El verano castiga a quienes no pueden refugiarse en una oficina. Mientras millones de personas buscan el alivio del aire acondicionado, hay trabajadores que barren calles, podan jardines o recogen residuos bajo un sol que puede alcanzar temperaturas peligrosas. Para proteger a esas personas, la Sociedad Anónima de Gestión (SAG) de Sagunto ha puesto en marcha una de las iniciativas de prevención laboral más ambiciosas entre las empresas públicas valencianas: el reparto de cerca de 460 pulseras preventivas contra el golpe de calor a toda su plantilla. La operación implica una inversión aproximada de 18.000 euros.
Un dispositivo en la muñeca que puede salvar una vida
Las pulseras de monitorización térmica son una tecnología relativamente reciente que está ganando terreno en municipios de toda España. Estos dispositivos, colocados en la muñeca, monitorizan de forma continua la temperatura corporal del trabajador y, cuando detectan que se supera el umbral de seguridad establecido, activan una alerta mediante vibración, señal acústica e indicador luminoso para advertir del posible riesgo de hipertermia. No se trata, por tanto, de un simple accesorio: el objetivo no es sustituir las medidas tradicionales de prevención, sino añadir una herramienta de vigilancia que permita advertir al propio trabajador cuando los parámetros monitorizados indiquen una posible situación de riesgo.
Las previsiones para 2026 alertan sobre olas de calor más intensas y frecuentes, con temperaturas récord que pondrán en riesgo a miles de trabajadores, y sin una detección temprana, un golpe de calor puede tener consecuencias graves para su salud. El contexto no es baladí: según datos del Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Sanidad, solo en una semana de julio de 2022 fallecieron en España 510 personas a causa de una ola de calor. Los trabajadores al aire libre son siempre los más vulnerables.
Primero, quienes más lo necesitan
La distribución no se ha hecho de golpe ni por orden alfabético. La SAG ha aplicado criterios de exposición real al calor para escalonar la entrega. En una primera fase, los dispositivos llegan al personal de playas, limpieza viaria, mercados, brigadas, grúas, señalización, cambio de papeleras y taller: los trabajadores que pasan más horas bajo el sol directo y en condiciones de mayor estrés térmico.
Una segunda fase completará la cobertura con los conductores del servicio de aseo urbano y el personal de limpieza de edificios públicos, mantenimiento de colegios y cementerios. Y aquí aparece un matiz revelador: incluso los conductores, que pasan buena parte de su jornada dentro de vehículos climatizados, recibirán la pulsera. La empresa pública ha optado por un criterio homogéneo que no deje a nadie fuera, un gesto que dice mucho sobre la filosofía detrás de la iniciativa.
Más que una pulsera: formación y sensibilización
El reparto de dispositivos no llega solo. La SAG ha acompañado la medida con charlas informativas en las que se explican las principales pautas de prevención ante las altas temperaturas y los protocolos de actuación si se produce una situación de riesgo. Además, se están distribuyendo guías prácticas entre la plantilla para reforzar esa cultura preventiva más allá del momento formativo.
La protección de las plantillas que realizan trabajos al aire libre durante la temporada estival ha llevado a un número creciente de ayuntamientos y empresas de servicios a incorporar dispositivos de monitorización térmica. Sagunto se une así a una corriente que ya se ha visto en Motril o Alcalá de Henares, donde iniciativas similares han comenzado a normalizarse como parte del protocolo de verano. Lo que hace años era una excepción empieza a convertirse en estándar.
Que una empresa pública dedique 18.000 euros a proteger a sus trabajadores del calor no es solo una decisión de gestión: es también un recordatorio de que las condiciones laborales en el exterior siguen siendo uno de los grandes retos pendientes de la prevención de riesgos en España. Las pulseras de Sagunto no resolverán ese problema por sí solas, pero son una respuesta concreta y tangible a un peligro que, verano tras verano, sigue cobrándose vidas.


