaje que forma parte de la identidad de la ciudad.
El Castillo de Sagunto es uno de los conjuntos monumentales más relevantes de la Comunitat Valenciana, con una historia que se remonta a la época ibérica y romana. Que el pinar que lo rodea pueda seguir cumpliendo su función estética, ecológica y protectora no es un asunto menor: es parte del patrimonio vivo de un municipio que lleva siglos construyendo su imagen sobre esa colina. La lucha contra los escolítidos es, en ese sentido, también una forma de cuidar la memoria del lugar.


