Un desprendimiento de rocas no suele aparecer en los titulares hasta que ya es demasiado tarde. En Sumacàrcer, un pequeño municipio de poco más de mil habitantes encaramado a la ladera del río Júcar, en la comarca valenciana de la Ribera Alta, la amenaza llegó antes de que ocurriera algo grave: piedras desprendiéndose ladera abajo, golpeando el muro y el vallado perimetral del depósito municipal de agua potable. Ahora, la Diputació de València actúa para que no vuelva a pasar.
Un talud que perdió la batalla contra la erosión
El problema no es nuevo ni puntual. El terreno situado junto al depósito de agua potable ha ido perdiendo estabilidad de forma progresiva por efecto de la erosión, un proceso silencioso que, con el tiempo, convierte una ladera aparentemente firme en una fuente de riesgo real. La erosión superficial fue aflojando los materiales rocosos hasta que algunos de ellos terminaron cayendo sobre la instalación, llegando a dañar tanto el muro como el vallado que la rodea.
La geografía del municipio no ayuda. Sumacàrcer se sitúa en la orilla derecha del río Júcar, y su relieve se presenta bastante accidentado por los últimos escalones del enorme macizo cretácico de la muela del Caroig. Un entorno de gran valor natural, sí, pero también con la inestabilidad geológica que acompaña a terrenos de esta naturaleza.
La intervención: de la retirada de rocas a las mallas de acero
La Diputació de València, a través de la unidad de Riesgos Geológicos y Espacios Degradados del Servicio de Medio Ambiente, ha puesto en marcha una intervención que va mucho más allá de retirar piedras sueltas. Los trabajos comienzan precisamente por ahí: personal especializado en trabajos en altura se encargará de sanear el talud, eliminando uno a uno los elementos rocosos inestables que aún suponen un peligro. Después vendrá la limpieza del material acumulado y la reparación del muro y el vallado ya dañados.
Pero la pieza clave de la actuación es la que garantizará que esto no vuelva a ocurrir: la instalación de 350 metros cuadrados de malla de acero de triple torsión combinada con malla antierosión de polipropileno. Dos capas de protección que actuarán de forma complementaria: la primera, para retener los materiales que pudieran desprenderse; la segunda, para frenar la erosión superficial que fue el origen del problema. Las mallas quedarán fijadas al terreno mediante anclajes de entre uno y tres metros de profundidad, reforzados con cables de acero.
"Esta intervención responde a la necesidad de actuar sobre un talud en el que ya se han producido desprendimientos que han afectado al cerramiento del depósito municipal de agua potable" - Avelino Mascarell, diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València
37.268 euros para proteger el suministro de agua de un pueblo
El presupuesto total de la actuación asciende a 37.268 euros, una cifra que, puesta en perspectiva, resulta modesta si se compara con el coste que tendría un desprendimiento de mayor envergadura sobre una infraestructura de suministro básico. Los trabajos están previstos para quedar completamente ejecutados a principios del mes de noviembre.
La actuación recuerda que la gestión del riesgo geológico no es una cuestión abstracta reservada a los manuales técnicos: a veces, se trata simplemente de asegurarse de que el agua potable de un pueblo sigue llegando con normalidad a los grifos de sus vecinos. En Sumacàrcer, unas mallas de acero serán la diferencia entre la tranquilidad y el problema.


