Paterna corona su mejor bocata: 35 bares, 8 euros el almuerzo y una cartilla para vivir el esmorzaret como mandan los cánones

La cuarta edición de la ruta 'Sóc professional de l'esmorzaret' arranca en Paterna con 35 bares, premios y tazas coleccionables.

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Nueva edición de "Sóc professional de l'esmorzaret"
Nueva edición de "Sóc professional de l'esmorzaret"
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Hay rituales que definen una cultura más que cualquier monumento. El esmorzaret valenciano es uno de ellos: un almuerzo de media mañana que nació entre los labradores de L'Horta, cruzó las puertas de las fábricas del siglo XX y hoy se practica por igual en barrios obreros y despachos de abogados. Paterna, ciudad de raíces hortolanas al noroeste de Valencia, lo sabe bien. Y lo celebra con una ruta gastronómica que ya va por su cuarta edición.

35 bares, un bocata y ocho euros

El Ayuntamiento de Paterna, a través de la Concejalía de Comercio, ha puesto en marcha la cuarta edición de "Sóc professional de l'esmorzaret", una iniciativa que reúne a 35 establecimientos locales en torno a la tradición del almuerzo valenciano. Desde el 10 de octubre y hasta el 29 de noviembre, cada uno de estos bares ofrece su bocadillo de concurso por un precio cerrado de ocho euros, que incluye bebida, café y el acompañamiento clásico de cacahuetes y olivas, ese pequeño ritual conocido popularmente como el gasto.

Como tantas otras tradiciones gastronómicas, el origen del esmorzaret está en el campo. Fue en L'Horta donde los labradores paraban para descansar de su duro trabajo y almorzaban en los locales más cercanos. Con la industrialización del siglo XX, la tradición viajó de la huerta a la fábrica, y los bares de los barrios se convirtieron en el nuevo escenario del esmorzaret. Hoy, esa misma costumbre centenaria es el hilo conductor de una campaña que quiere recordar por qué vale la pena salir a la calle a media mañana.

Una cartilla, cuatro sellos y un voto

Participar es sencillo, aunque requiere moverse. Los interesados deben recoger una cartilla en cualquiera de los 35 bares adheridos, completarla con los sellos de al menos cuatro establecimientos distintos y entregarla en la Oficina de Turismo de Paterna antes del 3 de diciembre. Con ese trámite, además de emitir su voto para elegir el mejor bocata de la ciudad, entran en el sorteo de tres cestas de Navidad valoradas en más de 500 euros.

Pero la cartilla no solo da derecho a votar. Quienes la completen podrán llevarse una de las tazas coleccionables de la campaña, que este año estrena cinco modelos de distintos colores. Los más entusiastas pueden rellenar nuevas cartillas para completar la colección, aunque el voto —ese que decidirá qué bocadillo se lleva el título— sigue siendo uno por persona, sin excepción.

"Esta ruta invita a compartir una tradición tan nuestra como el esmorzaret, al mismo tiempo que apoyamos a los profesionales de la hostelería de Paterna y damos a conocerlos más allá de nuestra ciudad" - Lucas Jodar, concejal de Comercio del Ayuntamiento de Paterna

Una novedad que se ve hasta en la mesa

Este año la campaña llega con una incorporación discreta pero significativa: el Ayuntamiento ha distribuido entre los bares participantes manteles individuales con la imagen de la iniciativa. Un detalle menor en apariencia, pero que convierte cada almuerzo en un pequeño escaparate de la ruta. Si hay una tradición que define la gastronomía valenciana más allá de la paella, es el esmorzaret: no es un simple tentempié a media mañana, sino un auténtico ritual social y gastronómico que une a trabajadores, amigos y familias en torno a una buena mesa. Que ese ritual tenga ahora su propia campaña municipal dice mucho del lugar que ocupa en la identidad de los pueblos del entorno de Valencia.

"Con esta campaña seguimos dando visibilidad a nuestros bares y a sus propuestas, animando a vecinos y visitantes a recorrer los barrios y disfrutar de una hostelería que aporta cercanía, calidad y vida a nuestra ciudad" - Lucas Jodar, concejal de Comercio del Ayuntamiento de Paterna

Más que un concurso de bocatas

Hoy, el esmorzaret ha cruzado todas las fronteras de clase. Lo practican por igual los albañiles de obra, los abogados de centro, los estudiantes y los turistas que descubren Valencia. Es, quizá, el único ritual gastronómico verdaderamente transversal de la cultura valenciana. En ese contexto, la ruta de Paterna no es solo un concurso de bocadillos: es una excusa para salir del barrio propio, sentarse en un taburete desconocido y descubrir que a tres calles de casa alguien lleva años haciendo un almuerzo que merece la pena. A veces, las mejores rutas gastronómicas empiezan a ocho euros y terminan con una taza de recuerdo en la mano.