Un desprendimiento que llegó a invadir la zona donde acampan los visitantes, una ladera sin sanear y dos bloques rocosos en equilibrio precario. Así estaba el Rincón de la Olivera de Titaguas hasta que la Diputació de València ha puesto en marcha las obras para devolverle la seguridad. La intervención, presupuestada en 46.883 euros, busca estabilizar 624 metros cuadrados de ladera mediante una malla de acero anclada al terreno, y tiene un plazo de ejecución de tres meses.
Un año y medio de espera desde que la ladera cedió
El desprendimiento se produjo hace aproximadamente un año y medio, y parte del material alcanzó la plataforma destinada a los campistas. No fue un suceso menor: el área recreativa dispone de tres parcelas y una de ellas quedó directamente afectada por los escombros. El alcalde de Titaguas, Ramiro Rivera, ha señalado que el episodio estuvo relacionado con la DANA, aunque el desprendimiento se produjera tiempo después. Un detalle que no es anecdótico: los efectos de una tormenta de alta intensidad no siempre se manifiestan de forma inmediata. La saturación del suelo, el debilitamiento de las raíces y la erosión acumulada pueden actuar como un temporizador silencioso en la roca.
La unidad de Riesgos Geológicos y Espacios Degradados del Servicio de Medio Ambiente de la Diputació es la responsable de ejecutar los trabajos. Su función es precisamente esa: detectar, evaluar y actuar allí donde el terreno representa un peligro real para las personas.
Qué se va a hacer exactamente en la ladera
La obra sigue una lógica de intervención ordenada por fases. Los trabajos contemplan el saneamiento y desbroce del terreno, la demolición de dos bloques rocosos inestables y la retirada del material desprendido. Posteriormente, se instalarán 624 metros cuadrados de malla de acero de triple torsión. Esta malla irá anclada y adosada al talud mediante bulones de dos metros de profundidad y reforzada con cable de acero. Piénsese en algo parecido a una red de contención gigante, cosida literalmente a la montaña para que no ceda ante futuras lluvias o movimientos del terreno.
El coste total asciende a 46.883 euros y el plazo de ejecución es de tres meses. Una intervención que, sobre el papel, parece modesta en cifras, pero que puede marcar la diferencia entre mantener abierta una zona recreativa de referencia o perderla para el uso público durante años.
"Permitirá sanear la ladera y asegurarla con un refuerzo de acero para garantizar la seguridad" - Avelino Mascarell, diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València
El valor del enclave: una Reserva de la Biosfera de la UNESCO
El Rincón de la Olivera no es una zona de acampada cualquiera. Se encuentra en el corazón de la Reserva de la Biosfera del Alto Turia, reconocida por la UNESCO en 2019 , la primera Reserva de la Biosfera de la Comunitat Valenciana. El Alto Turia protege más de 67.000 hectáreas de territorio en torno al curso alto y medio del río Turia. Un sello de protección internacional que convierte cada actuación en este territorio en algo más que una obra de mantenimiento: es una decisión de conservación.
La reserva abarca los municipios de Aras de los Olmos, Benagéber, Casas Bajas, Chelva, Titaguas, Tuéjar y Santa Cruz de Moya, unidos bajo un compromiso común: la conservación del patrimonio natural y cultural, y la promoción del turismo sostenible. Titaguas, con su zona de acampada, es uno de los puntos de entrada más frecuentados para quienes buscan desconectar en un entorno protegido.
"Estamos hablando de una zona de acampada que se encuentra en la Reserva de la Biosfera del Alto Turia, de una gran riqueza natural, que hemos de conservar para el disfrute de la ciudadanía" - Avelino Mascarell, diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València
El turismo rural, en juego
El alcalde de Titaguas, Ramiro Rivera, no esconde el trasfondo económico de la intervención. Para un municipio pequeño de interior, una zona de acampada bien mantenida y segura no es un lujo, es una fuente de visitantes y, con ellos, de actividad para el pueblo.
"Es muy importante porque la zona de acampada atrae turismo al pueblo, además está funcionando muy bien con la gestión de la empresa concesionaria" - Ramiro Rivera, alcalde de Titaguas
La colaboración entre el ayuntamiento y la Diputació resulta clave en este tipo de actuaciones. Son los municipios los que, sobre el terreno, detectan los problemas y trasladan la necesidad a los técnicos provinciales, quienes diseñan y programan la intervención. Un engranaje que, en este caso, ha tardado año y medio en activarse del todo, pero que ahora avanza con obras ya iniciadas y un calendario de tres meses para devolver al Rincón de la Olivera toda su capacidad de acogida. En un territorio donde la naturaleza es el principal activo, mantenerla segura y accesible no es solo una obligación institucional: es también la mejor inversión turística posible.


